Cuántos días y noches se abrigaría en la incertidumbre de ignorar lo que le depararía el curso de la contienda añorando el calor de sus seres queridos... Vicente Porto Paúl engrosó el ANV 1 Olabarri, “uno de los batallones del ejército miliciano formado por el Gobierno vasco en el contexto de la Guerra Civil de 1936”, detallan desde el museo Boinas La Encartada de Balmaseda. A este gudari perteneció la manta protagonista hasta junio del programa centrado en una pieza concreta. Una “mini exposición monográfica dedicada a un elemento u objeto de la colección, dando a conocer su función, características y relevancia”.

“Para abastecer de mantas al ejército popular en 1936, El Gobierno vasco utilizó la producción de varias empresas”, entre ellas la entonces fábrica La Encartada, que se mantuvo en funcionamiento entre 1892 y 1992. Conocidas coloquialmente como mantas de pastor, “se confeccionaban en los telares catalanes Ninet, que todavía se conservan en las instalaciones”.

Batallón Olabarri

El batallón ANV 1 Olabarri, en el que militó Vicente, “se formó entre agosto y septiembre de 1936 y fue creado bajo la disciplina de Acción Nacionalista Vasca, en su mayoría procedían de la zona de Bizkaia y un pequeño grupo de guipuzcoanos que se había destacado frente al avance de las tropas del General Mola desde Nafarroa”.

Al terminar la guerra la manta volvió con él a casa, “donde se usó como base de planchado durante décadas”. En 2007, cuando La Encartada reabrió sus puertas como museo, su familia donó la manta, valioso testimonio de la dura vida en el frente. “Se expone como memoria de las personas y máquinas que la elaboraron, pero también símbolo y ejemplo de un legado patrimonial, industrial y bélico, pero, sobre todo, vital”, explican.

En el transcurso de cien años salieron de La Encartada boinas, calcetines, gorras… “y también mantas, como la que presenta esta pequeña exposición: piezas de lana de tejido recio y resistente, a las que se aplicaba un batanado medio que unifica trama y urdimbre, rematando sus extremos en flecos sueltos”, describen. Obtenían era un artículo “básico para el abrigo que, además de su evidente aplicación como manta, podía usarse como capote frente a la lluvia y el viento o disponerse como improvisado toldo para guarecerse de las inclemencias climáticas”. Por su versatilidad recurrieron a ellas “los cuerpos de infantería en prácticamente todos los conflictos militares hasta la década de 1960”.

Para ver la muestra se requiere reserva a través del correo laencartada@bizkaia.eus o en el teléfono 94 680 07 78. Además, se puede contemplar maquinaria en gran parte original del siglo XIX.