BILBAO. Cerrar la cita ya es un jeroglífico a la bilbaina. "A las siete y media, en la peluquería de Carbonell". El lugar es insólito, máxime cuando una vieja bilbainada comienza, se acordará la gente de más edad, con aquello de "hay un paraje en Bilbao, no dais con él (bis),/ es la peluquería de Carbonell." Carbonell es, según los cronicones de la época, el ladino francés al que le tocó la lotería. Al final, Josu Ortuondo cede y traslada la cita al balcón de Bilbao, a la sombra de los árboles amortiguan un mediodía caluroso. Sobre la balconada desde la que el monte Artxanda mira a Bilbao, Josu Ortuondo, comienza su relato...

Estaba usted tranquilo, en las oficinas del Baco Vizcaya cuando...

Xabier Arzallus me llama en 1987 y me dice que era hora de dar un paso al frente, que me hiciese cargo de EiTB. Yo no tenía ambición política alguna y de la noche a la mañana me vi inmerso en ese cargo.

Iba asentándose, y de repente.

¡Zas!, Otra llamada. Era el año 1991 y esta vez quien me llama es Javier Atutxa para hablarme del proyecto de Ayuntamiento de Bilbao.

¿Qué sintió?

¿la verdad?

¡La verdad!

Que era un marrón cargado de responsabilidad. Pero a su vez que era una oportunidad maravillosa para hacer algo por mi ciudad.

¡Y aceptó!

Por marzo me hicieron la pregunta y aunque tardé un poco decidirme,. pronto vi que tenía que dejar EiTB y dedicarme en cuerpo y alma a preparar un proyecto que basé en cinco puntos.

¿Estaba ya en su cabeza algo semejante al Guggenheim?

¡Ni soñarlo! Yo pensaba en Bilbao como capital del eje atlántico, desde Dublín hasta Lisboa. Para ello, insisto, tenía cinco hitos.

Recordémoslos

Una reconversión medioambiental y urbana centrada en la recuperación de la ría y un nuevo Plan general de Ordenación Urbana, multiplicando por diez las zonas verdes y los saneamientos. Era un Bilbao abatido y hacía falta un impulso.

¡Misión de titanes!

Enlaza con el tercer punto. Bilbao había agotado la riqueza natural del os siglos XIX y XX y había que pensar en otra riqueza: sus gentes. Se hacía imprescindible cambiar el chip e impulsar el carácter emprendedor de este pueblo.

Llegamos al cuarto hito...

Las comunicaciones. El reto era mejorar las infraestructuras, pero también la telecomunicación, la forma de llegar a la gente lo más rápido posible. El Ayuntamiento tuvo página web mucho antes que cualquier otra institución pública.

Insisto: no veo el Guggenheim por ninguna parte...

Llegamos al quinto punto. Queríamos encontrar un hito cultural que proyectase la imagen de Bilbao hacia el exterior, un buque insignia.

¡Ahora, ahora!

La primera noticia que tuve nada más llegar al Ayuntamiento es que estaba en quiebra. Debía 2.000 millones de pesetas de la época. Lo único posible era poner la Alhóndiga a disposición del una idea.

Pero...

Faltaba la financiación. Contacté con Diputación y Gobierno vasco. Lo primero que me dijo el lehendakari Ardanza era que no fuese como José Mari Gorordo, sin explicarle qué iba a hacer en el interior.

Problemas y más problemas...

Me había fijado en el centro Pompidou de París, algo que llamase la atención. Quedé con José Alberto Pradera y Joseba Arregi para ver qué opciones había y nos dimos 15 días para buscar proyectos.

Y en ese tiempo...

Pedro Ruiz Aldarsoro, de Pausoka, me habló del Guggenheim, de su deseo de expandirse en Europa. Pensaban en Salzburgo pero había dificultades técnicas. Nos dijimos ¡qué oportunidad! Contactamos con Thomas Krens y, tras asumir sus exigencias, fuimos a hablar con el vicelehendakari, Jon Azua.

Ya con un plan...

Le hicimos ver que no había mejores socios que los judíos estadounidenses, un lobby muy poderoso en la primera potencia mundial.

Hecha la apuesta, entra en escena Ghery...

Desde la terraza de la Alhóndiga nos pidió subir a Artxanda y desde el mirador le llamó la atención el puente de La Salve. Sacó una cartulina y, con cuatro trazos, dibujó un esbozo del museo abrazándose al puente. ¡Lo quiero ahí!, dijo.

¡Acabáramos!

Eso dije yo. El suelo no era municipal. Eran ruinas industriales: una chimenea de Ybarra y Bergés y la metalistería Velasco. Las negociaciones con ambas partes fueron arduas, créame.

Hasta que un día se hizo la luz.

El Guggenheim se encontró con una fuerte contestación popular pero un día, de la noche a la mañana casi, la opinión pública cambió.

Volvamos: ser alcalde es...

Una responsabilidad. Es la institución más cercana. El vecino te llega, te toca, te echa el aliento...

No soñaría con ello de pequeño...

¡Qué va! Yo jugaba en los campos de Deusto e iba al Colegio de Santiago Apóstol. La primera vocación que tuve era la de ingeniero.

¿Antes que la de futbolista del Athletic?

No, no, es verdad. Esa fue primero. En casa teníamos un loro al que llamaba Carmelo porque yo le tiraba bolitas y el las paraba. Le enseñé a cantar el Alirón y cuando nos deshicimos de él estuvo un tiempo en la pajarería bilbaina de Indautxu, donde alcanzó mucha fama.

¿Cuándo supo que no era posible?

Tenía bastante resistencia. Yo iba de Deusto al colegio a la carrera, pero era muy delgadito. Un día me dieron un golpe jugando y me salió un huevo en la rodilla que no vea. Ahí ya me di cuenta que...

...el Athletic sería una ilusión que seguir desde la tribuna.

Y desde la radio. Yo quería ser ingeniero electrónico. Compraba piezas en Radio América, un local de Iturribide, y fabricaba radios de galena con las que oía Radio París.

¡Un manitas!

Con siete años montaba la instalación eléctrica del belén en casa y construí un teatrillo con su pantalla para proyectar el Cinexin. Un día provoqué un cortocircuito y dejé sin luz la casa. Mi madre me dijo; déjalo hijo, que te electrocutas.

El fútbol y el Athletic, la electrónica... ¿recuerda cuándo llegó el momento en que se dio cuenta de que ellas también existen?

Ja, ja, ja. Siempre hay un momento así, ¿verdad? Dejémoslo en un verano en La Rioja, once años y una chica de San Sebastián.

Y eso que Euskadi está considerado un feudo del matriarcado...

No sin razón, sobre todo en la costa donde los hombres de la mar estaban mucho tiempo lejos de casa.

Y tierra de palabra.

Aún se valora la palabra de vasco para cerrar un negocio. En mi escala de valores está arriba. Si la rompiese, me rompería por dentro.

¿Que hubiese hecho el alcalde de ayer con los indignados de hoy?

Me trae dos reflexiones. Una primera, el gran poder de internet y las redes sociales, capaces de superar cualquier barrera.

Es le lenguaje del siglo XXI...

Sin duda los políticos tendrán que ir a Twiter o a Facebook si quieren llegar al pueblo. Pero es una comunicación cada día más rápida y más superficial. La sociedad está perdiendo criterio en general. Ahora hay mucha lucecita, mucho flash, pero falta reflexión social.

¿Y ese segundo pensamiento?

Que hay mucha verdad en lo que dicen. Ésta es una crisis provocada por la ambición de los superpoderosos y el desinterés del resto. Ahora parece que se despierta, aunque las formas no son, en ocasiones, las idóneas. Se puede protestar sin faltar al respeto a los demás.

De Bilbao a Europa... ¡Halehop!

Europa sigue siendo un conflicto de conceptos entre los intergubernamentales que nacieron con Wiston Churchill y los federalistas, la democracia cristiana de Adenauer.

¿Los Estados Unidos de Europa?

Creo que hubo ocasión cuando se forjó la Europa de los quince pero había intereses estratégicos donde no interesaba una Europa fuerte.

¿No son buenas las ampliaciones?

Europa es hija de Grecia y de Roma, pero también del renacimiento, la Ilustración y la revolución francesa. Uno ve, por ejemplo, el interés de Turquía por entrar y no acaba de ver qué tenemos en común.

¿No es peligroso hacer una segregación religiosa?

No es eso. El cristianismo destruyó el google de su época, la Biblioteca de Alejandría porque aquel saber contradecía a su Dios. Esa visión ya la superó algo que, intuyo, no ha sucedido en el mundo musulmán. Turquía tiene un crecimiento demográfico de 3,1 hijos por familia mientras que en el resto de Europa la media es de 1,1, lo que hace pensar en la expansión del Islam en dos generaciones. ¿Se imagina una Europa musulmana tras el 11-S?