100 euros por las nueces y kiwis, la puja más alta en la subasta de Garai
Se ha celebrado la tradicional subasta de San Antón Abad con la que se han recaudado 1.134,4 euros que se destinarán a la parroquia y a Cáritas
Fieles a la cita anual un centenar de personas han asistido esta mañana a la tradicional subasta de productos agrícolas de Garai, donde este año se ha recaudado un total de 1.134,4 euros, superando la cifra del pasado año que se cifró en 1.098 euros.
Una veintena de caseríos de la localidad han llevado más de treinta productos de sus huertas. Productos "de aquí y ecológicos" como subrayaba Lázaro Milikua, habitual maestro de ceremonias y subastador del evento. Alubias, puerros, nueces, avellanas, txakoli, sidra y este año como novedad los aguacates, han sido algunos de los productos que se han subastado.
Entre ellos, los que más dinero han obtenido han sido un pack de nueces y kiwis que han sido comprados por 100 euros, junto con la cesta con diversos productos y conservas por la que se ha pujado hasta 80 euros.
El popular encante que data de la época medieval ha transcurrido en un ambiente distendido, manteniendo la tensión entre los que pujaban, sumando en ocasiones únicamente un euro más a las pujas, las cuales arrancaban con 15 o 20 euros aumentando la cantidad hasta que nadie ofrecía más.
La mitad de lo recaudado se destinará a la parroquia y la otra mitad al proyecto «Bambú» que Cáritas tiene en Durangaldea, un proyecto de infancia enfocado en el apoyo social, educativo y de ocio.
Una tradición con raíces medievales
Aunque no existe una fecha documental exacta sobre su inicio, la Subasta de Garai es considerada una costumbre muy antigua, con orígenes que se remontan a la Edad Media, cuando las comunidades rurales celebraban subastas tras las festividades religiosas como forma de apoyo mutuo y sostenimiento del entorno parroquial.
Hoy en día, la cita se mantiene como un símbolo de identidad rural y de cohesión social en Garai. Adaptada a los tiempos la subasta se celebra habitualmente en la iglesia de San Juan Evangelista tras la misa, la subasta sigue cumpliendo su doble función: preservar una tradición histórica y canalizar la solidaridad vecinal a través de los productos de los caseríos.