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Presidente por naturaleza

Javier Irureta y Miguel Ángel Lotina, testigos de los mejores y peores momentos de Lendoiro, desgranan su figura ante su controvertido momento administrativo

Presidente por naturalezaEFE

BILBAO. EN la vida no se puede dar marcha atrás y la gente opinará de una forma o de otra, pero lo único que podrán decir es que hemos sido campeones y que hemos estado en Champions; pueden pensar que a lo mejor no teníamos que haber estado ahí y que debimos ser más cuidadosos, pero no estoy de acuerdo, venir a calificar la gestión deportiva de una manera que no sea un diez, no lo entendería", reflexionaba el pasado mes de marzo, profundo y hasta cierto punto enojado, un Augusto César Lendoiro (Corcubión, A Coruña, 1945) que cumple esta temporada un cuarto de siglo como presidente del Deportivo de la Coruña.

Una larga etapa con flores y obstáculos en el camino de la que han sido partícipes, bajo el abrigo del primer presidente que decidió ponerse un sueldo -el 1% del presupuesto anual-, Javier Irureta (Irun, 1948) y Miguel Ángel Lotina (Meñaka, 1957). Dos técnicos que gozaron de la confianza del presidente más longevo en la Primera División y que fueron testigos directos de algunas de las etapas más brillantes y también difusas del máximo dirigente deportivista, que vive ahora un más que delicado momento con el club inmerso en la Ley Concursal y una deuda que asciende ya a los 156 millones de euros, 93 de ellos con la Agencia Tributaria, según el último informe presentado por los responsables de la administración concursal del club ante el Juzgado de lo Mercantil número 2 de A Coruña.

En el citado informe, demoledor en fondo y forma y en el que se pide el relevo de un Lendoiro que continúa creyendo y defendiendo la viabilidad del Deportivo como club -la cual también defienden los administradores- asoma también una feroz crítica a la gestión económica que encabezó y guió el de Corcubión en su afán por aupar al Deportivo y a su entregada afición a lo más alto del fútbol nacional e internacional. Objetivo que asomaba como una mera utopía dada la condición de equipo ascensor de la que acostumbraba a hacer gala el Depor, pero que acabaría tornándose en realidad con el aterrizaje de Lendoiro en el club en 1988 y la llegada de la década de los noventa, momento del nacimiento de aquel inolvidable SuperDepor.

javier irureta

Siete años con Lendoiro y una relación plagada de éxitos

Ante el asombro del mundo del fútbol, Lendoiro, un hombre ligado entonces a la política y conocedor del cargo de presidente desde su primera experiencia al frente del Ural -equipo amateur de A Coruña- con tan solo 15 años de edad, consiguió dar forma a un temible equipo que logró convertirse en una sólida alternativa al poder representado por el Real Madrid y el Barcelona. De la mano de Arsenio Iglesias primero -logró el primer título en la historia del club gallego en 1995 al ganar la Copa frente al Valencia-, y ya con Javier Irureta en el banquillo después, el Deportivo viviría su era dorada con un título de Liga (1999-00), dos subcampeonatos, una Copa (2001-02), dos Supercopas de España (2000 y 2002) y una presencia en las semifinales de la Champions League (2003-04).

Todo ello, entre 1998 y 2005, de la mano de Javier Irureta, quien aún recuerda aquella brillante etapa en la que recalca que nunca hubo "ningún cortocircuito ni problema" con Lendoiro. Y es que según el irundarra, el máximo dirigente deportivista, "un mito para el Deportivismo por todo lo que logró" y un hombre "bastante más reservado de lo que pueda parecer desde fuera", nunca ejerció presión negativa alguna sobre un equipo que él mismo diseñó en busca del éxito. "Él era más que un presidente; le gustaba controlarlo todo y siempre solía estar muy cerca del equipo; el único inconveniente que me pudo causar en los siete años que estuve allí fue que le gustaba contratar a tantos jugadores que en las concentraciones de pretemporada podía encontrarme con treinta futbolistas", comenta en tono cariñoso el propio Irureta antes de rescatar del baúl de los recuerdos el día en el que los gallegos se proclamaron campeones de Liga: "Fue un día increíble para todos y, aunque pueda resultar extraño, Lendoiro estuvo moderadamente tranquilo en todo momento. Es un hombre al que le gusta pensar mucho todo lo que dice y hace, sin mostrar grandes alegrías o tristezas".

miguel ángel lotina

El comienzo de la decadencia con descenso y abrazo incluido

Aquella época plagada de éxitos, sin embargo, fue llegando a su fin paulatinamente hasta acabar en la controvertida y delicada situación administrativa y deportiva que vive hoy en día el club. Una decadencia que comenzó a asomar durante la última temporada de Javier Irureta en el banquillo deportivista y que se acentuó hasta alcanzar su máxima expresión con Miguel Ángel Lotina al frente de la nave gallega.

El de Meñaka, que llegó al club en 2007 para permanecer al frente de la nave deportivista hasta 2011, año en el que se consumó el descenso a Segunda División, vivió de primera mano el comienzo del fin de la época dorada del reinado de un Lendoiro al que, lejos de recriminar cualquier comportamiento en aquellos años, elogia por el gran apoyo que recibió por su parte y el titánico esfuerzo realizado por el presidente gallego en pos de mantener con firmeza el rumbo de la entidad. "A Lendoiro le pasó lo mismo que les ha sucedido a miles y miles de personas en este país, que se acabó el dinero. En vez de ir al banco y obtener un crédito, estos le pedían el dinero ya de vuelta, pero los éxitos deportivos que alcanzó fueron increíbles y conmigo siempre se portó fenomenal", apunta Lotina, quien confiesa que "probablemente haya sido el entrenador con el que más relación ha tenido él, ya que la relación fue más allá de lo profesional y se convirtió en una amistad, prácticamente".

Esa relación entre el de Meñaka y Lendoiro -despojado ahora de su sueldo por orden del juez-, que iba más allá del balón, no pudo ser derrumbada ni por el descenso a Segunda del Deportivo en una temporada en la que "ambos nos protegimos y nos apoyamos mutuamente hasta el final y, tras el descenso, el peor día que vivimos ambos, nos despedimos con un abrazo", relata Lotina, quien no tiene ninguna duda de que "conociéndole, seguro que ahora lo está pasando muy mal de nuevo, ya que él vive por y para el Deportivo y siempre lo ha hecho, por lo que espero y deseo que se salven". Un deseo que también comparte Irureta por el bien del Deportivo y del hombre que, aliado con la fe, fue capaz de catapultarlo hasta el cielo.