Apesar de que Antonio Aldama nació en Laudio, donde sigue viviendo a sus 81 años, siempre ha sentido una gran atracción por la ría de Bilbao. Esa querencia comenzó a fraguarse a los 13 años cuando entró interno en los Salesianos de Deusto. “Los fines de semana nos sacaban a pasear por el borde de la ría”, recuerda. Y eso le autoriza a decir que “la he mamado”. Antonio fue testigo del esplendor que tuvo la ría el siglo pasado y también de su transformación. Así que tiene muy claro su criterio sobre lo que ha pasado. “Ahora está mucho más limpia”, dice, “pero pictóricamente no tiene nada que ver con lo que era; para mí no hay ría”. Por eso, cuando le llamaron desde el Museo Marítimo para participar en unas exposiciones de pintura relacionadas con la ría, Antonio decidió plasmar en los lienzos la que él conoció, la de la era industrial. El resultado ha sido una colección compuesta por 27 obras que lleva por título Luz de metal. En el tríptico que ha editado el museo con motivo de la exposición se dice que “es un homenaje a la importancia de la luz y el reflejo del metal y la industria en sus obras. Antonio da color a la ría de Bilbao con muchos matices, haciéndolo muy real y desde una perspectiva que potencia y revaloriza el paisaje”. Eso es lo que ha intentado Antonio desde que era joven: retratar el paisaje tanto urbano como rural. “Yo, mientras he podido, he sido un pintor de caballete de campaña”. Por eso, reconoce que ha “metido muchas horas al aire libre” para pintar sus cuadros.
Antonio cuenta que comenzó a pintar “por casualidad”. Recuerda que un amigo de la familia, Estanislao Sáez, se quedó sorprendido por lo bien que estaba decorado el nacimiento y al cabo de unos días volvió a la casa con un caballete y unos pinceles para que el joven Antonio, que entonces tenía 17 años, saliera a pintar con él el Nervión a su paso por Laudio. Le dijo: “Continúa”. Y así se inició con su primera obra, un paisaje de su pueblo. Antes de eso no había hecho nada relacionado con la pintura. “Es que no tenía ni idea”, confiesa humildemente, aunque reconoce que sí dibujaba en el colegio. Desde entonces no ha parado. Cualquier momento era bueno para salir en busca de un rincón digno de ser llevado al lienzo. “Yo era un pintor dominguero”, dice con la retranca que le caracteriza. Sus obligaciones laborales y familiares sólo le permitían escaparse un día con los bártulos de pintura. Pero así, poco a poco, fue dando rienda suelta a su auténtico hobby: pintar paisajes.
La Alberca Y también por casualidad, descubrió La Alberca, un precioso pueblo de Salamanca, ubicado en la Sierra de Francia, que marcó su trayectoria pictórica. “Un amigo de Bermeo lo descubrió a través de la televisión, creo, y empezamos a ir todos los años, al menos quince días, y seguimos yendo”. Allí descubrió unos paisajes maravillosos gracias a su afán por pintar “la naturaleza viva”. “La naturaleza muerta sólo me interesa cuando está en el plato y con tenedor”, dice. Durante años ha alternado La Alberca con paisajes más cercanos, como la ría, por ejemplo. Pero advierte que “la ría que a mí me gusta es la industrial, la de la zona de Barakaldo, donde se podían ver los altos hornos, y también los gasolinos que cruzaban la ría”. Todos esos motivos están recogidos en la exposición del Museo Marítimo. ¿Y no le gusta el paisaje actual, el del Guggenheim?, le preguntamos. “No lo veo como algo pictórico”, contesta. “El Guggenheim es precioso, pero, para mí, no es pintable. Me gusta mucho más por dentro que por fuera, en cuanto a la obra arquitectónica”. Además, añade sobre el estado actual de la ría, que “ahora habrá lubinas, pero como yo no hago bodegones...”.
Para plasmar en sus obras esas viejas imágenes de la ría, Antonio se ha basado en su memoria, en apuntes y en un buen archivo fotográfico. El resultado es una colección muy ajustada a la realidad del siglo pasado, que es la que ha querido reflejar.
La exposición de Antonio finaliza mañana en el Museo Marítimo de Bilbao, pero ya están en conversaciones para llevarla a Barakaldo. El testigo de Antonio lo toma José Abel, que expone la colección Ría de fuego. Sus cuadros estarán expuestos hasta el próximo 15 mayo. Y el último artista de la colección #Colordehierro será Enrike Zubia, que expondrá del 19 de mayo al 17 de julio para el título de Tierra y mar. Todo en el Museo Marítimo.