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Euskaltegis de AEK organizan clases gratuitas para acercarse por primera vez al euskera

El centro de Santutxu ha sido uno de los que ha abierto sus puertas en una iniciativa que nació de la ilusión de la Korrika

Euskaltegis de AEK organizan clases gratuitas para acercarse por primera vez al euskeraGaizka Portillo

Para el euskaltegi de Santutxu AEK, que desarrolla su labor en los barrios de Santutxu, Begoña y Txurdinaga, la Korrika no es un evento aislado de once días, sino un motor que debe alimentar el interés por el idioma durante todo el año. Con el fin de aprovechar esa ilusión y el contacto generado con la ciudadanía, el centro ha puesto en marcha la iniciativa 12. eguna, que busca estrechar lazos con aquellos vecinos que aún no han dado el paso de matricularse y conectar con el euskera

La iniciativa se materializa en dos jornadas clave: una clase gratuita el 22 de abril y una sesión de mintzodromo(práctica de habla) el 21 de mayo. Según explica Aitor Argote, profesor del centro, estas sesiones están diseñadas para personas que tienen un contacto "tangencial" con el euskera o que, a pesar de tener interés, sienten miedo o inseguridad al entrar en un euskaltegi por primera vez. "Es una oportunidad para que conozcan nuestra casa, nuestro trabajo y vean que se puede aprender pasando un buen rato", señala el docente.

Aitor Argote, profesor de euskera en el euskaltegi de Santutxu

Un mosaico de perfiles

La realidad del euskaltegi es "un reflejo de la diversidad del propio barrio". Madalen Pinuaga, quien lleva dos años impartiendo clases en Santutxu, distingue dos grandes perfiles de alumnos: por un lado, personas que viven en Bilbao, que no tuvieron la oportunidad de aprender antes y buscan una normalización o contacto básico con la lengua; por otro, estudiantes de niveles avanzados que necesitan titulaciones oficiales para su futuro laboral. Aitor refuerza esta idea de diversidad mencionando que en las aulas conviven vecinos de toda la vida con personas llegadas de lugares como Bolivia o Andalucía. Esta mezcla enriquece el proceso de aprendizaje, convirtiendo el euskaltegi en un punto de encuentro intercultural en el corazón de Santutxu.

Las motivaciones para aprender son variadas. Algunos llegan por necesidad administrativa, pero muchos otros lo hacen por lo que Aitor denomina una "deuda lingüística": personas que siempre han tenido el euskera cerca, pero que nunca lo sintieron como propio hasta queeventos como la Korrika les hicieron ver que ese mundo estaba "ahí al lado".

Madalen Pinuaga, profesora de euskera en el euskaltegi de Santutxu desde hace dos años

En busca de la normalización

El éxito para los profesores no se mide solo en títulos. Para Madalen, el objetivo final es la utilidad real y la normalización. "Lo más bonito es ver cómo alguien que llegó sin saber nada termina introduciendo el euskera en su día a día, logrando que su primera palabra al entrar en un bar o en el supermercado sea en euskera", afirma con satisfacción.

El centro huye de métodos rígidos y apuesta por una enseñanza participativa que se moldea según el carácter y las necesidades de cada grupo. Se busca que el aprendizaje sea un proceso natural donde el alumno se sienta cómodo para expresarse. El mensaje final de los docentes es una invitación directa a la acción: el primer paso es el más difícil, pero también el más gratificante. Como concluye Aitor, el objetivo es venir a disfrutar, porque esa sensación de bienestar es la que realmente impulsa a una persona a seguir practicando y, en última instancia, a vivir en euskera.

El 22 de mayo AEK organizará 'mintzodromos' en 65 lugares de Euskal Herria

"Deuda lingüística"

El testimonio de Mari Feli ilustra perfectamente esa "deuda lingüística" a la que se refiere el profesorado de AEK. Hija de una época en la que el euskera estaba prohibido, recuerda cómo su madre, por miedo a las represalias de una Guardia Civil que exigía "hablar en cristiano", evitaba que el idioma se usara en el hogar, llegando a decir que aquello "no era de señoritas". Mientras sus hermanas sí pudieron aprenderlo y una de ellas llegó a ser profesora, Mari Feli guardó durante décadas una "envidia sana" que afloraba cada año con la emoción de la Korrika, sintiendo que el euskera era una parte de su identidad que aún tenía pendiente recuperar.

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Ese sentimiento acumulado fue el que la impulsó a dar el paso tras la última edición de la carrera, preguntándose a sí misma: "Si tengo tiempo y ganas, ¿por qué no lo hago?". Aunque inicialmente encontró los cursos completos, la iniciativa de las jornadas abiertas le ha permitido tener su primer contacto con el aula antes de matricularse definitivamente en septiembre. Su historia personal personifica el éxito de este proyecto: convertir a vecinos que tenían un contacto emocional con la lengua en protagonistas de su propio aprendizaje, logrando que el euskera deje de ser un anhelo del pasado para convertirse en una herramienta viva en el día a día del barrio.