Todavía colea el fuerte impacto causado por el milagro de Bérgamo. Se comprueba en cómo se ha extendido en el entorno, y acaso en el vestuario, la creencia o la esperanza de que tendrá un influjo directo en el comportamiento de los hombres de Ernesto Valverde ante el Sevilla. Todo va a hacer falta en este nuevo compromiso de la recién iniciada segunda vuelta de la liga y en ese saco entra también que los rojiblancos acierten a prolongar, o cuando menos rentabilicen en alguna medida, el estado de gracia que les permitió machacar a la Atalanta en un cuarto de hora mágico. Asumiendo la imposibilidad de reproducir un episodio similar, ya sería un avance que en la capital andaluza el Athletic se beneficie del empujón anímico que se trajo de Italia.
La trascendencia que se le adjudica al encuentro que esta tarde acoge el Sánchez Pizjuán no está sujeta a debate. Es verdad que solo se ponen en juego tres puntos y que no es ninguna final porque en enero no hay finales en el campeonato de liga, pero se enfrentan equipos que arrastran una problemática similar, llevan demasiado tiempo jugando con inseguridad y llegados a estas alturas del calendario eso les empieza a pesar mucho.
Si ambos, separados por tres puntos, se ubican en la mitad baja de la clasificación, más cerca del pozo que de la gloria, no es por casualidad. El caso del Athletic no hace falta desgranarlo aquí, se ha hablado y escrito muchísimo al respecto de su crisis. Lo curioso, aunque es la perspectiva del que viene de más atrás, es que pudiera parecer que el Sevilla llega a la cita de hoy en condiciones de dar un salto y alejarse del peligro que le persigue desde el comienzo del campeonato porque habría reaccionado en las últimas semanas.
Pero qué va, ha sucedido lo contrario: desde que a finales de noviembre perdió en su derbi, además jugando como anfitrión, solo ha sumado cinco puntos de 21 posibles y fue apeado de la Copa. Un drama en toda regla que ha agitado hasta límites insospechados todas las cuentas pendientes entre los diversos estamentos de la entidad. El ambiente en el sevillismo, ese mundo tan particular, no ha dejado de recargarse de forma peligrosa. Salvo Matias Almeyda, el entrenador, que transmite una extraña serenidad, el resto de los estamentos no disimulan su nerviosismo.
El precedente
Al Athletic este desplazamiento le debe recordar mucho al anterior. En Son Moix aguardaba un rival agobiado y en el Pizjuán se repite la historia. Hombre, sería de agradecer que, al contrario que en la isla, los árbitros pasasen desapercibidos y eludiesen tener un papel estelar. Por lo demás, el paralelismo resulta evidente. Para la ocasión, Valverde recupera a tres potenciales titulares: Yuri, Nico Williams y Berenguer. Ni Laporte ni Iñaki Williams están disponibles aún, al igual que Lekue y Guruzeta, quienes cumplen sanción por las tarjetas recibidas en la jornada previa. Peor es el panorama en las filas andaluzas, cuya lista de descartados incluye a: Nianzou, Azpilicueta, Januzaj, Alfon, Vargas, Alexis Sánchez, Marcao y Mendy.
En el once del Athletic tendrían plaza fija Unai Simón, la pareja de centrales, Vivian y Paredes, así como Galarreta y Jauregizar (apuntar que este, suspendido, no estará el miércoles ante el Sporting de Portugal). En ataque, Sancet, Nico Williams y Navarro, este más que nada por exprimir su inspiración, a pesar de que tuvo que completar el partido contra la Atalanta. Areso sería la primera opción para el lateral derecho, pues el miércoles apenas intervino en favor de Gorosabel, mientras que Yuri aventajaría a Adama, aunque causase baja en Champions por unas molestias musculares.
La mayor incógnita se localizaría arriba del todo, posición a la que optarían Unai y Berenguer. Según qué busque Valverde, qué tipo de partido presuma, le pueden valer el uno o el otro, y también hay que considerar que noventa minutos dan margen para aprovechar las alternativas de que se dispone. Eso sí, los escogidos y aquellos que se incorporen sobre la marcha, no pueden guardarse nada. Como si disputasen una final de verdad.