Los deberes de Marcelino en el Athletic

El escarnio de La Cartuja obliga al técnico a recuperar el efecto de la Supercopa, a hacer autocrítica y a acertar en la gestión de los derbis en liga frente a Real y Alavés antes de encarar la segunda final de Copa

05.04.2021 | 01:24
Marcelino García Toral gesticula en la zona técnica de La Cartuja.

Los rostros en el hotel de concentración del Athletic en Sevilla retrataban el domingo por la mañana en toda su crudeza la desolación que supuso la dolorosa derrota frente a la Real Sociedad en una final que quedará grabada en la retina del athleticzale como una pesadilla. Se tardará un tiempo en digerir el amargo trago del sábado en La Cartuja, a donde regresa el Athletic en una docena de días para jugar su segunda final consecutiva en el torneo del K.O., en este caso contra el Barcelona y correspondiente a la presente edición. Esta cita, con todo, queda aún distante en el calendario y tanto al vestuario rojiblanco como al propio técnico les toca hacer autocrítica, reflexionar en toda su profundidad y poner los remedios necesarios para evitar que se repita un fiasco que, por lo menos en las formas, no se lo esperaba casi nadie o muy pocos. El golpe ha sido muy duro y, para echar más sal a la herida, el Athletic se reencuentra, ya en partido de liga, este miércoles con la Real, en Anoeta, donde le tocaría hacer pasillo al vigente campeón de Copa y con la autoestima tirada por los suelos. El destino es así de caprichoso y cruel en clave Athletic.

Las imágenes de la final de Copa. Fotos: Borja Guerrero

Fueron muchos los leones que salieron señalados en este derbi histórico, pero también salió lastimado Marcelino García Toral, al que su colega en el banquillo donostiarra le ganó la partida prácticamente desde el minuto cero. La puesta en escena de la Real estaba cantada y también la del Athletic, pero la diferencia la marcó el matiz competitivo y la lectura de la letra pequeña del partido, que se magnifica más cuando el análisis se efectúa a toro pasado. El asturiano fue fiel a su idea pero la interpretación fue totalmente opuesta, nada que ver con la que maravilló en la final de la Supercopa, lo que generó su alta incredulidad entre la masa social rojiblanca, que rebobinó en cierta medida lo sucedido en la final de la Europa League de Bucarest en mayo de 2012. Dos semanas después de aquella decepción ante el incipiente Atlético de Madrid de Simeone el Athletic de Bielsa volvió a depreciarse en la final de Copa ante el Barça. O sea, un escenario muy semejante al actual, aunque los de Marcelino, y varios de sus jugadores supervivientes de aquellos dos momentos, deber tomar nota de los sucedido y retomar cuando antes el espíritu de la Supercopa.


Iñaki Williams se queja en un momento de la final. Foto: Borja Guerrero

Marcelino tiene pendientes ciertos deberes en las fechas venideras. Nada más sucumbir en la final se dirigió a cada uno de sus pupilos para fundirse en un estrecho abrazo en su intento de consolar a un grupo muy cabizbajo. Son ya cuatro finales de Copa perdidas en solo una docena de años. La procesión va por dentro y se conoce que el de Villaviciosa estaba muy dolido en su interior. Como desveló en la entrevista concedida a este diario una semana antes del cita del sábado, no lleva nadie bien lo de perder y recalcó su carácter ganador, del que apenas hubo rastro ante una Real que salió mucho más enchufada que el Athletic. El técnico, por tanto, asume que le toca hacer terapia grupal y volver a conectar a sus hombres. Su primera asignatura por resolver es convencer a los futbolistas, varios de los cuales decepcionaron, de que la derrota ante el equipo realista debe quedarse en un accidente y aprender de ella, sobre todo porque el calendario no dar un respiro. La consigna es muy manida. No eran tan buenos entonces, en la Supercopa, ni son tan malos ahora tras su pobre versión en la Copa.

Al Athletic le toca pasar página por mucho que cueste y Marcelino ya maneja el próximo partido, de nuevo ante la Real. El matiz mental también será determinante. El colectivo del forofo Imanol recibirá al conjunto rojiblanco en pleno subidón, lo que tiene su doble lectura, mientras que los leones se presentarán en Anoeta con el disgusto aún metido en el cuerpo, pero conscientes de que una victoria aliviaría, y mucho, todos los males. El de Villaviciosa deberá centrarse también en el plano deportivo y hacer autocrítica en las decisiones en las que se equivocó el sábado, que no fueron pocas a tenor del desenlace. Encontrar a la pareja ideal en la parcela ancha le está ocasionando más dolores de cabeza de lo previsto y deberá reinventarse en otro concepto bien diferente al que se presenció en La Cartuja. El Athletic no está en condiciones de tirar la liga de antemano y dejarlo al todo o nada para la final ante el Barça, que sí da el premio gordo del billete a la fase de grupos de la Europa League además de la conquista de la Copa número 25 para la entidad bilbaína, ya que un nuevo revés le dejaría en tierra de nadie y sin alicientes en lo que restaría de la competición de la regularidad.

dos derbis más
 

El Athletic visita el miércoles a la Real y el sábado recibe en San Mamés a un Deportivo Alavés que se está jugando la vida. Son dos derbis de máxima exigencia en un intervalo de 72 horas y con la final del día 17 en el horizonte. Se intuye que Marcelino reservará en Anoeta de inicio a varios de los titulares en La Cartuja y recurrirá a un plan B al igual que ha ocurrido en partidos precedentes, como ante el Granada en San Mamés. Algunos de sus fijos asoman síntomas de desgaste, como los casos de Muniain y Williams, o el propio Berenguer ya no es el decisivo de encuentros no tan lejanos. El duelo frente al Alavés entraña otra prueba de fuego, a una semana vista de la finalísima con el Barça, y el resultado en Donostia puede hacer variar la idea de Marcelino, porque una nueva derrota con la Real, al margen del escarnio emocional que generaría, conllevaría la despedida definitiva de cualquier objetivo europeo vía liga. Una victoria, en cambio, mantendría viva la llama, que no es poco con la que está cayendo desde las once y media de la noche del pasado sábado.

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