Santurtzi - Empezó la carrera de Comunicación Audiovisual pero Iñigo Cobo, santurtziarra de 22 años, optó finalmente por la Educación. Aún así, su vida siempre ha estado ligada a las cámaras, guiones y micrófonos. Sus clases -ahora realiza prácticas en un colegio de la localidad- comparten tiempo con la selección de paisajes, escenas y repartos. Iñigo nunca ha dejado de lado el cine, y ha logrado contagiar su pasión a todo Santurtzi siendo uno de los impulsores del Santurzine, el festival de cortometrajes del municipio. Esta misma semana su currículum ha ganado unas líneas al presentar su trabajo más ambicioso: su primer mediometraje.

Ya en la universidad, Iñigo se salía del guion. Mientras las asignaturas se centraban en la teoría, él se encargaba de buscar la práctica: junto a un grupo de compañeros montaron una serie web, para la que llegaron a convocar hasta tres castings entre los alumnos. Al final del primer curso también intentaron poner en marcha un cortometraje. “Éramos tan ingenuos que pensamos que podríamos hacerlo en una noche”, recuerda, divertido.

Los rodajes continuaron durante el segundo año. “Nos fuimos haciendo conocidos en la universidad, hablábamos con los profesores para que nos dejaran grabar en el auditorium, nos dieran consejos....”, explica.

Pero Iñigo encontró otra vocación. Un encuentro con la asociación Apnabi, de padres y madres de niños con autismo y otros trastornos, le hizo darse cuenta de que en realidad, quería poner su granito de arena en el ámbito de la educación especial. “Pensé en qué puede servir para más largo plazo”, dice. Entonces cambió de género cinematográfico. Pero un par de nombres relevantes se cruzaron en el camino de este santur-tziarra, dejando el sueño del cine aún vivo.

Esas dos personas eran Charly Urbina, popular actor por sus apariciones en Vaya Semanita, y Javier Trapero, que formaban parte de uno de los maestres de cine que Iñigo tuvo en la universidad. Era 2012, el mismo año en el que la localidad marinera quería rendir homenaje a su club de remo con la grabación de un cortometraje. La Sotera, que así se tituló el trabajo, cayó en manos de Charly y este contó con Iñigo y Javier para realizar este trabajo. “La gente se volvió loca con La Sotera, participaron en todo con nosotros”, recuerda.

De este trabajo cinematográfico nacería una estrecha colaboración entre estos tres cineastas, que se animaron a crear la promotora Blue Karramarro y proponer al Ayuntamiento de Santur-tzi la realización del festival de cortometrajes, que tras el éxito de convocatoria de los dos primeros años, realizará en 2015 sus tercera edición. “Fue mucho trabajo pero merece la pena hacerlo cada año”, apunta.

Mediometraje Iñigo acaba de culminar su carrera como profesor y ya ha comenzado a tomar contacto con las aulas de educación especial. “Siempre he sentido debilidad por las minorías”, dice. Pero su vida continúa ligada al cine y siempre que puede agarra su cámara y rueda. Ahora acaba de estrenar en el café Evidence de Bilbao su mediometraje Podríamos morir una mañana, una historia en la que narra el devenir de tres parejas poco comunes. “Los que la han visto dicen que les ha gustado, pero yo soy muy crítico con este trabajo”, asegura.

Ser director, como Iñigo, no implica contar con un equipo excesivamente amplio ni especializado. De hecho, el santurtziarra graba sus películas con una cámara réflex de la marca Canon y una pértiga de sonido. Para escoger a los actores suele echar mano de su agenda de amigos y de quienes tengan ganas de participar. “No hace falta que tengan experiencia, yo también soy amateur”, explica. Y en sus escenas, por eso de que uno barre para casa, siempre aparece Santur-tzi. “Es bonito y cómodo, no solo porque vivo aquí, también porque en otras ciudades como Bilbao hay que pedir permisos”, aclara. Por eso, Iñigo, es un Santurtziarra de cine.