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Fin a la conspiranoia: el covid-19 no fue creado en un laboratorio

Un estudio determina que el coronavirus "se originó a través de procesos naturales"

19.03.2020 | 00:23
Investigadoras brasileñas experimentan para tratar de encontrar la vacuna contra el coronavirus. Foto: Efe

– El coronavirus SARS-CoV-2 es producto de la evolución natural, según los hallazgos de un estudio publicado en la revista Nature Medicine. Esta investigación, realizada por científicos del Scripps Research Institute, no ha encontrado ninguna evidencia de que el virus fuera creado en un laboratorio o diseñado de otra manera. "Comparando los datos de secuencia del genoma disponibles para las cepas de coronavirus conocidas, podemos determinar con firmeza que se originó a través de procesos naturales", afirma uno de los líderes del estudio, Kristian Andersen.

Los coronavirus son una gran familia de virus que pueden causar enfermedades de diversa gravedad. La primera enfermedad grave conocida causada por un coronavirus surgió con la epidemia del síndrome respiratorio agudo grave de 2003 en China. Un segundo brote comenzó en 2012 en Arabia Saudí con el Síndrome Respiratorio del Medio Oriente.

El 31 de diciembre del año pasado, las autoridades chinas alertaron a la Organización Mundial de la Salud sobre un brote de una nueva cepa de coronavirus que causaba una enfermedad grave, que posteriormente se denominó SARS-CoV-2. Hasta ayer había documentados en el mundo cerca de 200.000 casos, aunque es probable que muchos más casos leves no hayan sido diagnosticados. Además, el virus ha matado a unas 8.000 personas.

Poco después de que comenzara la pandemia, los científicos chinos secuenciaron el genoma del virus y pusieron los datos a disposición de los investigadores de todo el mundo. Los datos de la secuencia genómica demuestran que las autoridades chinas detectaron rápidamente la epidemia y que el número de casos de covid-19 ha ido en aumento debido a la transmisión de persona a persona tras una sola introducción en la población humana.

Estos científicos analizaron el patrón genético de las proteínas de espigas, armaduras en el exterior del virus que utiliza para agarrar y penetrar las paredes exteriores de las células humanas y animales. Se centraron en dos características importantes de la proteína espiga: el dominio de unión al receptor (RBD), una especie de gancho que se agarra a las células huésped, y el sitio de división, un abridor de latas molecular que permite al virus abrirse y entrar en las células huésped.

Los científicos descubrieron que la porción de RBD de las proteínas de espiga del SARS-CoV-2 había evolucionado para atacar una característica molecular en el exterior de las células llamada ACE2, un receptor implicado en la regulación de la presión sanguínea. La proteína de la espiga del SARS-CoV-2 era tan eficaz para unir las células humanas que los científicos concluyeron que era el resultado de la selección natural y no un producto fabricado por la ingeniería genética.

Evolución natural Esta evidencia de que surgió de la evolución natural está respaldada por los datos de la columna vertebral del SARS-CoV-2: su estructura molecular general. Los investigadores explican que si alguien buscara diseñar un nuevo coronavirus como patógeno, lo habría construido a partir de la espina dorsal de un virus conocido por causar enfermedades.

Pero los científicos encontraron que la columna vertebral del SARS-CoV-2 difería de la de los coronavirus ya conocidos y se asemejaba en su mayoría a los virus relacionados que se encuentran en murciélagos y pangolines. "Estas dos características del virus, las mutaciones en la porción de RBD de la proteína de punta y su columna vertebral distintiva, descartan la manipulación en el laboratorio como un origen potencial del SARS-CoV-2", especifica Andersen.

Andrew Rambaut, coautor de la investigación, advierte de que "es difícil si no imposible" saber cuál de los escenarios es el más probable. Si el SARS-CoV-2 entró en los seres humanos en su forma patógena actual desde una fuente animal, aumenta la probabilidad de futuros brotes, ya que la cepa del virus causante de la enfermedad podría seguir circulando en la población animal y podría volver a saltar a los seres humanos. Las posibilidades de que un coronavirus no patógeno entre en la población humana y luego desarrolle propiedades similares al SARS-CoV-2 son menores.

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