Recolectores de saber sobre setas y hongos
La Sociedad Micológica de Aranguren cumple tres décadas y prepara su próxima exposición El grupo de Zalla, que cuenta con cien socios, comparte sus conocimientos en ferias de Enkarterri
Elixane Castresana
Zalla - Podrían ofrecer una clase magistral de micología en el local en el que tienen su base en el antiguo matadero de Aranguren, en Zalla. Libros, paneles y algunas setas recogidas en las salidas que realizan plasman el trabajo realizado por la Sociedad Micológica de Aranguren a lo largo de tres décadas. Aunque regresan de las excursiones cada vez con menos hallazgos “debido al cambio climático, entre otros factores”, según explican el presidente de la agrupación, Iñaki Lambarri, y Baldomero Meja, otro de los socios que ha participado en el proyecto desde el principio, su actividad no ha disminuido con los años.
Participan en las fiestas de San Juan en el núcleo urbano de Aranguren, la feria de Gangas que se celebra en Zalla en octubre, o la feria Ekokultura de Sodupe, Güeñes, que propugna un modo de vida sostenible. “Nuestro proyecto nació en 1985, en pleno boom de las sociedades micológicas, de la mano del catedrático de Geografía e Historia José Cadiñanos, a quien le encantaba estudiar setas y hongos”, relatan. Más de 400 personas han formado parte durante su trayectoria de la Sociedad Micológica de Aranguren, que ahora cuenta con 100 socios. Además, imparten charlas en Zalla y los municipios de alrededor.
Otras veces los aficionados se acercan a su local para cerciorarse de que las setas que han recolectado no son peligrosas. Y es que recuerdan casos de familias enteras intoxicadas. “Nos hablaron de un caso en el que todos los presentes en una comida terminaron tirados en el sofá, sin fuerzas. Hay que andar con cuidado, porque muchas se parecen entre sí”, aconsejan señalando varios ejemplos en los carteles repartidos por la sede de la agrupación. No existen recetas mágicas “como meter las setas en lejía o alcohol”, sino que el conocimiento adquirido a través del estudio ayuda a conocer las diferentes especies y los posibles efectos nocivos de su ingesta para la salud.
Con su semejanza a los panales de abejas las colmenillas están muy solicitadas en las mejores mesas, “las que más, por detrás de la trufa”, apuntan los micólogos de Zalla. Iñaki y Baldomero saben que “si se seca y se cocina, está excelente”. También que ligeros matices distringuen las setas comestibles de las que puedan ocasionar un serio disgusto. A la amanita cesarea se la conoce como “la manita de los césares”. Similar a un huevo por su color anaranjado, “puede confundirse con otras que sí resultan venenosas: la amanita phalloides o a la amanita muscaria”, comparan. La entoloma lividum “causa el 90% de las intoxicaciones, huele a harina, igual que el perretxiko, por eso la llaman la engañosa”. Como amantes de la micología, ambos han aprendido a explorar entre fogones el abanico de posibilidades que ofrecen las setas. “Una puede ser hacerlas polvo y utilizarlas para condimentar la carne”, proponen estos expertos.
Escasez Antaño no iban muy lejos para encontrarlas. En los montes de Enkarterri habían catalogado una veintena de especies que se recolectaban entre marzo y noviembre. El cambio climático y la reducción de la cabaña ganadera han mermado la producción, obligando a ampliar las expediciones al valle de Mena, Burgos, o la localidad alavesa de Artziniega. “Llueve menos, ha disminuido el número de animales, los robledales casi han desaparecido y los abonos químicos queman los setales”, narran los impulsores de la Sociedad Micológica de Aranguren. En ese núcleo urbano en particular “con la implantación de la industria papelera, los árboles autóctonos fueron reemplazados por pino y eucalipto”. En suma, “cada vez nos cuesta más poder organizar las exposiciones”. Las próximas llegarán en junio. A los socios no les ha desanimado que el año en que conmemoran sus tres décadas en activo no empezara con buen pie, ya que el desbordamiento del Kadagua anegó el pasado 30 de enero el local que ocupa la agrupación.
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