Como si fuera la décima sinfonía que Beethoven no pudo acabar, la operación regreso a Euskadi de la antigua Ibermática tiene ya una melodía distinguible, que suena bien, pero la partitura está inconclusa. Casi doscientos años después del fallecimiento del músico alemán la obra en la que trabajaba en el momento de su muerte sigue siendo objeto de debate, con varios intentos de finalización, incluido uno por parte de la inteligencia artificial. Todo un agravio para la memoria de uno de los grandes genios del arte.
En el caso de la compra de Ayesa Digital serán los nuevos socios propietarios los que acabarán la obra con el diseño de un plan industrial. Entre los flecos pendientes está también la designación de los directores de orquesta –consejero delegado y presidente– que llevarán la batuta del nuevo proyecto, así como su círculo de confianza en la gestión.
Otra cuestión que está en el alero todavía es la designación de una nueva sede de la compañía, que actualmente está en Sevilla. Ibermática nació en 1973 en Donostia, donde históricamente se ha retratado con la Hacienda guipuzcoana. Sin embargo, la decisión de la fundación bancaria Kutxa de no subirse a este tren complica el regreso a ese territorio. Ocurre todo lo contrario con Bizkaia debido a la presencia de BBK en la ecuación. El arraigo con Euskadi se mantiene a través de Ibermática Fundazioa.
Posible sede en Derio
Ayesa tiene dos grandes centros de trabajo en Euskadi, la de los parques tecnológicos de Miramón y Bizkaia. Y este último, en concreto en la zona que pertenece al municipio de Derio, gana fuerza como nueva sede de la compañía por motivos operativos, pero también porque la otra gran operación cerrada a finales del año pasado con la participación de BBK, Kutxabank, el Gobierno Vasco –que repiten alianza en la antigua Ibermática–, Vital Kutxa –que baraja sumarse a la nueva alianza–y el liderazgo del industrial vizcaino José Antonio Jainaga, ha trasladado la sede de Talgo de Madrid a Araba.
No se trata de penalizar en el caso de Ibermática a Gipuzkoa, sino de premiar a la fundación bancaria vizcaina, que fue la que reaccionó en el momento en el que la compañía andaluza colgó el cartel de se vende y asume 100 millones de euros de inversión, empatada con Kutxabank como máximo accionista.
La operación está valorada en 480 millones y la completan Teknei como socio tecnológico y 10 millones junto al Ejecutivo de Imanol Pradales como comodín que asumirá el resto de la compra a la espera de la decisión de la fundación bancaria alavesa o de la incorporación de nuevos socios.
Flecos pendientes
Todas estas cuestiones se decidirán “en tres o cuatro meses”, sostienen fuentes consultadas conocedoras de la operación. Es el plazo que se han marcado los promotores de la iniciativa para acabar la partitura, afinar los instrumentos y empezar un nuevo ciclo en la histórica compañía vasca, que no solo vuelve a Euskadi, además también podría recuperar su nombre original: Ibermática, que fue durante décadas una marca de prestigio dentro del ámbito de los servicios avanzados a empresas. Una pionera nacida a principios de los 70 para suministrar una actividad que hoy es imprescindible para el tejido productivo a nivel global, pero que tienen en la economía vasca un objetivo claro de crecimiento por su estructura, básicamente compuesta de pymes que tienden a externalizar el capítulo de la digitalización y la gestión empresarial.
Aquí es necesario fijarse en la esencia de la operación. El consorcio vasco ha firmado la compra de la división digital de Ayesa, y el área de ingeniería continuará en solitario.
¿Cambio de nombre?
De modo que si ambas mantienen actual la razón social habrá dos Ayesas en el mercado e identificables con la familia Manzanares, que puso en marcha el negocio a finales de la década de los sesenta en Sevilla. Todo apunta a que el nuevo proyecto digital nacerá con un nuevo nombre y posiblemente el mejor bautismo sea recuperar la marca Ibermática, que sigue sonando por costumbre en los ámbitos en los que se mueve la compañía. En apenas tres años, Ayesa no ha logrado hacerle sombra al recorrido histórico de Ibermática en Euskadi. A pesar de que el acuerdo final de compra se firmó in extremis, apenas una hora antes de la media noche del día 31 de diciembre, fecha tope para el cierre de la operación, fuentes consultadas por este diario confirman que en ningún momento estuvo en riesgo.
La complejidad del proceso y la información que era necesario analizar prolongó más de lo esperado los últimos preparativos. Lo importante, añaden, es que la antigua Ibermática cuenta ahora con más músculo para su crecimiento. Ha más que duplicado su plantilla desde su venta a Ayesa y cuenta con más recursos tecnológicos para su desarrollo.
“El proyecto dará continuidad al empleo y abre nuevas oportunidades para profesionales del sector tecnológico”, afirmó hace unos días la parte vendedora. El grupo apostará por la atracción de talento altamente cualificado, fomentando la formación en competencias digitales y la creación de puestos de trabajo vinculados a la innovación y el desarrollo.