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Desde que aquel adolescente se estrenara en un amistoso en Zalla

Laporte celebra hoy su vigésimo cumpleaños en plena efervescencia de su carrera en el athletic, donde se ha erigido en uno de los baluartes y en uno de los deseados por el barça

Desde que aquel adolescente se estrenara en un amistoso en ZallaDavid de Haro

bilbao - Aquella fría tarde-noche del 26 de enero de 2011 comenzó la bonita historia de Aymeric Laporte. Entonces se trataba de un adolescente de 16 años de edad, un desconocido para la gran mayoría de la masa social del Athletic. Laporte asomó en el amistoso que el primer equipo disputó en Zalla ante el equipo encartado, que milita en Tercera División. Joaquín Caparrós, por esas fechas técnico de los leones, le dio la oportunidad de presentarse en sociedad durante los primeros 45 minutos del duelo en Landaberri, donde aquel mocetón de 1,90 metros de altura no quiso dejar en mal lugar a sus valedores en Lezama. Laporte sorprendió por su desparpajo, por su poderío y por su buen manejo con la zurda. O sea, lo que son sus virtudes genéticas.

Era un chico tímido, que apenas se expresaba en castellano. Vivía en la residencia de Derio, un poquito despistado tras sus continuos viajes de ida y vuelta desde Lezama a Baiona, donde una campaña antes jugaba los partidos oficiales con el Aviron por su imposibilidad de hacerlo en Euskadi merced a la normativa UEFA, que impide jugar a los menores de 16 años que no sean del mismo Estado. Laporte era un canterano de lujo en la cocina de la factoría rojiblanca, donde ya andaban inquietos porque el PSG había puesto sus ojos en el de Agen, ya internacional sub'17 con Francia.

Laporte, que en su primer curso en el segundo juvenil sufrió una importante lesión de menisco en pretemporada -durante el tradicional Torneo de Laredo-, quizá eche una mirada atrás a lo largo del día de hoy, el de su vigésimo cumpleaños. Parece que ha pasado toda una vida desde que ese chaval, de físico imponente, se estrenara aquella tarde invernal. Cuarenta meses después, el de Agen se ha erigido en un baluarte del Athletic, es una pieza casi imprescindible, con un largo contrato, hasta el 30 de junio de 2018, capitán de la selección sub'21 francesa y supuestamente objeto de deseo de otros grandes clubes, con el Barcelona a la cabeza.

á la espera Su cláusula de rescisión se eleva a los 36 millones de euros, una cifra que, por su impacto, debería de ejercer como un blindaje irrompible. Pero el mundo del fútbol pasa en ocasiones de lo razonable. En el Athletic andan con la mosca detrás de la oreja, pese a que el jugador ha declarado en momentos puntuales su deseo de continuar bajo el manto rojiblanco. Se conoce la necesidad del Barça de manejar un proyecto ambicioso tras cerrar una temporada frustrante y Laporte, a sus 20 años cumplidos hoy, encaja en ese proceso regenerativo.

El de Agen, al que le reclutó hace cinco años para la causa Laurent Strzelczak- un técnico por entonces que trabajaba a sueldo del Athletic en Iparralde-, ya no es un adolescente. Ha madurado a pasos agigantados, como lo evidencia sus 55 partidos oficiales como león, de los cuales solo en tres ha sido suplente y en los que apenas ha mostrado debilidades menores. Ernesto Valverde suspira por su continuidad como rojiblanco, consciente de que el reclamo de la Champions debe servir para hacer oídos sordos a los cantos de sirena, no solo en el caso de Laporte, sino también en el de otras referencias, como Iker Muniain, inmerso en las negociaciones sobre su posible renovación. Aymeric ha cruzado la raya de los veinte.