Cuando todo parece estar perdido y da la sensación de que el mundo se viene encima hay dos opciones, rendirse o tratar de darle la vuelta a la situación en busca de una oportunidad nueva que permita dar un cambio en las vidas de 180 grados.

Ishaq Akhond, Diana Wellington y Gabriel Caballero son tres personas que han dejado atrás los años más duros de su vida y ahora están surfeando la cresta de la ola. El primero de ellos, Akhond, nació en las montañas de Pakistán. Cuando tenía siete años comenzó a vender fruta para ayudar a la economía familiar y a los 13 dejó su casa para buscar un trabajo que encontró en un restaurante fregando platos. Además, se ofrecía como transportador en expediciones de montaña, cargando más de treinta kilos a su espalda. En una de esas expediciones, en la que estuvo a punto de perder la vida, conoció “por suerte” a Alex Txikon, quien “ me ha abierto una puerta para llegar a Bizkaia”. Tras aprender a cocinar al estilo europeo y estar “luchando por un puesto estable” comenzó como aprendiz en un restaurante. “Para mí fue una gran oportunidad porque no me lo imaginaba ni en mis mejores sueños”, recordó Ishaq Akhond.

En la actualidad, tiene un restaurante vegetariano en Bilbao, Garibolo, con el que da empleo a seis personas y le permite pagar los estudios a sus tres hijos y ayudar a su familia en Pakistán. Su sueño es construir una residencia para ancianos y personas con discapacidad en su pueblo del Karakoram. “Allí no existe la seguridad social”, apuntó. Consciente de que no puede llegar con todo ilustró que aunque “sea con poca gente a mí me haría mucha ilusión”.

Diana Wellington, hija de padre ghanés y de madre hispano-ecuatoguineana nació en el hospital de Cruces. A los 9 años ingresó, junto a su hermano que acababa de nacer, en un centro de menores tutelado por la Diputación Foral de Bizkaia. A partir de ese momento, Wellington comenzó un viaje por diferentes centros y hogares hasta que alcanzó la mayoría de edad. A lo largo de su camino puntualizó que “hay mucha gente que te apoya y te guía en el camino para que puedas tener un recorrido bonito y digno”. En el caso de Diana Wellington tuvo “mucha gente que me ha apoyado” pero ella también ha puesto de su parte porque “también yo he querido salir adelante”. “Pedir ayuda es importante para poder salir de un bache”. Echando la vista atrás su recorrido “no ha sido muy fácil pero al tener apoyo alrededor mío te motivas a salir adelante”. A los 18 años fue acogida en un centro para mujeres de la Congregación de Religiosas Adoratrices de Bilbao e inició su búsqueda de trabajo, logrando un contrato en Rekagarbi. Al finalizar la relación laboral, retomó su formación estudiando auxiliar de enfermería trabajando durante cinco años en una residencia y después en el hospital de Basurto. Más adelante estudió integración social y entre sus sueños está formarse como educadora y recorrer el mundo junto a su pareja y sus dos perras.

Gabriel Caballero nació en una familia desestructurada de Bilbao, con varios de sus hermanos internados en La Misericordia. Un clima que le condujo a formar parte de las bandas callejeras que proliferaron en los años 70. Con 13 años comenzó a consumir heroína y con 16 ingresó en la cárcel de Basauri, y después en otros centros penitenciarios. En 1983 salió de prisión, y unos años después ingresó en Proyecto Hombre. Logró trabajar como encargado de limpieza en el campus de Leioa de la UPV/EHU. Su esfuerzo por emprender una nueva vida le llevó a incorporarse a Urbegi en 2017, y tan solo un año después firmó un contrato indefinido que le ha permitido comprar una vivienda. Su sueño es poder ayudar a sus hijos y a su nieta de 5 años, y escribir un libro sobre su vida. “Lo más importante para mí es demostrar a los demás que esto se puede, no es solamente caer en la mierda y quedarte en el suelo, sino tratar de levantarte”, matizó Caballero. “Sobre todo es encontrarte con un grupo de gente como me he encontrado yo, me han apoyado en todo”, apostilló.

Ishaq Akhond, Diana Wellington y Gabriel Caballero recibieron este lunes en la Sala BBK los Premios Lo Imposible, un reconocimiento de personas que pese a pertenecer a colectivos vulnerables han logrado salir adelante.