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“Sería imperdonable que el nuevo PGOU de Bilbao no contemplara criterios cromáticos”

Esta tarde, a las 19.30 horas, Joan Casadevall ofrecerá una charla en el Colegio de Arquitectos sobre el análisis del color en la arquitectura

“Sería imperdonable que el nuevo PGOU de Bilbao no contemplara criterios cromáticos”

Bilbao - El gabinete que dirige fue responsable del primer estudio sobre el color del paisaje urbano en Barcelona, allá por 1989. Desde entonces, Joan Casadevall ha realizado innumerables análisis cromáticos en diferentes puntos del Estado mientras promulga la importancia de que las ordenanzas municipales sobre urbanismo integren criterios cromáticos para favorecer la restauración de los edificios o la recuperación de los cascos históricos.

Si cada población tiene algún elemento, historia, materiales o colores que la hacen singular, ¿cuáles serían las características de Bilbao?

-Desconozco cuál sería su impronta cromática. Nos dedicamos a una arqueología de las fachadas a través del análisis detallado pero nuestra metodología pretende huir de los tópicos del Londres rojo o el Bilbao gris para establecer un mapa más amplio del color de su arquitectura a lo largo del tiempo.

¿Cómo es la metodología que emplean en sus estudios?

-Sacamos unas muestras de las fachadas del tamaño de una moneda y a través de su análisis deducimos qué colores tenían sus elementos. Cuando lo reúnes en una escala de ciudad permite analizar las constantes. En la recuperación de un casco histórico o la restauración de un monumento intervenimos de la misma manera que en un lienzo artístico. No es tanto una operación estética, sino desde el punto de vista patrimonial y arquitectónico en el que los colores originales tienen que ver con los materiales locales o la tradición constructiva. Contemplar estos aspectos es nuestra misión.

Popularmente se dice que Bilbao era una ciudad gris, dada su climatología y su pasado industrial. ¿Se ve reflejado en sus edificios?

-No, hay ciudades más grises que Bilbao desde esa concepción despectiva, como Lugo, A Coruña o Santiago. En ellas, a pesar de que la arquitectura era más luminosa para contrarrestar el efecto de la climatología, la contaminación o el paso del tiempo hace que se pierdan esas trazas. Cuando trabajamos en un plan especial de un centro histórico nos gusta descubrir el pasado que hemos olvidado bajo un manto gris. Los edificios van envejeciendo, y las fachadas y colores mutando. Cuando se hace una operación de restauración se tiene que tener en cuenta ese parámetro, no hay que improvisar.

¿Fue un acierto el Museo Guggenheim con sus placas de titanio?

-Creo que sí, tanto por el emplazamiento como por sus acabados. Cuando tienes que recordar Bilbao es la imagen que salta a la cabeza siempre. Normalmente esos estereotipos la gente los asume como identificadores de un paisaje.

Bilbao está inmerso actualmente en la elaboración de su nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), ¿podrían incluirse criterios cromáticos en el documento?

-Es lo que intentamos. Sería imperdonable que no lo hiciera. Todas las ordenanzas o planes especiales que se están haciendo contemplan esa revisión. Pero no debería ser una mención superflua como “los colores serán los que armonicen con el entorno”. Primero se trata de crear una voluntad política de recuperar la autenticidad del casco, después tiene que haber un interés técnico.

En esos criterios, ¿se diferencia el casco histórico de otros barrios de la periferia?

-Sí, siempre se encuentran diferencias. A veces incluso entre barrios. No se trata de una ordenanza que diga en este barrio dominarán los naranjas o los blancos. Es cuestión de analizar su historia. En las arquitectura más burguesa las fachadas acostumbran a ser más monumentalista; impera el volumen frente al color del edificio. En los cascos históricos es más importante el color. Interesa que la ordenanza no solo diga de qué color se tiene que pintar, sino cómo se tiene que restaurar. Si haces una limpieza desafortunada en una arquitectura en piedra estás matando esa piedra.

¿Cómo podría aplicar Bilbao un control cromático de sus edificios?

-Primero estudiándolo, con un especialista que realice ese análisis de los edificios históricos. Es importante que haya un departamento municipal del paisaje urbano. Si alguien se dedica a preocuparse por qué materiales o acabados tiene una fachada irá dándose cuenta de que se producen unas constantes y repeticiones que a la larga pueden repercutir en unos signos de identidad cromática para la ciudad.

¿Tienen previsto algún estudio en Bizkaia para realizar alguna ordenanza?

-Intentaré desplazarme a Bermeo estos días, donde están revisando el plan especial del casco histórico. A ver si tenemos ocasión de hablar con los técnicos municipales de Bilbao. Cuando se hace una ordenanza no necesariamente tienen que estar todos los artículos y estudios realizados, pero como mínimo se pueden aplazar. Hay muchas disposiciones transitorias.

¿El método sirve para cualquier conjunto urbano?

-La metodología científica sirve en cualquier casco histórico y ciudad. Interesa que haya una voluntad de estudiar las cosas. En el momento en el que la dejadez permite que cualquiera pinte de cualquier color nuestro paisaje empieza a chirriar. Y el ciudadano se da cuenta. A nadie se le ocurriría poner pinturas diferentes en las placas del Guggenheim; si es una intervención respetuosa con el edificio se va a procurar que esos reflejos metálicos perpetúen en el tiempo.

¿Quién o qué entidad podría realizar estos estudios?

-En torno al color se ha producido un fenómeno curioso en el Estado que se inició alrededor de los 90, con firmas comerciales de distribución de pintura que ofrecían servicios de cartas de colores. Su objetivo es el aprovechamiento comercial de nuestras ciudades. Hay muchas ciudades estatales en las que ha habido una dejadez por parte de los técnicos de la administración pública, por lo que firmas comerciales han introducido las cartas de colores.

¿Afectan los cambios sociales del entorno en la identificación del cromatismo de una ciudad?

-Claro, el cromatismo de una ciudad es su arquitectura y su sociedad. Cuando esa sociedad evoluciona genera otra arquitectura e interviene sobre la arquitectura anterior. No es que haya colores de la burguesía y colores del proletariado, es que en el siglo XIX había unos pigmentos y en el siglo XX aparecieron otros. Buscamos una receta fácil para la aplicación universal del color y que el mensaje sea claro, cuando el mensaje siempre es complejo porque es interdisciplinar.

¿Hasta qué punto se deberían aplicar criterios subjetivos a la hora de elegir los colores de una fachada?

-Nunca. Si se interviene en una fachada no puede imperar la subjetividad, hay que atender a por qué se hizo de aquella manera en su día. Hay muy pocos ejemplos de intervenciones subjetivas o aleatorias que hayan podido aguantar el paso del tiempo, como poco desentonan con el entorno. Y son criticadas por la sociedad que la contempla. Una cosa es que se hagan intervenciones efímeras en las que un artista es subjetivo en su aplicación. Aunque nunca improvisa, lo hace con una reflexión previa.

Hay comunidades de vecinos que a la hora de rehabilitar una fachada tienen opción de elegir el color.

-No debería ser así. Si en lugar de imponer un color explicas a los vecinos por qué has llegado a esa conclusión, generalmente serás bien recibido y atendido. Si les das a elegir entre varias opciones muchas veces el resultado será una disputa vecinal.

¿Qué le parecen las intervenciones artísticas que se realizan en fachadas o medianeras?

-Me parecen bien. Muchas ciudades europeas han apostado por la intervención artística. Hay casos en los que dan muy buen resultado, aunque a veces cuando se generaliza demasiado queda abigarrado. Es un aspecto a contemplar; pero, paralelamente, el edificio que lo sustenta también tiene que ser rehabilitado.