Bilbao - El programa contra el absentismo escolar devuelve a las aulas a alrededor de 700 menores bilbainos cada año. El equipo de profesionales sociales que trabaja en el Área de Acción Social del Ayuntamiento de Bilbao trata anualmente a más de un millar de alumnos absentistas con edades comprendidas entre los 3 y los 16 años matriculados en centros de la capital vizcaina. Una vez detectados, realizan un seguimiento y marcan estrategias para conseguir que los menores recuperen la disciplina y los hábitos que implica el periodo de escolarización obligatoria.

La barrera para hablar de absentismo está en ausentarse de las clases sin motivo aparente un 20%, o lo que es lo mismo, en tres ocasiones al mes sin causa justificada. Sin embargo, según explican desde el Área de Acción Social del Ayuntamiento, el problema es un fenómeno preocupante en el sistema educativo que va más allá de una simple pira. “Un alumno puede faltar en tres ocasiones a clase porque ha estado enfermo. Eso no se considera absentismo. El caso se comienza a seguir cuando las ausencias de los alumnos son frecuentes y no hay un motivo aparente que lo justifique”, afirma la jefa de la sección del Área de Acción Social, Goizalde Arrieta.

En general, las cifras de absentismo escolar en la capital vizcaina se han mantenido estables a lo largo de los últimos años, situándose en torno al 3% de la población escolar obligatoria. El equipo del Área de Acción Social del Consistorio bilbaino trató el curso pasado los expedientes de 1.107 alumnos con edades comprendidas entre los 3 y los 17 años, lo que supone un 3,99% del total del alumnado de esas edades matriculado en la villa. En el curso 2015-2016 se produjo un aumento en 63 casos. Prácticamente, todos los menores absentistas estaban en edad escolar obligatoria, frente al 78% del curso anterior. “Afortunadamente son cifras bajas y que no han ido creciendo, pero llevamos años trabajando para prevenir nuevos casos”, apuntan.

El Ayuntamiento de Bilbao comenzó a trabajar el problema del absentismo escolar en el curso 1997-1998 dirigido al alumnado en las etapas de enseñanza infantil (no obligatoria), Primaria y Secundaria obligatorias para menores de entre 3 y 16 años y para el alumnado de entre 16 y 18 años, como programa de acompañamiento a la iniciación profesional a la vida adulta.

El protocolo que se incluye en el programa municipal para corregir estas conductas implica a los centros escolares y también a las familias, elemento tractor en la educación de los menores. El profesor es el encargado de hablar con el alumno ante la primera falta, y en la segunda pone al corriente a las familias. “Los padres siempre saben que sus hijos no han ido a clase porque se les avisa”, puntualiza. Y añade: “A veces justifican esas conductas diciendo que una pira la hemos hecho todos alguna vez”. Sin embargo, el problema va más allá. “No se trata de una pira sin más; hay que analizar las ausencias a clase de esos jóvenes en su conjunto y lo que supone para el desarrollo personal y educativo del menor en un medio a largo periodo de tiempo”, dice Arrieta.

En su opinión, el absentismo escolar se puede considerar tanto un indicador como una causa de los riesgos de fracaso escolar en los menores que manifiestan este fenómeno. Es por eso por lo que, en opinión de esta técnico, son claves los programas de prevención en los primeros años que los niños comienzan a acudir a los colegios. “Es en esos años, cuando la escolarización no es todavía obligatoria, cuando ya se comienza a ver cómo respiran los padres y su comportamiento. Porque en esa etapa si los pequeños faltan al colegio muchas veces sin una causa justificada es porque los padres no les llevan y es ahí, en el seno familiar, donde hay que abordar el problema”, concreta. Y prosigue: “Es una inversión a largo plazo. Todo lo que podamos trabajar desde muy pequeños es fundamental para que el fenómeno del absentismo escolar no vaya en aumento en Bilbao”, destaca.

Importancia de la educación Normalmente, no existe una causa única que justifique los diferentes motivos que llevan a que un menor falte a clase con frecuencia. Son, en opinión de Goizalde Arrieta, diversas y pueden venir motivadas por diferentes factores que necesitan ser tratados con programas específicos. “Desde el Ayuntamiento se da apoyo técnico para la prevención, sensibilización y el diseño de estrategias genéricas, estás últimas dirigidas a determinados colectivos especialmente vulnerables que pueden necesitar un apoyo para superar la situación y recuperar la dinámica”, aseguran desde el área. Sin embargo, en la mayoría de los casos hay un denominador común que se repite y que se gesta en torno al seno familiar. “Hay progenitores que no le dan importancia a los contenidos que se enseñan en los colegios, tanto desde el punto de vista educativo como desde las normas de comportamiento, relación con compañeros y profesores... Este tipo de casos se dan entre los más pequeños”, asegura Arrieta. De hecho, según afirman desde el Consistorio bilbaino, “los padres no son conscientes de la importancia que tiene el sistema educativo en el desarrollo de sus hijos y por esa razón no le dan importancia a esas ausencias”. Es ahí donde también entran en juego los profesionales del Área de Acción Social para trabajar directamente con los progenitores para desarrollar conductas que beneficien a los menores y les devuelvan a las aulas.

También existen casos más complejos y que están relacionados con la falta de estructura familiar. Desde el área han conocido familias bilbainas que ante la falta de ayuda no pueden llevar a sus pequeños al colegio. “Hemos tratado casos en los que bien las madres o los padres tienen que ir a trabajar y no tienen quien se encargue de vestir y acompañar a sus hijos al colegio”, apunta. El pasado curso, el Consistorio bilbaino realizó un total de 7.792 actuaciones, bien en el centro escolar, con las familias, otros recursos comunitarios, directamente con los menores o en el propio Ayuntamiento. El programa de absentismo escolar está dotado de un equipo de profesionales -medio centenar- con formación y experiencia acreditada en la intervención con personas en situación de riesgo.