A veces se abusa de la expresión que reza que una imagen vale más que mil palabras, pero en este caso resulta perfecta para condensar la esencia del libro que se presentó el sábado pasado en la kultur etxea de Karrantza. El tercer tomo de la serie de cinco sobre fotografías antiguas que retratan a los vecinos del valle en las facetas más variadas. En este caso, la vida lúdica es el eje de las imágenes.

El libro se compone de más de 400 instantáneas de juegos y romerías en los que los pequeños y no tanto pasaban su tiempo hace años y que pueden resultar extraños para las jóvenes generaciones. Miguel Sabino Díaz, vecino de Aldeacueva se encarga con paciencia de recopilar el inmenso material que compone este legado, editado por el Área municipal de Cultura.

una colección para guardar

A la venta en quioscos y librerías del municipio

Los nostálgicos o quienes, simplemente deseen conservar retazos de la historia carranzana ya pueden encontrar este libro, al igual que los tomos precedentes, en las librerías y quioscos de prensa por un precio de 15 euros.

Los vecinos han esperado impacientes a que se presentara para poder lanzarse a comprarlo. No podía ser de otra manera, ya que sin su colaboración tampoco habría sido posible reunir la documentación. "Yo voy por los barrios preguntando a ver si tienen fotos, pero con frecuencia sucede lo contrario", indica el artífice de la serie. Una vez se encontró al llegar a casa con que una señora del barrio de San Esteban le había dejado 300 como regalo. También ha tenido acceso a los valiosos archivos de las casas de indianos, que en las épocas más antiguas -el periodo cronológico abarca de 1880 a 1980- cuyos habitantes formaban parte de la élite privilegiada que podía permitirse el lujo de sacarse fotografías.

tratamiento contra la vejez

Resurrección gracias a los adelantos tecnológicos

A veces su estado de conservación no era el más idóneo precisamente, dada su antigüedad, pero eso no ha sido impedimento para que ahora luzcan como en el momento en que fueron tomadas. Para algo sirven las nuevas tecnologías. En una ocasión el photoshop incluso ha unido lo que un día separó el hombre, como cuenta Miguel Sabino Díaz: "Revisando las fotos me di cuenta de que dos personas me habían dado cada una un trozo diferente de la misma imagen. Cuando después lo vieron en el libro no se lo podían creer".

La misma impresión que sintieron los demás al observar sus recuerdos plasmados en papel. "Me preguntan que a ver qué es lo que les ha ocurrido a las fotos y yo les digo que nada, que sólo han pasado por la UVI", comenta riendo.

Junto a esta cirugía, lleva a cabo otra tarea. Identificar a todos y cada uno de los que aparecen. Preguntando por aquí y por allá ha conseguido dejar pocos cabos sueltos. Así, "la mayoría de las fotografías están ilustradas. Si se desconoce quiénes son, se escribe una x en el lugar de los nombres, pero es lo menos habitual. "En una clase de los años 30 compuesta por unos 60 niños conseguí poner nombre y apellidos a todos menos diez", relata.

Los propios interesados se emocionan con esos testimonios de una realidad que algunos les resultará cerca o otros no conocen. "Les hace especial ilusión reconocerse en fotos que vuelven a ver años después porque las tenían otras personas. Es más entrañable aún cuando los recuerdos regresan de golpe", opina.

Para él también supone una recompensa darse cuenta de que el esfuerzo desplegado a lo largo de varias décadas merece la pena. Y también las broncas cariñosas de su mujer, que "me dice que me paso todo el día delante del ordenador con las fotos". "Ahora tengo tiempo porque estoy prejubilado", agrega.

Con Guión Establecido

Otros dos tomos más para completar la serie

No sólo las fotografías y la edición implican dedicación. También la estructura milimétrica que sigue la serie, compuesta de cinco libros. Miguel Sabino Díaz ha tomado como referencia el Atlas Etnográfico de Baranadiarán. "En el primer tomo se plasmaron la agricultura, la industria, el comercio, el transporte, los oficios y los medios de transporte con una tirada inicial de 800 ejemplares que se agotaron enseguida y del segundo, con la enseñanza como tema, se sacaron 1.200", precisa.

Después del que acaba de presentarse, dedicado a las fiestas, vendrán otros dos, que se centrarán "en los ritos de paso, es decir, nacimiento, bautizo, niñez, juventud, mili, noviazgo, boda, familia y vecindad el cuarto y la vida municipal, religiosidad y emigración el quinto y último".

Las estampas que se reflejan en todos ellos retratan un valle cuya realidad tiene poco que ver con la actual. Todo el mundo se reunía en torno a las romerías, y la más concurrida era del Suceso. Una de las fotografías ha captado un momento de la fiesta del año 1948. "Al fondo de la imagen se aprecia un mural que servía de fondo a los fotógrafos profesionales que acudían a estos actos", detalla.

La actividad y la forma de vida se articulaba en torno al sector primario, que era el eje de la economía local y comarcal. Así es el periodo cronológico que abarcan las fotografías: "He escogido delimitarlas entre 1880 y 1980, porque a partir de esta última década es cuando su importancia empieza a decaer".

FOTOGRAFÍA DE UNA LOCALIDAD

La relación con el alrededor y afición a los deportes

La relación con las localidades de los alrededores "era mucho más intensa que ahora". "Hay que tener en cuenta que entonces poca gente disponía de coche para desplazarse", revela.

En consecuencia, la gente buscaba la mejor forma de divertirse casi sin salir de casa y una de las mejores formas de hacerlo era a través del deporte. "Sokatira, herri kirolak, fútbol y pasabolo, una modalidad que todavía hoy en varios lugares", fueron los más practicados hasta hace unas décadas.

Capítulo aparte merecen los toros, que "darían para hacer por lo menos un libro entero". Los festejos taurinos eran imprescindibles en las celebraciones locales, "no hay más que ver la cantidad de plazas que hay en el valle".

De continuar la serie fotográfica en el futuro no hay nada concreto, pero es una opción que maneja, ya que "la gente joven pregunta por qué se ha terminado en 1980 y ellos no aparecen en los libros".

Los orígenes del proyecto se remontan precisamente a los años 80, cuando "desde la antigua kultur etxea se propuso organizar exposiciones con material fotográfico". Estas muestras alentaron el interés de Miguel Sabino Díaz por las imágenes antiguas y tuvieron su continuación en el calendario que el Ayuntamiento de Karrantza editó en los años 2004 y 2005.

"La excelente acogida que tuvieron estas iniciativas me hizo recuperar la antigua idea de reunir en un libro el fondo documental de imágenes que había recogido en los dos últimos años y que ha aumentado considerablemente desde entonces", recuerda.

Por supuesto, "nada de esto hubiera sido posible sin la información y las fotografías que me han facilitado los vecinos en amenas e insustituibles conversaciones". A ellos dedica los libros y su agradecimiento.