Bilbao - La bronca que San Mamés dedicó a su equipo con el pitido final da una idea aproximada sobre el nivel exhibido en un derbi sin relieve futbolístico. El juego en líneas generales fue tan desapacible como la noche, pero muy especialmente el que correspondió al Athletic. Cayó agua como si nunca hubiese llovido y la vulgaridad de la propuesta local fue asimismo alarmante. Ante semejante panorama, poco que reprocharle al Eibar, pues si bien tampoco se mostró lúcido al menos tuvo personalidad y decisión para asumir el control absoluto del derbi. Durante amplias fases pareció que el conjunto armero actuaba en su estadio, mientras que el Athletic se conformó con salpicar su pertinaz repliegue con cuatro o cinco acciones a cargo de Williams. Ni siquiera fue capaz de lanzarse en pos del triunfo tras recibir el empate, lo que terminó por agotar la paciencia de la afición. Una cosa es no ver juego, que falte acierto o inspiración, y otra asistir al apelotonamiento de los jugadores en torno a su propia área a fin de evitar que los bríos que impulsaron en todo momento al Eibar se tradujesen en voltereta.

Con la igualada de anoche, ya está la estadística adornada con un número redondo: diez jornadas consecutivas del campeonato sin derrota. Si con el dato Ziganda y sus hombres se sienten reconfortados, pues qué suerte la suya. Pero cuesta creer que tras ofrecer noventa minutos tan mediocres a la afición nadie pueda consolarse con la suma del punto. De un punto que si se analizan todas las variables, objetivamente no se mereció. Es la misma conclusión que se extrajo en el partido anterior, en Getafe, donde el equipo hizo un trabajo deficiente, pero es evidente que el Athletic se encuentra montado en una inercia que le permite no perder, aunque cueste entender que así sea con espectáculos tan pobres. Probablemente, el Eibar se iría de Bilbao preguntándose qué es lo que le faltó para aventajar en el marcador al Athletic, porque sobre la hierba le superó prácticamente en cada faceta y en cada metro.

Los de Mendilibar fueron mejores en intensidad y precisión, e intachables en ambición. Dejaron sentado que venían de frente, a por todas. Poco importó que el técnico vizcaino diseñase un once donde faltaban media docena de titulares. Acaso fuese en previsión de la exigencia física que comportaría el derbi, venían de jugar el pasado lunes y buscó frescura. La apuesta resultó, los no habituales se hicieron los dueños del partido desde el comienzo. Les costó poco conquistar el espacio y la posesión, los principales resortes para establecer una iniciativa que solo extraviarían un par de ratos.

Media hora tardó el Athletic en sacudirse a su oponente y atravesar la línea divisoria. Cierto es que Herrerín carecía de trabajo, aparte del que le dio Iturraspe con un mal despeje, pero la impresión era decepcionante. Como en tantas ocasiones el balón se convirtió en un objeto indeseado, maltratado, que se rifaba sin ton ni son, que no le aguantaba ni un suspiro. Una actitud incomprensible de la que se contagian todos y no sirve como atenuante la presión ejercida por los armeros, que existió y estuvo bien ejecutada. No se puede jugar tan mal al fútbol, durante minutos y más minutos, encajonados en terreno propio porque no hay forma humana de ligar tres pases seguidos, tres. Nada, pelotazo, despeje sin mirar, que la bajen los dos de arriba o que corra Williams.

PARADÓJICO Una ruina que precisamente este último, Williams, estuvo a punto de transformar en una maravilla tras defectuosa cesión de Juncá, pero Dmitrovic anduvo rápido para arreglar el desaguisado. Ellos fueron los protagonistas de un segundo mano a mano, de nuevo ganado por el portero. Dos ocasiones de la nada y una tercera, generada por Susaeta, cuyo centro no pudo dirigir a portería Aduriz. Era increíble, pero el Athletic sin producir juego había generado más peligro que el tesón de un Eibar que solo conectó con Kike cerca del descanso y su cabezazo, a pase de Orellana, resultó un caramelo para Herrerín.

Esa paradoja adquirió una dimensión exagerada nada más regresar del descanso, cuando Williams apuró hasta la línea de fondo y templó para que Aduriz, solo, empujase en el segundo palo. Con poquísimo, con aguantar atrás y la velocidad del extremo derecho, el Athletic tenía el derbi en el bolsillo. La cosa pudo pasar a mayores cinco minutos más tarde: nueva carrera de Williams y Raúl García, en buena posición, remata sin postura. Lógicamente, acusó el golpe el Eibar, tuvo un rato en que perdió el norte, pero tampoco enfrente asomó instinto para buscar la puntilla. Pensarían que jugando a lo mismo, o sea, a nada, les alcanzaría para cantar victoria, de hecho ya iban por delante.

Sin embargo, la predisposición de cada equipo fue poco a poco orientando el choque hacia los derroteros previos al 1-0. Mendilibar retocó su estructura, buscó la profundidad de Orellana por el lado de Saborit, emparejó a Charles con Kike, con lo que forzó a Iturraspe a ser un tercer central; en fin, que fue ajustando detalles, proponiendo variantes. En el Athletic, ninguna noticia, aparte de bregar y seguir castigando el cuero con zurriagazos indignos, todos juntitos a ver si pasaban los minutos. Kike firmó el empate en un lance afortunado, que incluyó un par de malas decisiones y otro par de rebotes. Era lo mínimo que merecía el Eibar, cuyo inconformismo le sostuvo dinámico y valiente hasta el final.

Fue un martirio para el Athletic ese tramo donde se supone que debería hacer valer el factor campo, pero es complicado ponerse a sacar juego y atacar después de tirarse toda la noche protegiéndose. Así que a esa tarea enfocó el equipo de Ziganda el combustible que le restaba. La música de viento, in crescendo, rivalizaba con el sonido del impacto del aguacero en la cubierta, reflejo del enojo que iba causando la sucesión de avances visitantes. Solo hubiera faltado que Núñez marcase a saque de falta que Beñat puso desde casi medio campo, que pudo haber pasado, pero la cuota de suerte también posee su límite.

ATHLETIC: Iago Herrerín; Lekue, Unai Núñez, Etxeita, Saborit; Williams, Iturraspe, Mikel Rico (Min. 79, Beñat) Susaeta (Min. 87, Vesga); Raúl García (Min. 70, Sabin Merino) y Aduriz.

EIBAR: Dmitrovic; Rubén Peña, Ramis, Arbilla, Junça (Min. 79, Capa); Escalante, Pape Diop; Iván Alejo (Min. 61, Charles), Orellana, Inui; y Kike García.

Goles: 1-0: Min. 50; Aduriz. 1-1: Min. 73; Kike García.

Árbitro: Melero López (Comité Andaluz). No mostró tarjetas.

Incidencias: Partido correspondiente a la vigésimo primera jornada de LaLiga Santander disputado en San Mamés ante 39.331 espectadores, según datos oficiales.