Marea negra en Miribilla: la afición del Surne Bilbao responde al llamamiento ante el Valencia
El club solicita teñir las gradas de su color identitario para el encuentro de cuartos y los seguidores responden con un buen ambiente en la previa del encuentro
El Surne Bilbao quiere empezar a ganar el trascendental partido ante el Valencia Basket antes del salto inicial. Quiere que el equipo taronja sienta bajo su piel que Miribilla no desea que se acabe ya la temporada. Que quiere forzar, al menos, un partido más. Porque las vacaciones y la playa pueden esperar cuando en juego está el tercer encuentro de todos unos cuartos de final de la Liga Endesa.
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Por eso, si bien primero fue el técnico Jaume Ponsarnau quien hizo un llamamiento a la afición para que llene el Bilbao Arena, después fue el mismo club quien pidió a todos aquellos que se acerquen al pabellón que lo hagan vestidos de negro. El color del Surne Bilbao. El color de las grandes citas.
Y es que el conjunto vizcaino busca vivir otra de sus grandes noches de baloncesto y, para ello, sabe que necesita a esa marea que llevó en volandas a sus jugadores hacia el segundo título consecutivo de la FIBA Europe Cup. Recrear ese ambiente mágico y tan magnético que atrajo a extraños y primerizos a los dos partidos frente al PAOK de Salónica se antoja complicado. Porque una final es el equivalente a las campanadas y lo de hoy, al fin y al cabo, todavía son los cuartos.
Pero, aún así, la masa bilbaina está respondiendo al llamamiento del club, así que para el pitido inicial Ponsarnau podrá alinear al Bilbao Arena como el sexto hombre. Porque de negro ya va vestido. De esta forma, la iniciativa está cerca de encontrar lo que busca: convertir el pabellón en una olla a presión desde el primer minuto. Ante un rival de la entidad y el presupuesto del Valencia Basket, el cuerpo técnico y la directiva saben que el factor cancha y la comunión con el público son activos indispensables para igualar la balanza.
La afición también es consciente de ello y, por ello, ha acudido a la llamada. Así, el escenario está listo, las cartas se han puesto sobre la mesa y la marea negra ha cumplido su palabra. Ahora, la pelota está en el tejado de los jugadores, que saltarán al parqué respaldados por un muro humano monocromático dispuesto a empujarlos un poquito más cerca de las semifinales.
