El valor añadido que impulsa al Athletic

La masiva salida de veteranos, hasta siete en solo un año, además de alterar la composición del vestuario va a examinar su nivel de implicación

28.07.2020 | 00:11
Aritz Aduriz, Beñat Etxebarria, Markel Susaeta y Mikel San José, cuatro de los veteranos que han salido del Athletic los dos últimos cursos, junto a Ander Capa y Mikel Balenziaga en un entrenamiento de 2018.

Las despedidas se suceden en el Athletic. En el período de un año contabilizado desde el final de la temporada 2018-19 hasta la conclusión de la 2019-20, han dejado el equipo seis jugadores con un pasado relevante en el club, a los que presumiblemente se sumará un séptimo en breve, Iago Herrerín. Cada cual ha escrito su página, aunque más apropiado sería decir que por tratarse de gente que se hallaba por encima de la treintena sus aportaciones darían para llenar sendos capítulos. Todos dejan huellas perfectamente identificables. Bastaría con seguir su rastro para conocer y entender una parte sustancial de la historia moderna del equipo, no en vano la mayoría de ellos completaron más de una década vistiendo la camiseta rojiblanca.

Son seis, o siete, experiencias que, entrelazadas, han sido fundamentales para dotar al equipo de un notable nivel competitivo. Suele ocurrir que cuesta apreciar lo de casa en su justa medida, por lo que acaso sea preciso analizarlo con cierta perspectiva y se evalúe como merece más adelante. Todavía está muy reciente su presencia, el desempeño de su labor sobre el campo, de hecho Iago Herrerín (25-11-1988), Mikel San José (30-5-1989), Aritz Aduriz (11-2-1981) y Beñat Etxebarria (19-2-1987) han formado parte de la plantilla hasta hace unos días, pese a que solo el portero haya tenido la oportunidad de despedirse del club sobre el campo. Una vieja lesión lastró a Aduriz, quien optó por anunciar su adiós con antelación y pasar por el quirófano siguiendo el consejo médico, mientras que el papel de Beñat y San José ha de catalogarse de irrelevante durante la temporada. Sus últimas actuaciones fueron en febrero y marzo respectivamente.

De este repaso se deduce que ninguno de los cuatro ha podido gozar de protagonismo. Su ocaso ha venido a coincidir con la finalización del contrato. Era obvio que el club no tenía intención de ofrecerles la posibilidad de continuar. Algo parecido vivieron en la campaña anterior Markel Susaeta (14-12-1987), Ander Iturraspe (8-3-1989) y Mikel Rico (4-11-1984). Sobre todo, estos dos, sin hueco en los planes de Eduardo Berizzo y Gaizka Garitano. El caso del capitán se movió en otros parámetros. Fue el decimotercero de la plantilla en minutos de competición, pero debido a que en el tramo final de la liga su participación cayó en picado.

CRITERIO TÉCNICO
 

Una vez visto cómo han acabado, por diferentes motivos pero todos ellos lejos de su mejor momento y hablamos de gente que tuvo un peso específico indiscutible en el Athletic, abocados a la postre a desempeñar un papel secundario o ni siquiera eso, cabe concluir que su marcha responde a criterios técnicos. Afirmar que les ha penalizado la edad no sería realista, puede que en calidad de veteranos acusaran en alguna medida el desgaste derivado de trayectorias dilatadas, pero salvo Aduriz, que había destrozado cualquier previsión de longevidad, al resto le quedaba o le queda cuerda. Aunque no para demostrarlo aquí a tenor del discurrir de los acontecimientos, que es como decir porque los responsables del Athletic son de otra opinión.

Una vez sopesado el relativo impacto que genera esta salida masiva en términos deportivos, convendría calibrar si no tendrá consecuencias en algo vital para la suerte del equipo como es el ambiente que se respira en el vestuario. Un valor añadido que siempre se reivindica como el secreto que permite elevar el potencial del Athletic, especialmente en época de vacas flacas, pero asimismo en situaciones que por su exigencia reclaman un plus, un impulso extra. Por ejemplo para codearse con los rivales mejor dotados.

Ese espíritu combativo que, según la leyenda, anida en la caseta rojiblanca nace de la identificación con el escudo de los integrantes del grupo. Mamar desde la infancia lo que es y significa el Athletic no es suficiente para ganar partidos, aunque seguro que ha contribuido a resolver favorablemente centenares. Es un fenómeno que no precisa un manual adjunto para su comprensión. Sencillamente, siempre ha sido así gracias a que en el grupo ha prevalecido el sentimiento. O si se prefiere, ese fervor se ha agregado a las cualidades inherentes a la profesionalidad. En realidad, lo descrito no es sino la clave del vínculo que el aficionado mantiene con su club, solo que en el Athletic suele estar plenamente arraigado en la plantilla y esto es algo que raramente se detecta en los demás clubes.

HECHOS EN CASA
 

Puede que la marcha casi de golpe de hasta siete jugadores que no eran dudosos en este tema afecte de algún modo. Hablamos de tipos que, con la excepción de Rico, se formaron desde críos en Lezama, futbolística y humanamente. De futbolistas que subieron cada peldaño de la escalera hasta instalarse en el primer equipo, varios de ellos con paréntesis en otros destinos que no les desviaron del sueño de vestir la camiseta de sus amores. Aduriz, descartado en tres oportunidades, o Rico, que tuvo que esperar un montón de años para que el club se fijase en él, ilustran esa fijación por jugar en San Mamés.

Todos ellos sumaban para la causa y ya no están. El testigo pasa ahora a otras manos. Aún permanecen Óscar De Marcos o Mikel Balenziaga, que acumulan muchos servicios en la casa, al igual que Iker Muniain, pero gran parte del grupo lo componen hombres con un recorrido corto en el Athletic, por edad o porque se incorporaron con sus carreras avanzadas. Entre todos deberán asumir esa labor de concienciación colectiva. A muchos hay que pedirles que den un paso al frente y prediquen con el ejemplo, como hacían los que ya no están. Porque, en definitiva, el club necesita que en el vestuario esté encendida la llama que fomenta la implicación y el respeto a las esencias.

Desde luego, los episodios que han precedido la salida de algunos de estos veteranos, léase Susaeta un año atrás y Beñat y San José hace menos de un mes, carecen de encaje en un contexto ideal. Ni la sensación de abandono por parte de la institución que les acompañó en la antesala de su adiós ni el severo contraste que supuso el trato dispensado a Aduriz, están alineados con los valores mencionados, pero como esto no para, aparte de transmitir agradecimiento a los que faltan, no está de más refrescar a los que siguen de qué ha ido siempre esto del Athletic.