Ver para creer. El Athletic salió dañado de Son Moix en un encuentro en el que predominaron los errores sobre los aciertos, especialmente en clave rojiblanca, ya que los de Ernesto Valverde aún no se explican cómo pudieron perder un partido en el que se hincharon a generar ocasiones de gol, la mayoría de ellas muy claras, pero se toparon con la actuación estelar del meta bermellón Leo Román, al margen de que les penalizó sus desajustes defensivos y especialmente las decisiones arbitrales, en concreto los dos penaltis en contra de los leones decretados por Guzmán Mansilla.

Lo mejor: La avalancha ofensiva y el nuevo idilio de Unai Gómez con el gol

El juramento de Ernesto Valverde pillado por las cámaras tras el tanto de Nico Williams que suponía el 2-2 –“Me toca los cojones que no podamos ir ganando este partido”– retrata la sensación amarga que anidaba en un Athletic que facturó un altísimo número de ocasiones de gol como para haberse ido al descanso con una ventaja considerable y, lejos de ello, dejó con vida a un afortunado Mallorca. Los goles son puro oro en el fútbol y este Athletic a día de hoy solo luce bisutería en su pegada, ya sea por inoperancia o por méritos del portero rival, como sucedió ayer; de ahí que esa fata de contundencia explique que su media goleadora recorridas veinte jornadas de liga no alcance la media de gol por partido.

Los leones, así y todo, proyectaron argumentos para haberse llevado una victoria que se le escapó en el primer acto y en el tramo final del duelo, curiosamente cuando competía en inferioridad numérica tras la expulsión de Gorka Guruzeta y que condicionó el devenir del encuentro. Uno de los nombres propios en esa faceta productiva el de Unai Gómez, que firmó el 1-1 con un disparo certero con su zurda, con lo que logra su primer tanto en la presente liga, precisamente cuatro días después de haberse estrenado en el compromiso de Copa en el Reino de León. Bien es cierto que un cuarto de hora después el de Bermeo, que ha dado un paso adelante, perdonó el 1-2, con un golpeo que lo intuyó Leo Román para despejarlo.

Lo peor: Los penaltis decretados y los desajustes defensivos

El fútbol es un nicho de imprevistos a lo largo de los noventa minutos de un partido y el Athletic fue víctima de ellos, algunos por culpa propia y otros por lo ajeno. Porque el conjunto rojiblanco continúa asomando una debilidad defensiva que aumenta la desazón del entorno athleticzale, incrédulo ante la facilidad de los rivales para batir la meta bilbaina. El datos es demoledor, los de Ernesto Valverde han encajado once goles en los tres partidos, casi cuatro por encuentro, más recientes –Barcelona, Cultural de Leonesa y Mallorca– y diez de ellos han llegado a lo largo del primer periodo, una sangría que solo puede ocasionar daños irreparables.

Cierto es que dos de los goles recibidos anoche por Unai Simón se produjeron por los discutidos penaltis, especialmente el segundo, decretados por el inefable José Luis Guzmán Mansilla y que desquiciaron al conjunto rojiblanco, y que, para echar más sal a la herida, tuvo más daños colaterales con la segunda amarilla que vio Gorka Guruzeta y que dejó a su equipo en inferioridad numérica con más de veinte minutos por delante. Es la segunda expulsión que sufren en cuatro días los leones por irse de la boca, unas reacciones irreflexivas que deben corregir por mucha razón que puedan tener. Esto es fútbol profesional y estos calentones se pagan muy caro, ya que es la institución, la Junta Directiva, la que debe protestar en otras instancias lejos de los focos.