La hostelería del Casco Viejo se suma a la fiesta
Los bares del entorno de la Plaza Nueva indican que es el día más potente del año.
EN los aledaños de los 286 puestos de Santo Tomás, en el epicentro de la fiesta, los bares y restaurantes del Casco Viejo funcionaron ayer a pleno rendimiento. La imagen que ofrecían los establecimientos hosteleros de lugares como la Plaza Nueva o Unamuno era ilustrativa del impacto que tiene esta jornada para el sector. En algunos establecimientos no dudaban en calificarlo como “el día más potente del año”, otros lo situaban al nivel de los fines de semana de Aste Nagusia y, incluso al otro lado de la ría, en la calle Ledesma, indicaban que las previsiones eran las de un sábado. El de ayer fue, por tanto, un lunes muy poco habitual, también para los hosteleros, que el buen tiempo terminó de redondear.
La Plaza Nueva, con esa veintena de establecimientos hosteleros que ocupan sus soportales, fue el escenario principal de ese otro Santo Tomás que se vive en los bares, especialmente en los más cercanos a los puestos. Al mediodía ya era un hervidero de gente que se dividía entre los puestos del centro de la plaza y los bares de los lados. En el Ekain habían hecho los deberes de cara a la cita, conscientes de que, como el año pasado, podía tratarse de un lunes de pleno bullicio. “Es uno de los días más fuertes del año, quizá el más potente. Podría haber algún día de fiestas de Bilbao similar, pero aquí, en la Plaza Nueva, es seguramente el día de más trabajo. Lo que hacemos es cargar muy bien el almacén; preferimos que sobre. La idea es organizar todo muy bien antes de que empiece el jaleo”, explicaba Ibai Barrios, encargado del bar.
En locales como el Ekain, además, tratan de adaptar la oferta a una jornada tan señalada como la de ayer. “Hemos encargado 18 cajas de txakoli, cada una con 12 botellas, y otras 10 de sidra, con el mismo número de botellas. El que otro día te pide un crianza hoy se toma un txakoli, se nota diferencia. Los pintxos también son algo diferentes”, explicaba.
hora punta En el Bacaicoa, de la plaza Unamuno, también tenían esta fecha marcada en rojo en el calendario. “En nuestro caso es con diferencia el día más fuerte del año. Las previsiones de bebida y comida de un día fuerte las multiplicamos por tres de cara a Santo Tomás. Entre la una y las cuatro de la tarde, y a partir de las siete, estamos a tope”, explicaba Benito Orue-Rementeria, que ayer había bajado a echar un cable a su hijo Kerman, encargado de este establecimiento clásico con medio siglo a sus espaldas y 14 años en esta ubicación.
Este enorme impacto que tiene Santo Tomás es posible porque se trata de una fecha especialmente señalada para los consumidores, hasta el punto de que en muchos casos el día en que caiga no es óbice para disfrutar de la fiesta. En el exterior de uno de los bares de la Plaza Nueva, Idoia Orduna y Ana Becerra, de Algorta y Bilbao, habían cogido el día libre en el trabajo para poder disfrutar sin preocupaciones de la jornada. “Mañana habrá que trabajar, pero hoy hemos pedido libre en el trabajo la mayoría de las amigas. La idea es ir de bares y también de txosnas, nos gustan las dos alternativas. Sí que es cierto que es un día en el, por tradición, tiras más de txakoli u otros productos”, explicaban estas dos treintañeras mientras esperaban al resto de amigas.
A escasos metros, el dueño del bar Sorginzulo, Pedro Cinos, se afanaba en que todo estuviese en orden para responder a la clientela que ayer atestaba el establecimiento. “Es un día muy fuerte, pero nosotros solemos trabajar bien en general y llega un momento en el que no cabe más gente en el bar. Santo Tomás es uno de esos días en los que tocas techo porque es un bar pequeño y ya estás en el límite. También tiene sus inconvenientes y hay momentos en los que hay demasiada gente para poder atenderla como te gustaría, a pesar de que tenemos más personal que cualquier sábado”, indicaba.
El efecto de Santo Tomás también se dejó notar ayer en algunos restaurantes del Casco Viejo, donde algunos fieles a esta cita incluso organizaron comidas. En el Anboto de la calle Jardines tuvieron el comedor completo. “Trabajamos con un menú especial a 25 euros, en vez de con el menú de todos los días, que es de 13 euros. El cupo de reservas lo hemos completado con grupos no muy numerosos y el comedor se llenará. En días como Santo Tomás trabajamos muy bien, tanto en barra como en el comedor”, explicaba Iera Oleaga. En el restaurante Kasko, de Santa María, también apostaron por un menú similar al del fin de semana, a 26 euros, y también llenaron. “Este tipo de días vienen muy bien al Casco Viejo”, explicaba el responsable del restaurante, Loren Cuellar.
Los puentes de El Arenal y el Ayuntamiento fueron durante buena parte la jornada de ayer una especie de frontera entre un Bilbao que funcionaba a su ritmo habitual y otro que lo hacía a ritmo de fiesta. La jornada, no obstante, también se dejó notar más allá del Casco Viejo, según aseguraba Sheila Novoa en el Tramuntana de la calle Ledesma: “Las previsiones que hemos hecho para hoy son las de un sábado en cuanto a materia y personal. Hemos preparado talos y se vende más sidra y txakoli. No se percibe tanto como en el Casco, pero se nota.”
En el Kafe Antzokia la jornada también se dejó notar a medida que avanzaba el día, tal y como indicaba al otro lado de la barra Resu Uriarte, vestida de casera para la ocasión. “Por la mañana no se percibe excesiva gente, pero a partir de comer se empieza a ver más movimiento de lo habitual. El ambiente va a más a medida que avanza el día y, ya por la tarde, mucha gente cruza el puente hacia aquí”. La previsión de cara a la noche era la de un sábado normal, de manera que la jornada se despediría con el sol apunto de asomar. Una forma de culminar un lunes muy particular, redondo para quienes tuvieron la suerte de disfrutarlo y muy agradecido para los hosteleros.