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El orgullo rojiblanco frente al pronóstico

Un Athletic de circunstancias recibe al Madrid con la única obligación de apurar sus opciones San Mamés se llenará para ver una batalla desigual

El orgullo rojiblanco frente al pronósticoJuan Lazkano

bilbao. Cada cual es muy dueño de elaborar su cábala, de mezclar a su antojo recuerdos, sueños y deseos. El fútbol es un terreno ilimitado por el que transitar antes del partido, no tanto durante el desarrollo del mismo y aún da bastante de sí después de que los jugadores hayan pasado por la ducha. La visita del Real Madrid plantea de entrada una lucha desigual, como ha sido toda la vida. El hecho de que haya salido de San Mamés con las orejas gachas (y calientes) con cierta frecuencia, habla de la valentía del Athletic, que tiende a crecerse ante este terrateniente del balón, modelo de poderío e impunidad. El "antagonismo muy marcado" al que se refería Marcelo Bielsa para enunciar esa rivalidad rica en connotaciones de toda índole, ha servido de inspiración y de impulso muchas tardes para imponerse al blanco (y de paso al negro, tantas veces aliado del anterior), pero normalmente a partir de la existencia de un plan de cierta enjundia o que tuviera alguna consistencia objetiva.

El Madrid no acostumbra a prodigarse en el patrocinio de milagros, que en este deporte son algo bastante común, aunque alguno tremendo cabe rememorar. El triunfo del Athletic esta noche pertenecería a esta categoría. Destrozaría quinielas a porrillo. Esto lo sabe cualquiera y no de esta semana, por aquello de que hay cuatro titulares cumpliendo sanción y un quinto, Iraola, que ha entrado en la convocatoria y que será duda hasta última hora, sino desde hace muchos meses, los mismos que han consumido los rojiblancos siendo un pálido reflejo del encantador equipo que fueron. Hace ahora un año, incluso con la alineación en cuadro hubiese merecido la pena apostar a favor. Hoy, hasta con los más habituales en el ajo sería un alarde temerario, una irresponsabilidad si hubiese dinero por medio. Sin embargo, hay que jugar, como reza el tópico. Los elegidos son los más conscientes de su triste realidad, pero también los depositarios de la ilusión de una grada con la que estarán en deuda como mínimo hasta que vuelvan de las vacaciones.

EL ONCE Pese a los descartes de Arbeloa, Essien, Ozil y Kaká, Mourinho tiene dónde escoger, se permite hasta juguetear con la identidad del portero titular, ha convocado a tres mientras el ambiguo Karanka le pone emoción al asunto ante la prensa madrileña. A Bielsa le pasa lo contrario, le falta medio equipo y tiene que echar mano del filial para llenar la lista. Eso que dijo de que alineará a mucha gente que fue asidua en el camino hacia las dos finales del pasado mayo, suena bien, pero es un mensaje hueco como lo demostraría un simple apunte sobre la transformación experimentada por Llorente y su circunstancia. Quien era la estrella, ahora ejerce de bulto sospechoso y quienes le rodean, sin traspasar los límites de la dignidad profesional ni mucho menos, son víctimas de una impotencia que les ha maniatado e impide expresarse como saben.

No se discute que Iturraspe, Herrera, Munian, Susaeta e Ibai merecen la vitola de titulares ayer y hoy, pero en la zaga el argentino gestiona el enésimo experimento de la temporada. A la bisoñez de Ramalho, probable marcador de Cristiano si Iraola no es de la partida finalmente, se suma en la banda opuesta el mal momento de Aurtenetxe, que le ha costado el puesto en las últimas jornadas. En el centro, al lado de Ekiza, el único que viene siendo fijo en esta línea, se situará San José, a quien parece que se le prefiere como centrocampista de cierre más que como marcador. En definitiva, el Athletic opone una defensa de urgencia a uno de los ataques más demoledores que existe, una invitación en toda regla a la inquietud.

Tampoco la composición de la media se antoja idónea si se trata de sujetar a un rival que se caracteriza por sus fulgurantes transiciones. Si el Madrid encuentra espacios para correr, el Athletic se verá muy exigido porque no puede competir en potencia y velocidad. El vigente campeón de Liga no perdona cuando recupera y levanta la cabeza gracias al instinto depredador de su nómina de rematadores. La capacidad de los rojiblancos para aguantar sus posesiones y trasladar el juego con garantías a terreno rival, aparece como una de las claves. La reflexión de Bielsa en torno al tema resultó oportuna. Dijo que se intentará sumar pases que permitan conectar con los delanteros y que la consigna, como siempre, es desdoblarse y agregar efectivos arriba a la mínima ocasión. Del éxito de este propósito dependerá que el encuentro sea llevadero.

La novedosa sesión a puerta cerrada organizada ayer en San Mamés otorga el valor que merece a la estrategia, teóricamente la faceta más asequible para hacerle daño al Madrid. Admitiendo de antemano las dificultades del Athletic en la generación de juego, el balón parado sería el atajo para aspirar al gol. Está demostrado que los blancos tienen carencias en esta faceta, pero para eso hay que forzar faltas y córners.

La afición acudirá puntual y en masa a brindar su aliento, que buena falta hará para compensar un desequilibrio que esta noche se acentúa por culpa del elevado número de bajas. La consistencia del plan que propondrá el Athletic no constituye la mejor premisa para confiar en un buen resultado y así todo cabe esperar que venda cara su piel por una mera cuestión de orgullo. Viene el Madrid, un monstruo, una apisonadora si se bajan los brazos, algo que está prohibido en el ideario del club y de Bielsa.