"El museo tiene una potencialidad grande para enganchar a la gente"
Llegó en septiembre a su nuevo cargo al frente del Museo Marítimo, que le ha permitido volver a casa. Afronta esta nueva etapa con ilusión y muchas ganas por abrir al público unas instalaciones en las que, afirma, se explica el pasado y se anticipa el futuro de Bilbao
bilbao. Lleva muy poco tiempo como director del museo, desde septiembre del año pasado. ¿Cómo llegó a este cargo?
Yo trabajaba en Iruñea con director general de una empresa de procesos bancarios; a nivel profesional estaba muy, muy bien. Pero estaba fuera de casa, llevaba ya dos años y eché el currículum casi por echar, no estaba buscando un nuevo trabajo de forma activa. Ni siquiera sabía que el puesto era para el Museo Marítimo.
¿No lo sabía?
No. El anuncio pedía algo así como un director gerente de institución cultural, no lo recuerdo muy bien. Fui pasando un montón de entrevistas hasta que me dijeron qué era. Mi primera reacción fue pensar en la grúa Carola. En mi imaginario infantil están las grúas, ir con mis aitas en el coche, el limpiaparabrisas puesto para el sirimiri y las grúas. Me hizo mucha ilusión y, además, suponía volver a casa. Es un trabajo apasionante.
¿Qué le une a la ría?
Yo vengo como gerente, no soy experto en temas marítimos; vengo a gestionar unos recursos, unas personas, unas ideas... Es en lo que puedo aportar valor. Pero tengo ese sentimiento de apego a la ría y a nuestro pasado industrial. Mis padres han tenido un comercio en el Casco Viejo toda la vida y he vivido siempre encima de la Ría.
¿Había visitado el museo con anterioridad?
Sí, pero admito que no muchas veces.
¿Ha descubierto algo nuevo?
Sí, muchísimas cosas. Muchas historias de los astilleros, de las embarcaciones que hay en los diques, de la sala de bombas, del propio Consulado y la falúa...
¿Cómo le gustaría ver el museo?
Lo que más me gustaría es que fuera un lugar de encuentro de los bilbainos, que lo sientan como propio, como que les representa y acoge... Y que lo muestren con orgullo al visitante foráneo. Me gustaría que se viera como lo que es, un museo divertido, atractivo, riguroso... Un museo único, porque no es un museo marítimo al uso; es un museo que cuenta la historia y la evolución de la Ría. Me gustaría que en el nuevo museo se hablara también del futuro.
¿Cuál es su rincón preferido?
A mí me gusta Carola, desde mucho antes de que llegara al museo. Me gusta el Bilbao actual, pero me gustaba mucho también el Bilbao industrial, potente. Y Carola simboliza ese pasado y es a la vez amable, porque cuenta una historia. Dentro del museo hay bastantes txokos muy chulos por descubrir; por ejemplo, una bala de cañón que un marinero prometió a la Virgen de Begoña si, tras un ataque, llegaban a puerto. Merece la pena descubrirlos.
¿Lo recomienda a sus amigos?
¡Por supuesto! Les traigo a todos. Estoy todo el día vendiendo el museo, que además se vende muy bien... El que lo conoce le gusta.
¿De qué se enorgullece más?
Quizá suene a tópico, pero es verdad: del equipo de personas que trabaja aquí. Es un equipo pequeño, ocho personas, pero que me han acogido muy bien, nos hemos acoplado bien y creo que podemos sacar adelante un proyecto bonito.
Un informe del TVCP calificaba el proyecto de inviable. ¿Le preocupa el futuro del museo?
No. Nosotros miramos hacia adelante y eso son temas pasados. Somos optimistas; tenemos un plan y una potencialidad importante. Estamos dinamizando el museo para hacerlo cercano, participativo y atractivo, y estamos trabajando en un proyecto que va a ser ambicioso, potente, que va a aportar valor a Bilbao y va a enganchar a la gente.