Lágrimas y abrazos de los costaba despegarse. Así ha sido la despedida de los niños y niñas ucranianos que este martes han emprendido el viaje de regreso a su país después de pasar las Navidades con familias de acogida en Euskadi a través de la asociación Chernobyl Elkartea. La salida se ha producido en autobús desde Arrigorriaga, donde las familias se han reunido para decir adiós, con la promesa de volver a reencontrarse pronto.

Entre ellas estaban Estíbaliz e Iván, que este año se han estrenado como familia de acogida con Sofía, una niña de ocho años. “Al principio fue un poco drama, echaba mucho de menos a su madre, lloraba, no quería comer y a todo decía que no”, recuerda Estíbaliz. “Pero poco a poco se fue adaptando, y nosotros a ella. En un mes ya hablaba castellano súper bien”, señala mientras recibe un caluroso y espontáneo abrazo de Sofía.

Llegó sin saber apenas una palabra en español y hoy se despide comunicándose con total naturalidad. “Es muy buena, muy obediente, entiende todo a la primera. No podemos decir más que cosas buenas de ella”, explica Iván emocionado.

La pareja se animó a participar tras ver un anuncio de acogida y ahora ya piensan en el reencuentro. “Para nosotros es una más de la familia. Queremos que vuelva en verano”, aseguran sin poder evitar emocionarse.

Quienes tampoco pueden evitar la pena de verles partir es la familia de María, una niña de 10 años que lleva ya cuatro Navidades viniendo a Euskadi. Su amama de acogida, Mariasun Salzar, explica que el vínculo va mucho más allá de la estancia. “Somos como familia. Hablamos por videollamada, estamos en contacto continuo”, cuenta.

El momento de la despedida siempre es duro, pero María se va ilusionada. “Está contenta porque ya está diciendo que vuelve el 1 de julio”, cuenta Mariasun. 

Entre lágrimas, besos y promesas de volver a verse, los niños han subido al autobús rumbo a casa, dejando atrás unas Navidades diferentes, llenas de calor familiar, tranquilidad y nuevos recuerdos en Euskadi. Una experiencia que, tanto para ellos como para sus familias de acogida, deja huella para siempre.