El Foro Económico Mundial, que se ha celebrado en Davos, presentó el pasado mes de diciembre un informe que busca preparar a las empresas para adaptarse a la economía global en el horizonte de 2030. Es un documento que Innobasque, la Agencia Vasca de Innovación, ha utilizado para abrir un debate entre las empresas vascas, que no pueden dejar de mirar lo que ocurre fuera en un contexto de globalización económica y crecimiento entrelazado también con cuestiones ajenas al ámbito comercial que suceden a miles de kilómetros, lejos del más mínimo control.
Para ello se plantean cuatro escenarios, Cuatro futuros para una nueva economía. “El documento explora dos vectores clave de transformación: por un lado, el contexto geopolítico, que puede ir desde la estabilidad y la cooperación hasta la fragmentación y el conflicto; por el otro, el ritmo de adopción tecnológica, que puede ser rápido y generalizado, o lento y desigual. A partir de esta combinación, surgen escenarios alternativos con implicaciones muy distintas para empresas, gobiernos y ciudadanos”, explica Innobasque.
El primer escenario es un Orden digitalizado: estabilidad global con tecnología a toda velocidad. Ese marco estaría ligado a una tregua estratégica entre grandes potencias, como EE. UU. y China, que estabiliza el comercio global. La adopción rápida y masiva de tecnologías como la inteligencia artificial, la conectividad avanzada y la automatización genera crecimiento económico, aunque también crea tensiones internas por la desigualdad y la polarización laboral. La inversión extranjera directa en economía digital supera los 122.000 millones de dólares anuales y se consolidan nuevas reglas globales sobre datos y competencia, apostilla la Agencia Vasca de Innovación.
El segundo futuro es la Estabilidad Cauta: paz geopolítica, pero sin revolución tecnológica. Aquí se asume un mundo “más predecible tras la desescalada de conflictos, pero en el que las tecnologías emergentes no alcanzan el impacto esperado”. Se limita su adopción a sectores muy específicos, y muchas inversiones no dan los frutos esperados. El crecimiento económico es bajo, las cadenas de suministro se reorganizan sin dinamismo y la desigualdad entre países tecnológicos y rezagados se amplía.
“Supervivencia tecnológica”
Tercer supuesto: Supervivencia Tecnológica: avances rápidos en un mundo inestable. En este escenario, la volatilidad geopolítica se combina con una fuerte adopción tecnológica, aunque dentro de bloques regionales cerrados. Las empresas digitalizan sus operaciones como respuesta a la inestabilidad, pero enfrentan riesgos como la ciberseguridad, la fragmentación normativa y la escasez de talento. “Las grandes corporaciones, con recursos y capacidades técnicas, logran adaptarse mejor, mientras que muchas pymes se quedan rezagadas”.
Y por último está el futuro de Esferas Geotecnológicas: fragmentación global y desilusión tecnológica. “El más adverso de los cuatro escenarios, donde la rivalidad entre potencias se intensifica con conflictos recurrentes y crisis energéticas”, afirma Innobasque. En ese contexto, la adopción tecnológica se frena y se limita a sectores estratégicos, mientras las empresas se enfrentan a mercados nacionales más cerrados, inflación alta y escasez de talento. Las políticas proteccionistas benefician a ciertas industrias clave, pero generan un entorno de bajo crecimiento y escasa innovación.
“Prepararse para múltiples futuros no es opcional: la resiliencia estratégica será la ventaja competitiva del 2030”, añade Innobasque. Y basta con echarle un ojo al calendario para ver que se trata de un futuro inmediato al que solo se puede llegar con el depósito del gasto en I+D lleno.
Tecnología profunda
1.00.000 nuevos empleos. Europa se encuentra ante una “oportunidad estratégica” para redefinir su papel en la economía global a través del impulso a las empresas de tecnología profunda (deep tech), explica Innobasque. Según el reciente informe ‘El motor de la tecnología profunda podría impulsar un crecimiento económico de un billón de dólares’, publicado por McKinsey en octubre de 2025, si los actores del ecosistema europeo –empresas emergentes, gobiernos, inversores e instituciones científicas– logran superar las barreras estructurales actuales, el continente podría generar hasta 850.500 millones de euros en valor empresarial y un millón de nuevos empleos antes de 2030. “Una cifra ambiciosa que pone de manifiesto el potencial económico y geopolítico de esta apuesta”, apunta el Observatorio Vasco de la Innovación.
Innovación
industria y ciencia. La tecnología profunda se define por la combinación de avances científicos significativos con una fuerte intensidad en I+D, equipos altamente cualificados y una elevada demanda de capital especializado. Engloba áreas como la computación cuántica, la inteligencia artificial explicable, la robótica avanzada, la biotecnología, la energía nuclear de nueva generación o la nanotecnología. No se trata de productos digitales convencionales, sino de innovaciones que requieren años de desarrollo y una estrecha colaboración entre ciencia, industria y capital.