La importancia de un partido es la misma antes y después, no depende o se modifica a conveniencia, en función del resultado. Si de antemano al partido se le adjudica una trascendencia y ello genera una expectativa, la que sea, una vez celebrado no se puede pasar de largo o guardar en el cajón del olvido solo porque la cosa no fue bien.
El Athletic acaba de afrontar una semifinal de Copa, nada más y nada menos; un compromiso de máximo interés por corresponder al torneo favorito del club y de sus seguidores. No en vano, se trata del marco competitivo donde ha labrado su prestigio. Bueno, pues todas estas precisiones, sin duda objetivas, no han servido para espolear al equipo dirigido por Ernesto Valverde. Es que ni siquiera han tenido algún efecto que pudiera catalogarse como positivo.
En el desarrollo del doble duelo con la Real Sociedad, el Athletic no ha hecho sino corroborar la evidencia en la que lleva chapoteando desde el pasado verano: es un colectivo desnortado, frágil, con una gama de recursos impropia de un aspirante a un premio que no sea certificar una permanencia holgada en la categoría. En otras palabras: continúa inmerso en una crisis de juego alarmante, por más que desde dentro de la entidad o desde diversos foros se pretenda alentar la ilusión del aficionado aprovechando la mínima excusa.
El último intento por reflotar artificialmente el proyecto ha sido esa serie de victorias a costa de medianías, en concreto los más firmes candidatos al descenso, que permitió escalar varios puestos en la clasificación. El azar quiso reunir a todos los chollos en la agenda rojiblanca coincidiendo con un momento de agobio, pues se había colocado el Athletic a tres puntos de distancia del hoyo. Así pudo ir engordando su cuenta, hasta diez puntos de doce posibles, al tiempo que iba dejando su imagen hecha jirones sobre la hierba, pero lo que vale es lo otro.
La penúltima excusa para insuflar alegría al desfile de la mediocridad, por si alguien lo ha olvidado, fue el milagro de Bérgamo, con razón mundialmente conocido. Fueron quince minutos en que Navarro, tocado por los dioses, destrozó a una Atalanta que antes mantuvo durante una hora al Athletic sin que supiese ni por dónde le daba el aire.
Fiasco en Anoeta
Bueno, pues tras dar cuenta de Levante, Oviedo y Elche y de rescatar un puntito en Vallecas, la opción de voltear una semifinal que se torció en San Mamés, poco para lo que pudo ser, aparecía como una oportunidad asequible. El punto de inflexión pendiente y probable, el trampolín que a buen seguro iba a alterar por completo el apagado signo de la temporada, propiciando una nueva juerga en Sevilla y encima, siendo contra el Atlético y no el Barcelona, por qué no un nuevo título.
Realmente es increíble que a estas alturas de la película haya quien aún conciba como viable una transformación radical, que de la noche a la mañana todo aquello que no funciona lo haga y sirva para quitar de en medio al vecino, que da la casualidad de que juega bastante bonitamente, ha enlazado una pila de marcadores que lo acreditan y goza de ventaja en la eliminatoria. Ah, y que todo esto, encima, ocurra en Anoeta.
Antes de que el balón empezase a rodar, ya solo el detalle de ubicar a Vivian en el lateral hizo que la moral cayese a la altura de las plantas de los pies. Pero no pasa nada, luego con decir que una decisión de este tipo es un riesgo en un partido decisivo, queda resuelto porque el chaval “se ha fajado bien”. Y tanto, Vivian pudo perfectamente batir un récord coleccionando no menos de tres amarillas, pero…
Si hace falta que Vivian pase a la banda para girar por completo el rumbo de la temporada, quién responde por los doce millones que costó Areso. Con dos meses y pico por delante, hay margen para hincarle el diente a cuestiones como la referida, que son unas cuantas, ni una ni dos ni tres.
Terminado el paupérrimo espectáculo brindado por el Athletic (una ocasión de gol en 180 minutos y cuando iba perdiendo por dos tantos), se asistió al impagable turno de declaraciones centradas en un penalti detectado por el VAR con el partido muriendo. Como si fuese relevante en un contexto mediatizado por el frustrante comportamiento rojiblanco, como si en la ida no se hubiera omitido otro penalti, por mano flagrante de Laporte, que le podría haber ahorrado al Athletic el desplazamiento a San Sebastián.
A Iñaki Williams se le ocurrió decir que no había visto la acción, pero que le habían contado que si tal que si cual y remató: “Que se piten todos o ninguno”. Vale.
La pura verdad es que a este Athletic se le ha olvidado hasta defender, lo que mejor hizo el año anterior y le aupó a la Champions, y justo la parte más fácil del fútbol. Que no esté Prados se nota, resulta obvio, pero no debería ser para tanto. Lo de atacar mal y rematar peor obedece en gran medida al déficit de forma y disponibilidad de los delanteros titulares, pero no es de recibo que este bloque, con el portero que tiene, conceda goles casi en cada cita.
Athletic-Barça — Mañana, 21.00 horas
Girona-Athletic — Sábado 14, 14.00 horas
Athletic-Betis — Domingo 22, 18.30 horas
Getafe-Athletic — Por definir
Athletic-Villarreal — Por definir
Athletic-Osasuna — Por definir
Atlético-Athletic — Por definir
Alavés-Athletic — Por definir
Athletic-Valencia — Por definir
Espanyol-Athletic — Por definir
Athletic-Celta — Por definir
Real Madrid-Athletic — Por definir
Julen Agirrezabala fue operado ayer en Gasteiz por el doctor Mikel Sánchez de su rodilla izquierda, según comunicó el Valencia, club en el que está cedido por el Athletic hasta final de temporada. El de Errenteria se dañó el menisco en una acción fortuita durante el entrenamiento del pasado viernes en Paterna, cuando se encontraba a las puertas de recibir el alta tras sufrir a principios de enero una importante lesión muscular.
El Valencia no informó del tiempo que permanecerá fuera de los terrenos de juego el portero ni de la dolencia exacta, pero con tan solo dos meses y medio de competición por delante es poco probable que vuelva a jugar hasta la próxima temporada. De hecho, el guipuzcoano podría no vestir más la camiseta del Valencia.
La entidad che debería abonar alrededor de 10 millones de euros al Athletic para activar la opción de compra.