Juicio al ‘asesino de las citas’: un dedo, huellas y el borrado de mensajes
Las veinte muestras recogidas en el piso de la víctima no fueron concluyentes dado el tiempo transcurrido desde su fallecimiento
Era finales de mayo de 2022 cuando se llevó a cabo la búsqueda y recogida de evidencias en el domicilio de J.I.M., cuyo cuerpo apareció sin vida en el sofá, descalzo, el 5 de octubre de 2021. Ocho meses. Así y todo, el equipo de la Unidad Científica de la Ertzaintza desplazado hasta el lugar por orden judicial consiguió recopilar una veintena de pruebas, entre huellas, pelos y restos de semen en ropa de cama. Ninguna resultó concluyente. Ninguna de las tres impresiones dactilares ‘utilizables’ -otras tres hubo que desecharlas por su mal estado de conservación- tuvo respuesta en las bases de datos policiales tras ser cotejadas.
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Aunque estas circunstancias tampoco significa la falta de una prueba directa. Simplemente que no fue posible hallar restos biológicos incriminatorios. En ese largo periodo de tiempo, se produjeron entradas y salidas del piso, ordenaron cosas, limpiaron… Lo habitual. Más aún después de que las sospechas familiares de que J.I.M. trasladadas en primera instancia al juzgado no hubieran tenido respuesta de manera inmediata.
Caso del 'asesino de las citas': “Había algo que no cuadraba”
Así y todo, el equipo de la Ertzaintza encargado de la investigación sí que ha sido capaz de determinar el borrado intencionado de los dos SMS que llegaron al teléfono móvil del fallecido para confirmar las transferencias -de 2.000 y 1.000 euros- a la cuenta corriente propiedad de N.D.M.B., quien la cerró en enero de 2022, un par de semanas de haber abandonado la capital vizcaina. Lo hizo “asustado”, confesó el propio acusado durante su única intervención en este juicio, después de haber huido descalzo del domicilio en Bilbao de un hombre al que intentó asfixiar el 17 de diciembre y que lo identificó posteriormente.
Sí, inconsciente
Los agentes de la Sección de Nuevas Tecnologías de la Ertzaintza que testificaron en la sesión de este viernes 15, confirmaron que el móvil de J.I.M. tenía activado para su desbloqueo el código PIN, la huella dactilar y el reconocimiento facial, que se pueden usar "indistintamente" siempre que el terminal no haya sido reiniciado o apagado, lo que obligaría a introducir una clave numérica o dibujar un patrón. Según han declarado, ni la huella dactilar ni el reconocimiento facial se pueden activar si la persona ha fallecido, aunque sí se puede utilizar este método si está inconsciente.
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