Reaccionó el Athletic en Vallecas para agregar a su contabilidad un punto más que, junto a los nueve coleccionados en las jornadas previas, convierte este tramo liguero en el más fértil de la temporada. Tuvo mérito el empate por cuanto fue consecuencia directa de una mejora notable en el rendimiento a partir del descanso. Antes, exhibió un nivel muy deficiente, lo que le expuso a recibir un castigo mayor que el único tanto obtenido por el cuadro madrileño en dicho período. Hubo motivos de fundamento para temerse lo peor viendo a los rojiblancos deambular, impotentes para evitar que el Rayo se creciese, pero luego salieron como un tiro del vestuario, enseguida Iñaki Williams estableció la igualada en el marcador y hasta la conclusión, en líneas generales, tuvieron controlado el desarrollo del juego.
Las tablas son un reflejo bastante fidedigno de lo presenciado sobre la irregular superficie del recinto vallecano, nada que desentonase con el precario estado de la estructura el completo. Y aunque el perjuicio fue idéntico para los dos bandos, la disposición fue bien distinta, al menos en el comienzo. Sin embargo, luego se apreció una enmienda, era eso o el partido se le hubiese escapado definitivamente a un Athletic que, además, tuvo que asimilar la baja por lesión de Galarreta. Víctima de una incidencia aparatosa que afectó a uno de sus hombros, el centrocampista fue relevado, pero pudo regresar al banquillo para ver en directo los últimos minutos.
El Rayo, dominador
Cabía esperar que el impulso proporcionado por las tres victorias consecutivas se manifestase en una cita bendecida por la estadística, pero muy al contrario lo que se vio durante un rato largo fue un repasito del Rayo. Con su inoperancia, el Athletic estuvo en un tris de favorecer que el primer acto condicionase totalmente el signo del resultado final. Hubiese ocurrido de no mediar las intervenciones de Simón, el único que expuso argumentos sólidos para frenar a un conjunto muy superior en intención, brega y velocidad.
Y ello pese a que, de entrada, el Athletic pareció que salía dispuesto a retar al anfitrión, yendo arriba a presionar y amagando con varias acciones fabricadas en torno a Sancet. La impresión no duró demasiado, lo que tardó el conjunto de Iñigo Pérez en activar bazas como el envío en largo y esos despliegues tan característicos con dos, tres o más hombres lanzados a la carrera en vertical hacia el área contraria. Por ejemplo, con Isi y Álvaro reunidos en la misma banda para amargar la existencia a Areso, o con Ratiu y Akhomach, en la opuesta, donde las ayudas de Unai facilitaron el trabajo de Yuri.
A raíz de un simple cambio de juego, Pacha pudo probar a Simón, quien palmeó a córner. Iban solo tres minutos. Antes del décimo, Lejeune cabeceaba sin oposición una falta botada de lejos por Gumbau y el portero se estiraba al máximo para rozar la pelota y que esta golpease en la madera. Todavía amagaba el Athletic, que ahí se quedó, en el amago, mientras el Rayo fue elevando el ritmo para exponer su eléctrico catálogo ofensivo. Batalla permaneció inédito, eso sí, participando con su buen toque como uno más en el acoso sobre el área visitante.
Gran actuación de Unai Simón
El trabajo se le acumuló a Simón y a nadie extrañó que pasada la media hora De Frutos estableciese la ventaja. La jugada al completo fue sintomática, con el Athletic a merced de la verticalidad del adversario, sus líneas desbordadas y muy expuestas. Los hombres más adelantados no tenían peso alguno, aislados, sin apenas conectarse, la zona ancha no lograba ni sujetar ni templar y los centrales carecían de referencias claras para situarse, tenían que saltar a gente que venía de segunda línea y llegaban tarde. Antes del 1-0 pudo marcar el ariete y también Álvaro. Después, repitió suerte De Frutos, que se marchó solo y picó a la red, pero había arrancado con medio metro de ventaja sobre la zaga y el tanto fue anulado.
La descorazonadora imagen grupal reclamaba un giro urgente. El Rayo se había quedado en propiedad exclusiva el fútbol, la ambición, el fuste. Y sonó con fuerza el despertador. Prontísimo, puntual: Simón sacó muy largo, por cierto una tónica a la que se abonaron ambos metas, el recién ingresado Berenguer cedió atrás de cabeza y el capitán, que no había dado una a derechas, realizó un control y sin dejar que botase agarró una volea imposible para Batalla.
Reacción del Rayo
El golpe se sintió en las filas locales, vaya que sí. Iñigo Pérez no tardó en meter tres caras nuevas para coger de nuevo la batuta. Entre una cosa y la otra Galarreta cayó mal y fue relevado por Rego. El Athletic había vuelto a amenazar con un centro cruzado de Williams que no halló destinatario y un tiro centrado de Berenguer, que aportó lo suyo. Aquello ya no guardaba relación alguna con lo sucedido antes del intermedio. No obstante, el Rayo recobró parte de su repertorio, disfrutó de más balón y protagonizó varios acercamientos. Así, hubo hasta tres pases que atravesaron el área de lado a lado para sembrar de inquietud al personal, también un par de tiros sin potencia resueltos sin problemas por Simón.
No se contabilizó más actividad en el área de Batalla en la media hora final, Valverde tardó mucho en dar un respiro a Sancet y al reaparecido Jauregizar por aquello de la Copa, pero lo realmente interesante fue comprobar que delante de un conjunto con personalidad el Athletic funcionó como bloque. Se desenvolvió con la suficiencia exigible a un equipo que pretende picar alto en la clasificación y que este sábado, por encima de todas las cosas, quería traer un premio a casa. Fue un punto, habiéndole sobrado medio encuentro tampoco le dio para más, pero se trata de perseverar en las buenas costumbres y continuar sumando.