La charcutería bilbaina abierta en 1951 que resiste frente a las grandes superficies
Charcutería San Mamés cumple 75 años en Alameda San Mamés tras una trayectoria marcada por la continuidad familiar y un único cambio de ubicación: de un lado del portal al otro
En el número 2 de Alameda San Mamés, una pequeña charcutería ha tejido durante 75 años una historia de esfuerzo, cercanía y producto de calidad. La Charcutería San Mamés no sólo ha sobrevivido al paso del tiempo, sino que se ha convertido en un referente para varias generaciones de clientes que siguen cruzando su puerta, hoy atendidos por Ane e Iñaki Camarena.
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Todo comenzó en 1951, cuando su aitite abrió el negocio en un pequeño local situado “justo al otro lado del portal”. Allí permaneció hasta 1981, cuando tomó el relevo el aita, manteniendo viva la esencia del establecimiento. Una década más tarde, en 1991, un cambio obligado marcó un nuevo capítulo: Caja Laboral adquirió el local original y la familia trasladó la tienda al lado opuesto del portal, sin producirse apenas cambios. “Entonces nos cambiamos al local en el que estamos ahora, justo al otro lado del portal, sin cambiar de número, calle ni nada”, recuerdan.
Desde ese mismo espacio, y con la misma filosofía, el negocio ha seguido adelante hasta hoy, cuando la tercera generación, con Ane e Iñaki , continúa la tradición iniciada hace más de siete décadas. “Son 75 años peleando, buscando siempre el mejor producto y agradar a la gente”, resumen.
La clave de su supervivencia ha sido clara: trabajo constante, amabilidad y una cuidada selección de productos. “Hoy por hoy no se puede luchar en un negocio pequeño más que con calidad”, aseguran. Entre sus especialidades, destacan los productos ibéricos, especialmente el jamón de bellota, así como los quesos y embutidos tradicionales como chorizo, salchichón o lomo. A lo largo de los años, algunos de estos productos han sido reconocidos con premios nacionales, aunque ellos lo tienen claro: “No es que busquemos un producto que esté premiado, pero sí buscamos uno que, antes o después, se acabe llevando un premio”.
El valor de la cercanía
Sin embargo, más allá del producto, hay un valor que ha marcado la diferencia: la cercanía con el cliente. “Es, sin duda, una de las cosas más importantes para un negocio como este”, subrayan. Esa relación se refleja en historias que emocionan, como la de una familia que reúne ya cuatro generaciones como clientela habitual. “Venían las bisabuelas, luego las abuelas, las amatxus… y ahora la más pequeñita ya empieza a interesarse”, cuentan con orgullo.
Mantener esa fidelidad no es sencillo en un contexto actual lleno de estímulos y competencia. “Hoy en día es muy difícil, con todo el bombardeo que hay”, reconocen. Por eso, se muestran especialmente agradecidos por una clientela que ha acompañado al negocio durante décadas.
Mirando al futuro, la incertidumbre convive con la ilusión. Aunque la siguiente generación todavía está haciendo su propio camino, no descartan que algún día pueda tomar el relevo. “Tenemos dos chavales que están haciendo su camino, como hicimos nosotros en su día, y quién sabe si en el futuro querrán seguir con el negocio”, explican. Por ahora, el legado continúa en sus manos, con la misma filosofía que lo vio nacer hace 75 años.