Una de cada cuatro personas mayores que viven solas no lo reconoce en público

Fundación BBK organiza una jornada técnica para combatir una situación que afecta a unos 60.000 vizcainos

02.12.2021 | 00:45
Una mesa redonda dio a conocer ayer miércoles los entresijos de cuatro proyectos financiados por la Fundación BBK.

Vivir solo es una lacra para las personas mayores y además muchos lo sienten así, además de avergonzarse de ello. Al menos eso se entiende del 25% de afectados que no reconocen en público que están solos y eso les afecta personalmente. El dato lo aportó ayer miércoles el doctor en Psicología de la Universidad de Deusto, Pedro Fernández de Larrinoa, al presentar el estudio encargado por la Fundación BBK a la entidad universitaria sobre cómo afrontar desde un punto de vista científico este escenario que cada vez se da más en nuestras ciudades.

Una presentación que fue el marco de referencia de la jornada técnica sobre la soledad no deseada que tuvo lugar ayer miércoles en Bilbao organizada por la Fundación BBK y que contó con el patrocinio de DEIA.

Las cifras facilitadas en la jornada son apabullantes en la actualidad y para el futuro debido a la calidad de vida de la que disfrutamos. Según los datos aportados por el departamento de Estudios de Inteligencia de la Fundación BBK, en Euskadi viven en soledad alrededor de 106.000 personas mayores de 65 años, de las cuales 60.000 lo son en Bizkaia. Según el Instituto Nacional de Estadística, en los últimos seis años ha crecido casi un 10% el número de hogares unipersonales conformados por mayores de 65%, dándose la circunstancia de que tres de cada cuatro los componen mujeres sin compañía.

De cara al futuro, un estudio elaborado a nivel internacional indica que, de mantenerse la tendencia actual, el Estado será el país más envejecido del mundo en 2050, incluso por delante de Japón. Además, la soledad no deseada se ha convertido en un problema de salud pública y comienza a ser conocida como la epidemia del siglo XXI con su epicentro mundial en Europa.

Por ello es muy importante reducir el número de personas mayores que viven y se sienten solas. El estudio presentado por Pedro Fernández de Larrinoa ha diseccionado en qué consiste esta soledad no deseada, cuáles son sus causas, cómo se manifiestan y a qué factores se asocian. Con ello resta saber cómo actuar. El responsable del equipo docente que ha redactado el informe indicó ayer que "si entendemos los mecanismos por lo que un proceso de intervención funciona y cuáles son su componentes básicos, podremos construirla de forma adecuada. Si no sería intervencionismo o cierto asistencialismo".

Sobre estas fórmulas aseguró que "no hay una soledad solo" concretando que "no todos sienten lo mismo y para intervenir tenemos que saber muy bien de qué tipo de soledad estamos hablando". En este sentido las intervenciones deberían pivotar en el entorno social en el que se mueven los afectados y trabajar sobre la propia persona, en sus expectativas, competencias o atribuciones.

Otra clave es cómo llegar a las personas afectadas ya que los protagonistas no quieren exponerse. El doctor en Psicología aseguró que "si usamos una exploración de la soledad pública encuentras un 5% de casos de prevalencia, si utilizamos una estrategia de soledad privada, encuentras un 30% de casos". Por ello concluyó que "hay un 25% de personas que prefieren no decir explícitamente que se siente solas aunque haya evidencias de que esto es así".

Ejemplos concretos


Como ejemplos de intervenciones concretas expusieron sus ejemplos, Rosa Rubio Giner, responsable del programa Radars iniciado en la ciudad de Barcelona y Andrés Esteban, miembro del equipo del Justicia de Aragón (defensor del pueblo) entidad que ha desarrollado una metodología propia para detener la soledad no deseada en una comunidad autónoma que protagoniza un alto índice de despoblación en su territorio.

A nivel local los proyectos de BBK compartieron experiencias en una mesa redonda donde participaron responsables de Caritas, Cruz Roja Servicios Sociales Integrales y Agintzari, organizaciones implicadas con los mayores en soledad y que cuentan con apoyo de la Fundación BBK.

El aporte internacional vino de la mano Theo van Tilbur, doctor en Ciencias Sociales y profesor de Sociología y Gerontología de la Universidad de Ámsterdam y de Kalpa Kharicha, doctora en Filosofía y miembro del departamento de Atención Primaria y Salud de la Población del University College de Londres. Ambos intervinieron vía telemática con una visión más periférica pero que no dista mucho de lo que ocurre en nuestro territorio.

Al detalle

Lo que existe

Sin necesidad de crear. Los programas de actuación colectiva quieren aprovechar los colectivos ya existentes para generar esa dinámica de apoyo comunitario a las personas que se encuentran y se sienten solas.

Coordinación

Entre actores. En la jornada se insistió en la necesidad de coordinar actuaciones de diferentes agentes que pueden ir en solitario aportando soluciones que otros ya aportan.

Urbano

Incidencia mayoritaria. Las ciudades son los escenarios donde más se concretan los casos de personas que viven solas ya que en los pueblos hay más red social creada de forma natural en estos pequeños núcleos.

Jóvenes

Intergeneracional. Todos los ejemplos expuestos ayer aprovechan la intención solidaria de los jóvenes para que ayuden como voluntarios en los programas que intentar paliar esta lacra social moderna.

Gasteiz – Dos de cada tres vascos están preocupados por envejecer, un temor que se acentúa entre las mujeres, quienes no tienen pareja, ya sea por estar divorciados o separados, aquellos con menor nivel educativo y quienes tienen ingresos mensuales por debajo de 1.800 euros. Esta es una de las conclusiones del estudio sobre edadismo (conjunto de estereotipos, prejuicios y actitudes discriminatorias hacia las personas en función de su edad) que la consejera de Igualdad, Justicia y Políticas Sociales, Beatriz Artolazabal, presentó ayer durante la V Jornada de Buenas Prácticas Europeas en Amigabilidad.

Los principales motivos son el deterioro físico, con un 38,4%, (peor estado de salud, menor atractivo, no poder valerse por sí mismo); la dependencia de otras personas, con un 20,6%, y el deterioro intelectual, con 19,5%. Hay otras razones "minoritarias" como la pérdida de poder adquisitivo, el descenso en el ritmo de actividades, la pérdida de la red social y la incertidumbre. El estudio alerta de que los estereotipos negativos sobre la tercera edad están "muy extendidos" y es común la creencia de que, desde el punto de vista de la salud, son dependientes, enfermizos, frágiles y sexualmente inactivos, mientras que desde el punto de vista de la participación son improductivos y pasivos.

En Euskadi "todavía prevalece una imagen negativa de las personas mayores", lamentó la consejera, que constató que el edadismo es "una de las formas más comunes y socialmente aprobadas de prejuicio y discriminación". Todo ello puede motivar "actitudes negativas de las personas mayores hacia su propio proceso de envejecimiento", indicó.

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