Que muchos estudiantes ya no subrayan apuntes, no hacen esquemas, ni se preparan preguntas para exámenes de test es una realidad. Ahora les basta con pedírselo a la inteligencia artificial (IA) y en unos pocos segundos ya lo tienen todo hecho.

La irrupción de herramientas como ChatGPT está siendo tan veloz como imprevisible en sus efectos. En apenas dos meses desde su lanzamiento en noviembre de 2022 ya alcanzó los 100 millones de usuarios, y entre el 60% y el 80% de los universitarios reconoce haberla utilizado para estudiar. Sin embargo, la pregunta que hay que hacerse no es cuántos la usan, sino qué consecuencias tiene sobre su memoria.

El experimento de André Barcaoui

En este momento hay más intuiciones que pruebas concluyentes sobre este asunto. Entre los estudios llevados a cabo figura un ensayo citado por Wired y firmado por la periodista Ritsuko Kawai, que recoge el trabajo del investigador André Barcaoui en la Universidad Federal de Río de Janeiro (Brasil). Este experto se lanzó a comprobar si estudiar con inteligencia artificial afecta a la retención de los conocimientos a largo plazo.

El experimento dividió a 120 estudiantes de administración en dos grupos: en uno de ellos podían usar IA generativa libremente y en el otro no. Estos últimos estudiaron con los métodos tradicionales basados en libros, artículos académicos y búsquedas convencionales. Ambos grupos prepararon el mismo contenido y lo expusieron.

Hasta ahí todo fue normal. Sin embargo, la diferencia llegó después, cuando pasados 45 días -un plazo elegido para ajustarse al ritmo natural del olvido- los estudiantes se enfrentaron a una prueba sorpresa de 20 preguntas tipo test, centradas en la comprensión. Los resultados reflejaron una diferencia notable: el grupo que estudió con los métodos tradicionales obtuvo una media de 6,85 sobre 10, frente al 5,75 del grupo que utilizó la IA.

Mesa de oficina con un móvil y un portátil listos para usar la IA y ChatGPT.

La descarga cognitiva

Podría pensarse que la explicación es simple y que podría deberse a un menor tiempo de estudio, pero tampoco encaja del todo. Es cierto que quienes usaron la IA dedicaron unas 3,2 horas a estudiar frente a las 5,8 del grupo convencional. Sin embargo, según Barcaoui, incluso ajustando esa variable, la desventaja se mantiene; es decir, no se trata solo de cuánto tiempo se estudia, sino de cómo.

Es aquí donde aparece un concepto clave y es la "descarga cognitiva". Cuando el esfuerzo se externaliza, el cerebro también se relaja y, si la respuesta llega ordenada, limpia y lista para usar, desaparece una parte esencial del aprendizaje, en concreto, la reconstrucción activa del conocimiento. Dicho de otra manera, no es lo mismo leer una respuesta que llegar a ella.

La dificultad deseable

La psicología del aprendizaje, por su parte, lleva tiempo advirtiendo de esto en lo que denomina la "dificultad deseable". Recordar cuesta, y ese coste es al final una ventaja porque enfrentarse a la duda, equivocarse, volver atrás o reorganizar ideas forman parte de un proceso que va a fortalecer la memoria a largo plazo. Si la inteligencia artificial elimina todo ese trayecto, lo que queda es una comprensión más superficial y mucho más frágil.

Barcaoui lo resume con la expresión "habilidad prestada". Esto quiere decir que la sensación de entender es inmediata, pero engañosa, ya que el estudiante cree dominar el contenido porque lo reconoce, pero no porque pueda reproducirlo o explicarlo sin ayuda. Y esa ilusión, precisamente, es quizás el riesgo más difícil de detectar.

Evidencia experimental

Es cierto que el estudio de Barcaoui tiene límites evidentes como son una muestra concreta, abandonos durante el proceso o una falta de seguimiento detallado de cómo estudió cada grupo. Sin embargo, aún así, ofrece una evidencia experimental de que la IA generativa puede dificultar la retención del conocimiento.

Esa conclusión no implica demonizar la herramienta, sino que el propio investigador propone otro enfoque: usarla como un tutor y no como un sustituto. Es decir, pensar primero y consultar después porque, aunque aprender, en el sentido más clásico, sigue siendo un ejercicio incómodo y lento, tiene sus ventajas.