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Un 1 de mayo detrás del mostrador

El Casco Viejo bilbaino es un contraste entre pequeños comercios abierto y cerrados un festivo

Un 1 de mayo detrás del mostradorMarkel Fernández

Hasta hace unos años, ver a trabajadores, tanto por cuenta propia como ajena, en su puesto un día festivo era impensable, más allá de los dedicados a los servicios esenciales o la hostelería. Hoy en día, los ritmos de los consumidores así como el auge del turismo propician que más de uno suba sus persianas y aproveche los días no laborables para ofrecer a los clientes sus productos.

El Casco Viejo, punto neurálgico de las visitas guiadas para los turistas, es un escaparate de esta evolución. Un espacio donde en jornadas como la de hoy conviven pequeños comercios con franquicias y bares y restaurantes, a plena ebullición. Unos han abierto las puertas de sus establecimientos por cumplimiento de contrato, otros por voluntad propia. Los datos apuntan a que en el sector del comercio, solamente en Bilbao, se emplean más de 4.000 personas y a nivel del Territorio Histórico de Bizkaia esta cifra se eleve hasta los 10.000 trabajadores.  

Los propietarios de pequeños comercios reconocen que no les cuesta abrir un festivo, sobre todo si al día siguiente es laborable, como es el caso de mañana. Eso sí, para algunos como Kabán Lahun o Equivalenza el “domingo” es sagrado. Se adaptan a las nuevas formas de consumo y a los nuevos clientes que pueden decidir pasear por el Casco Viejo y entrar a sus establecimientos.

Recuerdos

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Los numerosos guías que cohabitan las calles con los vecinos van enseñando a los turistas las zonas más emblemáticas de este barrio y les dan la oportunidad de conocer a los pequeños comercios de cercanía, como Le Chocolat, que como reconoce ofrece “souvenirs de calidad”. Sus bombones y chocolates pueden servir del mejor recuerdo de las visitas a la villa pero también son la seña de identidad por la que los vecinos cruzan su puerta para llevarse a casa estos dulces.  

Otros detalles se pueden encontrar en La Casa de los Minerales, aunque sea un día festivo. Como indica Mari Carmen Jiménez, su propietaria, la apertura en estas jornadas, en su caso, es casi una obligación si quiere poder hacer frente a los gastos. “Soy yo la que trabaja estos días. Mis trabajadores libran los festivos”, afirma.