Vecinos de Bilbao: “Con más Policía se evitarían los delitos”
La Percepción de seguridad difiere entre los bilbainos, que no se abstraen de los sucesos más cruentos del último año
Preguntada por la nota que le pondría a la seguridad de la villa, tras un largo silencio, Marta Peláez dirime que “un 7 o un 8”. Esta estudiante de 18 años considera que “Bilbao es una ciudad segura, pero podría serlo más”. Esa misma opinión comparten muchos de los ciudadanos cuya percepción se ha visto alterada a raíz de algunos de los sucesos más truculentos del último año. El homicidio de Urreno el crimen del matrimonio octogenario de Otxarkoaga son algunos de los ejemplos más extremos que citan para exteriorizar sus temores, que en la mayoría de los casos se limitan a la posibilidad de que les roben. ¿Cómo podrían prevenirse estos sucesos? “Con más presencia policial se evitaría cualquier delito”, sentencia más de uno.
“De noche suelo pasar miedo al ir a casa. Aunque viva en la calle Ercilla, a partir de las doce no hay nadie en la calle”, afirma Marta, evidenciando que, según la edad, la preocupación respecto a la seguridad suele ser diferente. A su lado, Blanca de la Peña, una estudiante procedente de Vigo, asegura haber sentido el mismo temor tras estar de copas en Pozas y regresar a su casa pasando por el parque Doña Casilda. Por ello, agradecen toda iniciativa que les haga volver con más seguridad a su domicilio: “Hay alguna discoteca en la que los porteros te acompañan al metro o a casa si vives cerca”, revelan las jóvenes.
En el caso de Isabel Puente, la propia experiencia le hace zanjar que la seguridad deja mucho que desear. “Me han robado dos veces en casa. La última vez, el 29 de diciembre del año pasado”, relata esta bilbaina, muy descontenta con cómo se solventó la situación. “La Policía me confirmó que fueron unas mujeres, pero no llegaron a arrestarlas. Entraron en casa después de que mi hija y yo saliéramos”, detalla sobre el suceso que ocurrió a las 15.30, a plena luz del día. A su lado, otra mujer explica que en el mes de julio le robaron el bolso, mientras tomaba algo en una terraza. “Ayudaría que los policías salieran más del coche”, aseveran, aludiendo al modelo de policía de proximidad que el Ayuntamiento pretende implantar.
También apuntan a la presencia policía Conchi Nuñez, Charo Martínez y Arantza Pineda. “Nunca nos ha pasado nada y mientras no tengas experiencias en contra no puedes decir que Bilbao no es una ciudad segura”, exponen. Sin embargo, no son ajenas a las noticias que corren como la pólvora entre los ciudadanos. “Es difícil prevenir estas situaciones porque todo no se puede controlar”, consideran estas bilbainas, quienes indican que “aunque hay muchas cámaras” en la ciudad, a menudo no son disuasorias. “Quizás ayudaría que hubiera más policías de paisano, que se identificaran en el momento y pudieran pillar in fraganti a los delincuentes”, reflexionan.
Por su parte, Laura Ortiz, una colombiana residente en Bilbao desde 2004, relata que en su portal, ubicado en la calle Autonomía, hay un cartel que desaconseja salir más allá de la medianoche con el fin de evitar robos. Considera que es bastante significativo. “Los castigos deberían ser más duros. A un ladrón que se lleva 400 euros lo dejan la calle”, afirma esta mujer, quien recuerda el vídeo del caso de dos ancianas a las que golpearon violentamente en el portal de su vivienda de la calle San Francisco para arrancarles una cadena de oro el pasado mes de agosto. Aunque nunca ha sido víctima de un robo, Laura Ortiz explica que recientemente estuvo en los baños de la estación de Abando, donde unos hombres la increparon. “Solo había un vigilante de seguridad, no es suficiente”, asevera.
“Al que no sepa convivir hay que mandarlo fuera. Hay mucha gente que está demasiado protegida”, afirman, por su parte, José Antonio y Constan, residentes en el Casco Viejo. Aunque nunca han tenido “ningún susto” -“vamos a tocar madera”, añaden-, apuntan que entre las calles Iturribide y Fika hay un caldo de cultivo de personas que podrían perpetrar cualquier tipo de delito. “Es triste llegar del pueblo con el miedo de si te encontrarás la puerta de casa abierta”, considera, a su lado, María, quien apunta que debería haber más presencia policial en los puntos calientes de la ciudad, con el fin de que los focos de delincuencia estuvieran más controlados.