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Iraola, el hombre garantía

La constancia puede convertir a Andoni Iraola en el tercer jugador con más partidos en la historia del club En solo diez años ha acumulado 430 y este domingo superará en el ranking a Guerrero

Iraola, el hombre garantíaFoto: juan lazkano

Bilbao. Dentro de un año es muy probable que Andoni Iraola (Usurbil, 1982) esté a punto de alcanzar a Jose Mari Orue en el ranking de futbolistas con más partidos en el Athletic. Tampoco sería de extrañar que para entonces haya superado a quien fue un modelo de regularidad en las décadas de los 50 y los 60, ocupando además su misma demarcación, el lateral derecho. La previsión se apoya en que el segundo capitán del equipo nunca falla a su cita con la competición. Su índice de disponibilidad es abrumador desde que el 30 de agosto de 2003, de la mano de Valverde y contra el Barcelona, jugase su primer encuentro en San Mamés. Siempre se puede contar con él y es exactamente lo que han hecho todos y cada uno de los entrenadores que se han cruzado en su camino, sin excepción. A nada que prolongue su carrera, lo que se antoja muy razonable a su edad, aspirará a adelantar también a Piru Gainza y a Joseba Etxeberria. Solo Txetxu Rojo y José Ángel Iribar le quedan lejos, con 541 y 614 partidos, respectivamente.

La tarde de su estreno en Primera División coincidió en la convocatoria con Julen Guerrero, a quien acaba de igualar en la cifra de 430 partidos oficiales. También estuvo presente en aquella alineación Carlos Gurpegi, el único de la actual plantilla que le supera en temporadas aunque no compita con él en el plano estadístico por motivos de todos bien conocidos. Hace ya varios años, Gurpegi reflexionaba sobre su compañero y le ponía como ejemplo de profesionalidad porque jamás faltaba a una sesión de entrenamiento. Aunque sea de vez en cuando, pero el futbolista que es un fijo en las alineaciones suele necesitar tomarse sus respiros, agradece eludir alguna sesión para superar el típico golpe o sobrecarga y así ponerse a punto más cómodamente para el siguiente compromiso. No es el caso y esa constancia en el trabajo diario en Lezama sería, según Gurpegi, el secreto que habría permitido a Iraola erigirse año tras año en el jugador de campo con más minutos de competición. También en el vigente se halla en condiciones de lograr esa marca.

LATERAL MODERNO Por supuesto que Iraola no se ha librado de los golpes y el cansancio de rigor, si bien ha sido muy afortunado en el capítulo de las lesiones. Al propio interesado se le ha escuchado decir, empleando por cierto el tono de quien se disculpa, que no es propenso a ingresar en la enfermería debido a que no es un jugador explosivo. Carecer de esa virtud sería su salvaguarda frente a los problemas musculares, tan comunes en este deporte. Seguro que es así, desde luego nunca se ha distinguido por la velocidad, la potencia o el cambio de ritmo, lo cual no quita para que parezca o resulte rapidito cuando lleva la pelota pegada al pie. La naturaleza no le ha dotado de un físico espectacular, es evidente, pero en el reparto de dones no puede negar que ha salido muy favorecido, pues le convierte en un futbolista de calidad. Es inteligente, lee fácil el juego, posee un sentido táctico muy desarrollado y complementa todo esto con un repertorio técnico estimable.

Su ubicación está en la banda, más adelantado en sus comienzos, aunque podría haber actuado más centrado y de hecho lo demostró en muchos partidos durante el angustioso año en que el Athletic selló la permanencia en la jornada final ante el Levante. Partiendo en el terreno de juego de la posición de defensa -sin que se le pueda identificar como un defensa al uso, centrado en labores de contención-, ha prestado un gran servicio al Athletic gracias a su natural inclinación al desdoblamiento. Ganando metros, eligiendo con criterio cuándo hacerlo, se ha hartado de desequilibrar las estructuras rivales y de colaborar en la gestación del fútbol. Iraola ha ejercido de lateral moderno, atravesando la línea divisoria sin remilgos, alternando conducciones y paredes con total naturalidad, sin descuidar por ello las obligaciones inherentes a su demarcación.

Y ha metido unos cuantos goles, 35, bastantes de penalti, una suerte de la que se borró tiempo atrás, abandonado por la inspiración. No es un chutador y quizás debería haber pulido más el centro, faceta en la que su acreditada regularidad se ha resentido. Claro que para referirse a Iraola y hacerlo con ecuanimidad, lo correcto no es detenerse en aspectos parciales sino valorar lo que supone tener a un hombre tan fiable como él para afrontar esos 43 partidos por temporada que salen de media al cabo de diez años. Semejante trayectoria, y lo que le queda, aparece como el ideal al que aspira el Athletic para cualquiera de los chavales que forma bajo su disciplina. Iraola fue captado del Antiguoko con 17 recién cumplidos. Un año en el juvenil, otro en el Basconia, dos en el filial y diez más en el primer equipo.

Intentando siempre hacer buen fútbol, pero metiendo poco ruido, el imprescindible, sobre todo fuera del campo, donde se le ha considerado como un tipo templado, cabal y comprometido. Normalmente lo que se es fuera del verde se es también dentro de él, una afirmación que vale igual enunciada a la inversa. De Iraola puede por tanto decirse que es un hombre de garantías. Valverde, Mendilibar, Clemente, Sarriugarte, Mané, Caparrós y Bielsa, lo entendieron enseguida, sabían que al menos uno de los puestos de su alineación, de la que pondrían siempre, tenía dueño.

En la temporada anterior, Iraola se quedó a diez minutos de firmar 5.000 de competición, repartidos en 59 encuentros. Cuando dio el salto a la élite fueron 31 partidos los que jugó. Son los dos extremos de una estadística que el próximo domingo en Riazor le convertirá en el octavo rojiblanco de la historia con 431 partidos. Con la particularidad de que la inmensa mayoría de sus participaciones son sinónimo de titularidad y de noventa minutos.