“Aún haciendo a un lado la inestabilidad debida a la especulación, hay otra inestabilidad que resulta de las características de la naturaleza humana: que gran parte de nuestras actividades positivas dependen más del optimismo espontáneo que de una expectativa matemática, ya sea moral, hedonista o económica”. La frase es de John Maynard Keynes, uno de los padres de la economía moderna, que en 1936 actualizó el concepto de spiriti animali –las fuerzas internas o carga vital que mueve a las personas a la hora de tomar decisiones– para explicar el comportamiento humano en el ámbito de la economía.
Es una cuestión que hoy tiene un papel relevante en la elaboración de las previsiones económicas; la confianza del consumidor, que además se cruza con otra variable, las expectativas de las empresas, que no deja de ser un termómetro que mide la confianza de las compañías.
Si en estos momentos se confrontan esas dos inestabilidades de las que hablaba Keynes, la especulación –que hoy se puede atribuir al rotulador de trazo grueso con el que Donald Trump firma sus decretos, a los conflictos bélicos a las puertas de Europa o a la desaceleración de las grandes locomotoras del euro– y el optimismo de hogares y empresas, el ecuación arroja un resultado positivo. Las previsiones apuntan a crecimiento económico, incremento de empleo, dinamismo en el consumo interno, nuevo récord de recaudación... Bizkaia afronta un 2026 con un viento a favor que le permitirá mantener la velocidad de crucero que alcanzó tras dejar atrás las turbulencias de la pandemia. De modo que las empresas podrán atender uno de sus grandes retos, mejorar la competitividad, o continuar avanzando en el camino de la descarbonización de su actividad productiva.
Expectativas de inversión
De ahí que uno de los apuntes más interesantes del informe presentado hace unas semanas por la Cámara de Comercio sea el de la inversión. En un contexto de estabilidad en todos los frentes evaluados, cinco de cada diez compañías vizcainas prevén mantener el actual ritmo de gasto y algo más de un 20% afirma que el año pasado aceleraron en sus procesos de inversión. Son porcentajes similares a los de la encuesta presentada a principios de 2025, lo que pone de manifiesto una continuidad en la materia fruto del clima favorable general en el que se mueven las sociedades mercantiles.
Según los últimos datos de Eustat disponibles, Bizkaia registró en 2024 un gasto en Innovación y Desarrollo de 969,4 millones de euros. Esos fondos equivalen al 2% del PIB vizcaino, en línea con el dato medio de la Unión Europea (2,2%) y por encima del Estado español (1,49%).
La aceleración es esta materia es constante tras la pandemia. Antes del covid la cifra aumentaba a un ritmo medio de 20 millones anuales pero cayó en 2020 hasta los nueve millones. Desde entonces, la media anual es de 67 millones, con un pico máximo en 2023 de 92 millones de euros. A la espera de conocer el balance del pasado, todo apunta a que Bizkaia ya ha superado la barrera de los mil millones en gasto anual en I+D.
Por territorios
En 2024, el 45,9% del gasto total en I+D interna de la Comunidad Autónoma vasca se llevó a cabo en Bizkaia (casi 970 millones de euros), el 42,4% en Gipuzkoa (895,6 millones) y el 11,8% en Araba (249,2 millones).
También hay diferencias en cuanto a los sectores que ejecutan el gasto. Cuando se trata del ámbito empresarial es Gipuzkoa el que más gasto ejecuta, 720,6 millones de euros, debido al peso de la máquina-herramienta y el mundo cooperativo en su economía.
Después se sitúa Bizkaia, con 708,4 millones, y Araba está mucho más lejos, con 188,2 millones. En cambio, en los sectores de Administración Pública y Enseñanza Superior, Bizkaia lidera el gasto con 78,4 y 186,2 millones de euros frente a los 46 y 129 millones, respectivamente, de Gipuzkoa. En Araba, por su parte, el sector Administración Pública realizó un gasto en I+D de 19,4 millones y el de Enseñanza Superior, de 41,6 millones de euros.
Alta innovación
Según explicó Innobasque, la Agencia Vasca de la Innovación, en su último informe, Bizkaia, como el conjunto de la CAV, forma parte del grupo europeo de alta innovación y la Comisión considera que es un “polo de excelencia” por ser una región de fuerte gasto en I+D dentro de un Estado de innovación moderada. Una circunstancia que solo sucede en 11 regiones a nivel comunitario.
Pero el crecimiento económico es parecido a un baile. Después de un paso llega otro y así sucesivamente. Es difícil en este caso fijar un orden: el buen momento de las empresas les permite contratar personal, el incremento del empleo alimenta el consumo y las arcas de Hacienda, la Administración cuenta con más recursos para estimular la actividad productiva y atender las necesidades de los ciudadanos, las empresas venden más... No hay forma de saber dónde empieza el círculo, pero en el caso de Bizkaia está girando con la precisión de un reloj suizo.
Récord de recaudación
Por seguir un orden, la Hacienda vizcaina batió el año pasado su récord de recaudación y superó por primera vez los 10.000 millones de euros de ingresos. Rompió ese techo ya en noviembre y en diciembre, que cuenta siempre con el estímulo de la Navidad en las compras y en las retenciones de los trabajadores por la paga extraordinaria, situándolo en 10.442 millones. La previsión de este año apunta a alcanzar los 10.891 millones, un 5% más, lo que supondría duplicar el dato de estimación de repunte del PIB. Aquí entra en juego el récord de empleo alcanzado el año pasado con casi 520.000 afiliados a la Seguridad Social. Y las previsiones de Confebask para el conjunto de Euskadi apuntan a que este 2026 se rozarán los 525.000 empleos.
Más dinero en circulación, más consumo y más ingresos fiscales. Una circunstancia que coincide además con una dinámica de ajuste de precios. Las previsiones de la Cámara de Comercio de Bilbao apuntan a una inflación de en torno al 2%, frente al 3% del curso anterior. De modo que los hogares vizcainos ganarán en general poder adquisitivo, ya que en circunstancias habituales, sin tensiones como la que generó el covid, los salarios crecen anualmente algo más de un 2%.
Y como último apunte en un cuadro que tiene más pinceladas: el comercio exterior, donde se nota el efecto de las políticas arancelarias de Trump y la ralentización de la economía del euro. Por segundo año consecutivo, las exportaciones vizcainas bajaron el año pasado y se situaron en niveles de 2021. Las importaciones incluso cayeron más, pero hay una base sólida para un rebote si el contexto internacional mejora levemente.