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Diferentes caras de una tradición que cada año cobra más fuerza

La cita del agro vasco al aire libre más grande de cuantas se celebran en Euskadi cobra cada año más fuerza gracias a la labor que realizan las miles de personas que la convierten en única

Diferentes caras de una tradición que cada año cobra más fuerza

TODAS y cada una de las piezas que se colocan en El Arenal y en la Plaza Nueva de Bilbao son imprescindibles para dar forma cada año al gran puzzle que forma la feria de Santo Tomás. Un rompecabezas perfecto, repleto de aromas que transforma la urbe bilbaina en la gran cita del agro vasco. Mil caras en torno a una tradición. Se trata de un evento que cada año acoge a más fieles, a más personas que hacen posible que esta costumbre se mantenga viva. Una tradición que, tal y como aseguraba ayer Tomasa, vecina de Elorrio, “no debemos perder”. A sus 89 años todavía recuerda cuando desde el caserío familiar su aita bajaba con sus mejores galas a la capital para abonar la renta anual a los propietarios de las tierras.

La mayor fiesta del agro vizcaino al aire libre se ha consolidado gracias al anclaje de cada una de la piezas. La feria no sería lo mismo sin el esfuerzo que realizan personas como Aitor Intxaurraga, elaborador de sidra de Lea Artibai; Izarne Sarrionandia, productora de Igorre, o Juan Sacristán, de Gamiz Fika, que ayer colgó con esmero innumerables sartas de chorizos y de txistorra que llevaban elaborando desde hacía días. Ni son todos los que están, ni están todos los que son. Son solo un pequeño ejemplo de lo que se mueve en torno a esta feria. “Estos días son agotadores. No es solo la feria, sino los días previos en los que no paramos organizando las cajas con el producto que vamos a vender”, dijo Juan Sacristán. La jornada también fue muy larga para Aitor Intxaurraga. A las 7.00 de la mañana ya se asomaba por El Arenal bilbaino para descargar las ciento de cajas de sidra Laneko, elaborada con manzana vizcaina y que ayer se volvió a convertir en uno de los productos estrella. “A la gente le gusta mucho y forma una gran combinación con el talo y el chorizo”, afirmaba. Y es que son pocos los que se marchan sin degustar un talo con txistorra, chorizo, morcilla o bacón. Todas las combinaciones son igual de apetecibles. Lo importan es elegir esa txosna en la que tanto el producto como el talo están para chuparse los dedos.

Los de la txosna Laskituerrota de Loiu, situada al lado del kiosco del El Arenal, llevan dieciséis años acudiendo a la feria de Santo Tomás. Aun de noche, sacaron cientos de bandejas repletas de esa masa compacta que durante horas y horas amasarán para convertirlas en los tan apetecibles talos. “No tenemos ni idea de cuántos talos venderemos hoy. Es un sin parar; uno tras otro durante toda la jornada. Terminamos agotados”, apuntaba una de las personas que ayer golpeaba con la mano la masa de la harina. “La clave es hacer bien la masa, pasarlo previamente por el horno, y, después cocinarlo bien”, explicaba. Julen, vecino del barrio de Santurtzi, hizo una parada en el trabajo para probar el talo con morcilla de la txosna de Loiu. “Siempre me escapo. Suele estar muy rico, trabajan muy bien”, destacó el joven bilbaino. También hay quien prefiere elaborar en casa este manjar que antaño en los caseríos vascos se cocinaba como sustituto del pan y se consumía también haciendo sopas en la leche o acompañados de quesos, azúcar, crema de manzana o intxaursalsa. Ana Mari se acercó por el puesto Sarrionandia/Atutxa para comprar una bolsa de harina. “En Bilbao, la gente compra mucho para hacer talos. De un kilo salen 15 talos”, dijo Izarne.

La feria de Santo Tomás está repleta de nombres propios que convierten este evento en cita ineludible también para personas que llegan a la villa desde muy lejos. Sanny y Sergio, ella brasileña y él de Bilbao, se vistieron ayer de caseros junto a su hija Isabella. “Es la primera vez que me visto así y estoy feliz”, dijo Sanny. La pareja vive en Brasil y todos los años adelanta el regreso a la villa para estar en Santo Tomás. “Es la mejor fiesta”. Así es Santo Tomás, un puzle compuesto de mil caras. Una feria única, en una ciudad también única.