ATHLETIC: Iago Herrerín; Capa, Yeray, Iñigo Martínez, Yuri Berchiche; Williams, Dani García, Beñat (Min. 76, San José), Muniain (Min. 67, Córdoba); Raúl García (Min. 85, Guruzeta) y Aduriz.

VALLADOLID: Masip; Javi Moyano (Min. 74, Borja Fernández), Kiko Olivas, Calero, Nacho; Keko Gontán (Min. 75, Antoñito), Rubén Alcaraz, Míchel, Óscar Plano; Leo Suárez (Min. 60, Verde) y Enes Ünal.

Goles: 1-0: Min. 45; Aduriz, de penalti. 1-1: Min. 92; Óscar Plano.

Árbitro: Sánchez Martínez (Comité Murciano). Mostró tarjeta amarilla a los locales Dani García, Yeray, Raúl García, y a los visitantes Míchel y Keko.

Incidencias: Partido correspondiente a la decimoséptima jornada de LaLiga, disputado en San Mamés ante 42.633 espectadores, según datos oficiales. Entre ellos unos centenares de seguidores visitantes. Último partido de Josu Urrutia como presidente del Athletic.

El Athletic malgastó una excelente oportunidad para quitarse buena parte de la presión que sufre por culpa de una errónea gestión del cruce con un flojo Valladolid. En vez de perseverar en la línea de jornadas anteriores, parcialmente mantenida hasta el descanso, fió su suerte exclusivamente a la defensa de la mínima ventaja de que disponía y lo pagó con la resta de dos puntos en el tiempo añadido. El empate supone un duro castigo para un equipo en su situación, pero resulta innegable que tentó en exceso la suerte, que estuvo muchos minutos jugando con fuego y acabó quemándose para desilusión de todos. De los propios futbolistas y de una grada que trató de insuflarles ánimo al comprobar cómo iban cediendo al empuje de un Valladolid que en realidad hizo muy poco para puntuar.

Se puede apelar al infortunio si se quiere buscar consuelo, más que nada por el instante en que se gestó la igualada, en una acción discutible además por la posición de Plano, el hombre que remató a la red de un Herrerín inédito. El árbitro no dudó y el VAR se mantuvo al margen, mientras que sí revisó el lance a favor sancionado como penalti en primera instancia por el colegiado. Fue una mano como una casa, su autor ni chistó y quizá unas décimas de segundo antes también Raúl García fue objeto de falta, pero hubo que esperar unos segundos a que se confirmase la infracción.

Luego, se asistió a lo único que pasará a la posteridad del choque, la ejecución de Aduriz desde los once metros. Una maravilla de la que no se recuerda antecedente alguno. Aduriz aguantó junto al balón a que el árbitro mandase chutar y amagó con tomar carrerilla, pero únicamente dio un paso para tomar impulso y, en parado, colocar un chut ajustado al poste izquierdo de un Masip tan sorprendido como el resto de los presentes. Si frente al Girona el ariete optó por la fórmula que lleva en nombre de Panenka, con una picadita suave por el centro, lo de ayer quizás sea una modalidad que en adelante se conozca por su apellido.

El gol aportó cierto relieve a lo que podría haber sido una victoria liberadora, pero faltó criterio y entereza para apuntalar un marcador que tenía todas las trazas de ser suficiente garantía de éxito. Con el 0-0 había ofrecido el Athletic una actuación muy pragmática. Puso el máximo empeño en la contención, no dejó que el Valladolid atravesara la línea divisoria, haciendo gala de una intensidad brutal en cada disputa y con eso gozó de un control absoluto. El problema estuvo en la pobreza del fútbol. Es evidente que Gaizka Garitano no acertó con el once. Williams y Muniain, las novedades de salida, fueron un auténtico lastre, su desacierto tuvo una efecto grave en el despliegue, pues anuló ambas bandas.

El tesón de Capa no bastó para compensar la nulidad de la citada pareja, que aparte de favorecer el repliegue visitante dejó sin suministro a Aduriz y Raúl García. El equipo se atascó, la circulación fue paupérrima. Sin ritmo y verticalidad por los costados, el tímido Valladolid nunca se vio apurado. Antes del penalti apuntar un tiro flojo y centrado de Capa a cesión de Aduriz, listo para ganar un rebote. No hubo más y huelga añadir, porque es el pan nuestro de cada día, que la estrategia fue un arma inútil.

Sin otro aliciente que el poder de intimidación basado en la contundencia de los defensas y Dani García, baza que servía para aflorar la vulgaridad del contrario, discurrió la mitad del choque. Pero aunque era difícil imaginar cómo, había que meter una. Cuando inesperadamente se obtuvo, encima con el plus psicológico de hacerlo justo antes de irse a vestuarios, San Mamés, que registró una entrada y una ambientación envidiables, pensó que estaba hecho.

Impresión que se fue difuminando demasiado pronto, dando paso a un nerviosismo que fue en aumento viendo al Athletic recular hacia su área. Si previamente la posesión fue baldía, hasta el final es que no hubo posesión. Williams y Muniain seguían ausentes, como Beñat, y extrañó que Garitano tardara tanto en cambiar. El Valladolid no amenazaba, pero la renuncia explícita a jugar y atacar suele ser la antesala del disgusto. El primer aviso lo dio Plano, con un chut desde la frontal que tocó la madera, por fuera. Más tarde Ünal voleó de pena en una posición ideal. Fue todo, pero el partido se desarrollaba en una única dirección, con un Athletic agazapado, incapaz de estirarse, con Williams arruinando un par de opciones de contra.

sobra un minuto El ingreso de San José fue sintomático y el de Guruzeta, difícil de entender con el equipo necesitado de alguien que diese algo de aire o, como mínimo, se fajase en idéntica sintonía a la de los centrales, Capa y Dani García. Quitar a Raúl García, que estaba agotado, reclamaba un relevo de otra índole, pero? Con el Athletic definitivamente incrustado en torno a su área, con serias limitaciones para preservar el orden, quedaba la esperanza de que el Valladolid se consumiese en su inoperancia y el cronómetro se diese algo de prisa para acabar con la angustia. Infelizmente, sobró un puñado de segundos en los que se equivocaron todos los que participaron en la acción: Yuri, Dani García y Unal, cuyo remate, por defectuoso, se transformó en un pase que Plano, que flotaba en medio del desconcierto, no desaprovechó. Las protestas por lo que pareció fuera de juego fueron en vano y con el saque de centro sonó el pitido final.

Así se certificó la enorme decepción provocada por el descenso que experimentaron las prestaciones del Athletic respecto a días anteriores, desde el inicio y sobre todo a partir del intermedio. No se observaron las máximas del juego elemental pero intenso que había instaurado Garitano, él mismo propició el cambio a peor con sus decisiones y una serie de jugadores no dieron la talla.