El Athletic habita en la luna de Valencia

Los responsables institucionales y deportivos del club persisten en sostener una situación que se hace más difícil de asumir a cada semana que pasa

20.12.2020 | 01:14
Jon Morcillo, junto a Gaizka Garitano, en la matinal de ayer en Lezama. Foto: Borja Guerrero

Bilbao – El Athletic sumó tres puntos a costa del Huesca y evitó así que su situación se agravara. Logrado el objetivo prioritario, queda a criterio de cada uno la valoración de lo que deparó el partido: la forma en que se llegó al 2-0, el rendimiento y las sensaciones ofrecidas por el equipo. Y aquí se percibe cierta unanimidad en medios de comunicación y redes al considerar que con un juego muy deficiente que le condenaba al empate, el Athletic ganó porque casi al final halló la complicidad de la fortuna. En síntesis, la opinión más extendida subraya que los deméritos se vieron compensados por el generoso influjo de ese factor que, según los profesionales, no ha dejado de penalizarles desde el comienzo de la temporada.

La lectura de Gaizka Garitano fue por otro lado. Admitió las serias dificultades de sus hombres para fabricar juego y crear peligro en la primera mitad, panorama que a su juicio experimentaría una mejora sustancial en el manejo del balón con el correr del cronómetro que se tradujo en la victoria. Recordó la trayectoria del Huesca, las pocas derrotas que ha sufrido y su elevado número de empates, prueba todo ello de que no se trata de un enemigo sencillo, cuestión esta de la que no dudaban en la caseta. Asimismo, reconoció que la urgencia pesó en el ánimo de los jugadores, conscientes de que "había que ganar sí o sí" al conjunto que después del resultado de San Mamés cierra la clasificación.

De nuevo cuesta compartir la visión del entrenador. A sabiendas de que sus análisis de cara al público siempre se rigen por el comedimiento, sostener una vez más que el equipo lo hizo bien (en la segunda parte) no tiene un pase. No debería costar tanto aceptar que el comportamiento defraudó porque sencillamente cualquier equipo tiene días malos y este lo fue sin ningún género de dudas. Dejado a un lado el marcador, apenas hubo aspectos rescatables en el desarrollo de la propuesta. Se falló colectivamente y en el plano individual fueron contados quienes no suspendieron. Y entre los que no dieron la talla cabría incluir al propio Garitano, responsable único de la elección del once y de los retoques sobre la marcha.

A estas alturas de la película, contemplar las penurias del conjunto en un compromiso que era de "ganar sí o sí" (en este punto el acuerdo es pleno), genera hartazgo. Ya van catorce jornadas sin que se aprecie una reacción, una respuesta convincente que ataje los problemas. Una remontada, una goleada, algún empate ganado a pulso y poco más que produzca alegría o cuando menos tranquilidad ha brindado el Athletic, embarcado en una dinámica caracterizada por la irregularidad y unas prestaciones sin gracia que han convertido la contemplación de sus citas en un exigente ejercicio de paciencia.

Asegura con solemnidad Aitor Elizegi que Garitano disfruta del máximo crédito por parte de la directiva, lo cual es rigurosamente falso como se han encargado de airear a diestro y siniestro los inquilinos de Ibaigane. No es verdad ni ahora ni desde hace meses. Al técnico se le ha mantenido en el cargo por diversas razones: una, la ausencia de criterio en el área deportiva, donde sigue prevaleciendo la opinión del presidente; dos, que los sucesivos aplazamientos de una medida traumática desaconsejan a los dirigentes actuar según se aproxima la celebración de la Asamblea. Quieren eludir a toda costa que se embarre aún más el escenario institucional y quizás lo que están alimentando es el efecto contrario con su parálisis y esa política de a ver si suena la flauta en tal o cual partido mientras la tabla maquilla la pobreza argumental del equipo. Prolongar este estado de cosas empieza a ser peligroso y quienes ostentan las responsabilidades están acusando la presión, no pueden disimularlo y cabe que alguno ni quiera hacerlo ante el pálpito de la calle.

Seguramente, Jon Ander de las Fuentes, hombre de números, no pertenece a la facción de los más nerviosos, aunque el subconsciente también le traicione. Unas pocas horas antes del espectáculo con el Huesca, el contador de la Junta Directiva se explayó a gusto en una entrevista y entre otras perlas soltó la siguiente: "Hay una cosa que me está preocupando desde dentro. Creo que somos una institución ejemplar, la envidia de todos los equipos. Todos los equipos nos dicen: lo que estáis haciendo, el sacar un equipo profesional, no sólo masculino sino femenino, estar al máximo nivel jugando sólo con gente de la cantera, chapó. Es algo que realmente lo tenemos que poner en valor. Y mi sensación, quizá también porque la pandemia nos está volviendo un poquito menos pacientes, es que estamos machacando la institución y eso es lo que me preocupa. Es decir, al socio le podrá gustar más o menos lo que unos directivos del club son capaces de hacer o de decir, pero creo que somos excesivamente cáusticos y negativos con la institución. Que me perdonen algunos clubes, pero tengo la sensación de que cada vez nos parecemos más al Valencia, ¿vale? Y creo que todos los que estamos en este club y somos socios y aficionados siempre hemos querido que se nos distinga de unos y de otros, y para eso pediría que todos tuviéramos un poco más de paciencia, que haya mucha comunicación y que haya crítica porque es bueno. Pero los que estamos aquí estamos con la misma ilusión y desinterés que puede tener cualquier otro socio, con el matiz añadido de que nos estamos jugando nuestro patrimonio personal, por lo que si alguien duda de que las cosas se estén haciendo de la mejor manera que sabemos pues creo que se está equivocando. Otra cosa es que dejemos a todo el mundo satisfecho".

¿El Valencia? No hay nada que añadir.