A unas horas de finalizar el mes de agosto, el último del verano, comienza un nuevo curso escolar y el regreso de miles de personas a sus puestos de trabajo. Cuando uno recupera la cotidianidad, surgen situaciones que para la psicóloga Tali Sánchez, surgen a raíz del cambio que hay de estar de vacaciones a la vuelta al trabajo.

¿Podría llegar a considerarse una enfermedad?

—No, de hecho a nivel científico no hay ningún acuerdo. No existe una definición exacta de que sea una enfermedad, se plantea más como un proceso adaptativo de un estado de vacaciones a un sistema laboral.

¿Cómo se puede detectar a una persona que padezca el síndrome posvacacional?

—Cuando tienes que hacer una adaptación, si tienes pensamientos negativos, los sentimientos también lo son. Un cambio que yo creo que genera dificultades es la luz, de estar todo el día al aire libre a de repente meterte en una oficina que funciona con luz artificial. Las comidas, el estar sentado ocho horas seguidas... De estar oyendo el mar a escuchar el teléfono, el tecleo… Cambias totalmente tu cuerpo, de tener una sensación de bienestar y de gratificación a todo lo contrario.

¿Cuáles diría que son los trabajos que más estrés generan?

—Educación es uno de ellos porque no es lo que era antes, por lo menos yo veo muchas cosas. Luego los autónomos, que están marcados por las situaciones económicas. Los sanitarios tienen más aguante, quizá por su profesión. Y luego están las empresas privadas y también las instituciones como justicia pero creo que son todas aquellas organizaciones donde se han recortado presupuestos y personal y tienen que hacer el mismo trabajo.

Teniendo en cuenta la vuelta a las aulas. ¿Qué consejo le daría a un profesor?

—Uno tiene que cuidarse a nivel emocional y trabajar diferentes aspectos. Al final es tener ilusión por los alumnos y reciclarse. Cada uno tiene que ser responsable. Al final, si no estoy a gusto trabajando con adolescentes y los estoy machacando, no van a aprobar ni disfrutar. Esto es una pirámide. Lo primero que cada uno tiene que decir es qué herramientas necesitan. Los que trabajamos en terapia invertimos mucho dinero y horas de nuestro tiempo libre en formación. Aquí eso no lo contemplan ni las empresas ni el gobierno, que las personas necesitan formación. Algo que en Europa está integrado.

¿Cuál es el mayor síntoma?

—Si después de las vacaciones la gente coge muchas bajas eso significa que el problema sigue estando ahí. Entonces, las vacaciones te ponen en contacto con lo que has aguantado durante un tiempo o con lo que te tienes que volver a encontrar. No se resuelve por unas vacaciones. Es como cuando dejas de tomar cortisona de golpe, el rebote es mayor.

¿Qué diferencias observa respecto a otros lugares?—

En las sociedades que se considera el trabajo como algo creativo y digno para el ser humano, el estrés posvacacional no existe. En Estados Unidos, no trabajar está considerado algo terrible.

¿Podría surgir a raíz de una excesiva fijación en las vacaciones?

—Creo que va más con las condiciones que te rodean para hacer ese trabajo porque luego hay personas que están de vacaciones y no están relajadas, tengo que ir al chiringuito, al bar de moda… Tampoco me parece que sea una situación para descansar. Considero que después de la pandemia el gobierno está abusando, es decir, no tengo médicos, no tengo plazas de educación, el autobús está de tal manera y eso se lleva a las empresas. A mí me parece que si estuviéramos en una situación mucho más gratificante, esto pasaría menos.

¿La pandemia podría haber acelerado este problema?

—No, yo creo que el boom del turismo que está habiendo se debe a que la situación de la pandemia fue muy traumática porque decidieron que nos cerraban y que nos quitaban la libertad y la gente ha dicho que me quiten lo bailado. Además creo que las personas no están descansando y no es que sea negativa, creo que bastante está haciendo la gente con lo que tiene.

¿Es una cuestión de clases?

—No, yo no puedo decir eso. Yo me he encontrado en Andalucía una persona que le encanta limpiar las casas pero volverá a su trabajo y seguirá igual. Yo creo que es más de las condiciones. Tener que incorporarse a un sitio que no es gratificante, creativo ni hay sentimiento de pertenencia no es que sea bueno desde mi punto de vista.

¿Qué podría aportar desde su experiencia como psicóloga?

—Si tú tienes un concepto de que realmente tu trabajo es un sitio creativo y gratificante donde las relaciones laborales son adecuadas vale, pero lo que veo, por la gente que viene a terapia, lo hace con el síndrome de bournout –desgaste profesional–. Entonces, ir a trabajar no tiene que ser muy agradable.