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El colchón de agosto y la crisis del Athletic

El pleno del inicio le mantiene octavo e impide que el balance de septiembre a enero le hunda en la tabla

El colchón de agosto y la crisis del AthleticPankra Nieto

Durante este fin de semana la clasificación recupera la normalidad, en el sentido de que todos los participantes volverán a figurar con la misma cifra de partidos jugados. Hasta ahora no era así debido a que en diciembre se adelantaron dos encuentros, Athletic-Real Madrid y Barcelona-Atlético, para facilitar que estos cuatro equipos acudiesen a la Supercopa en Arabia Saudí precisamente esta semana. Por tanto, en adelante todos los clubes registrarán en sus casilleros los 19 partidos de la primera vuelta. Con una salvedad, puesto que Levante y Villarreal aplazaron en diciembre su cruce a causa de una alerta meteorológica y jugarán el 11 de febrero.

A fin de tener una perspectiva clarificadora del desempeño del Athletic en la liga, sin esperar siquiera al resultado de los partidos previstos para hoy y mañana lunes, bastaría con rehacer la clasificaciónomitiendo los resultados de las tres primeras fechas correspondientes al mes de agosto. Es obvio que semejante alteración distorsiona el estado auténtico del campeonato y que, desde la óptica del Athletic, conlleva un perjuicio notable en su balance puesto quefue capaz de resolver con un pleno de triunfos las citas de dicho mes.

De hecho, solo Madrid y Athletic firmaron tres victorias coincidiendo con la apertura del calendario oficial. Gracias a ello compartieron el liderato, fueron entonces primero y segundo. Computados los 19 partidos figuran como segundo y octavo, pero si se borrase lo ocurrido en agosto, la situación experimentaría un cambio radical: mientras el Madrid conservaría la segunda posición, el Athletic pasaría a ubicarse en la frontera que delimita la permanencia y el descenso.

Significa que igualaría a puntos con un Getafe que, según acaba de decir Bordalás, está en ruina por escasez de efectivos, o con el Alavés, y solamente tendría por detrás a Levante, Valencia y Oviedo, exactamente los equipos que cierran la clasificación verdadera.

El valor de esta simulación radica en que demuestra fehacientemente la deriva que protagoniza el equipo de Ernesto Valverde desde septiembre. Refleja la gravedad del bajón de su rendimiento, pues por algo directiva y cuerpo técnico insisten en que la liga es la competición que da de comer al club. Y por algo a la liga se le denomina torneo de la regularidad.

La revisión de la trayectoria rojiblanca entre septiembre y enero produce desasosiego. De entrada, la media de puntuación es inferior a la unidad por partido: 15 puntos en 16 citas. Tal es el fruto de cuatro victorias y tres empates. Las derrotas ascienden a nueve. O sea: encadena cuatro meses a un nivel competitivo ajeno a los cálculos que podían barajarse a la conclusión del curso anterior o en pretemporada y, cómo no, después de haber superado en agosto a Sevilla, Rayo y Betis.

La intencionada resta de los nueve puntos cosechados en el arranque del campeonato pretende valorar la dimensión de una crisis que hace tiempo empezó a instalarse en el seno del equipo y ha ido mermando el potencial de la plantilla de modo irreversible. Habrá quien no lo ha visto venir o ha preferido no verlo, incluso no faltarán los que se han caído del guindo con el fiasco de la Supercopa, pero los problemas estaban ahí, minando las aspiraciones deportivas y la imagen.

Efecto pantalla

Sucedía que ese colchón de nueve puntos ha relativizado, cuando no tapado, lo que se cocía de puertas para adentro y afloraba en los partidos. ¿Cómo? Amortiguando en la tabla las consecuencias del declive. En septiembre y octubre, aunque el juego, el acierto y la solidez se resintiesen, los puestos europeos seguían estando a tiro. Y así ha sido hasta hace poco.

Tiene triste gracia, pero esos nueve puntos que lógicamente son propiedad del Athletic, que los obtuvo con algo de fortuna, pero mostrándose resolutivo, en la línea de los buenos equipos, a la larga han funcionado como un biombo o una pantalla que impide ver la realidad. A la vez que permitía a Valverde y sus hombres sostener un discurso muy benévolo aplicado a un funcionamiento deficiente.

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Entre todos se alimentó la teoría de que el despertar llegaría más pronto que tarde, porque sí, por inercia, que era cuestión de ajustar detalles y volverían a relucir las cualidades del mejor Athletic. En diciembre se intuyó que la reacción tomaba cuerpo de una santa vez al derrotar al Atlético de Madrid y aguantarle el tirón cuatro días después al campeón continental, el PSG, pero qué va. Enseguida reaparecieron esas puestas en escena que por un rato maquillan la inconsistencia: reveses ante Celta y Espanyol y empatito en El Sadar.

Impacta ver en esa clasificación alterada al Athletic tan cerca del pozo y además rezagado con respecto a Real, Girona, Sevilla o Mallorca, todos atravesando por serios apuros este curso. Pero ese panorama podría reproducirse en la clasificación buena de no mediar un salto cualitativo inmediato. En breve le toca visitar Son Moix y el Pizjuán.