Atención primaria, el escudo anticovid

17.000 llamadas, seguir más de 3.000 pacientes... Todo en un día. La Atención Primaria ha sido el muro de contención del virus y los centros de salud, su parapeto. Dos sanitarias en el frente del ambulatorio de Basauri reviven la batalla

14.03.2021 | 01:09
Maite Bravo y Ana Rosa Francisco recuerdan los momentos más duros de la crisis en el ambulatorio de Basauri.

Es casi un dogma que en los centros de salud está el corazón de la sanidad. Y en la pandemia han predicado con el ejemplo. Convertidos en la auténtica trinchera contra el coronavirus, allí se asume el tratamiento de casos positivos, se ven pacientes en ambulatorios y domicilios, se realiza seguimiento de los contactos con los rastreos, se hacen PCR y ahora son clave en la vacunación. ¿Hay quién dé más? Maite Bravo, médica de familia en Arrigorriaga, y Ana Rosa Francisco, enfermera en el centro de salud de Basauri, fueron las primeras en plantar cara al virus en esta localidad vizcaina. Esta semana se han reencontrado para contar sus vivencias en aquellos días malditos.

En el centro de Salud de Basauri consiguieron reinventarse en un tiempo récord. "La primera semana de marzo ya vimos cómo aumentaban los casos de pacientes con síntomas respiratorios. Pero la situación se desbordó y el 9 de marzo nos dijeron que teníamos que sectorizar la atención de los pacientes en este centro de Ariz", recuerda Francisco. "Eso fue un viernes a la noche. Ese fin de semana, habilitamos un pasillo entero de la primera planta y vaciamos diez consultas", rememora. Allí acudían pacientes de Etxebarri, Arrigorriaga, Zeberio, Arrankudiaga y el propio Basauri.

Porque el papel más importante para frenar el virus y no colapsar los hospitales ha recaído en la Atención Primaria. "Había mucha incertidumbre, veíamos la gravedad de la situación. Sobrevivimos por la familia que formamos, lloramos de miedo y de impotencia. No había protocolo. Los EPI tardaron en llegar. Tuvimos que ir a por coches para la atención domiciliaria, los compañeros no sabían cómo citar a los pacientes, la labor de coordinación y organización era ingente", explica Maite Bravo.

Atención domiciliaria

Treinta casas en un día

Este tándem relata cómo el primer nivel asistencial ha sufrido las heridas del virus. Aquel lunes empezaron a destajo. Eso sí, una hora más tarde porque los equipos de protección no llegaron hasta las 9.00 de la mañana. Y la espera se les hizo eterna. Fue un trabajo de adaptación brutal. La actividad domiciliaria se disparó. "En un día hubo que cubrir treinta casas, trabajábamos de sol a sol. Empezábamos a las 8.00 de la mañana y a las ocho de la tarde, cuando oíamos los aplausos, seguíamos trabajando, incluida la Semana Santa. Había que cuidar a la gente para que no se infectara y había muchas bajas por contagios entre los profesionales", dice Ana Rosa Francisco. Aquel mes de marzo fue un horror. Los EPI agobiantes, las gafas que apretaban el cráneo. "Yo en mayo estaba agotada. Empecé a llorar y casi no paré hasta septiembre", asume.

Todo requería de una coordinación exhaustiva. "Fue un trabajo brutal de equipo, Cinthia, la de la limpieza, entraba a desinfectar entre paciente y paciente. Todos apoyándonos. En esas horas, casi sin comer, con los EPI, cuando terminábamos, nos estallaba la vejiga, pero todo el mundo ayudaba", subraya Bravo.

"Al principio casi no había PCR, fuimos centro vigía y realizábamos seis al día. Había que hacer las pruebas a pacientes que llevaran varios días con síntomas". Este equipo específico de coronavirus duró dos meses. Luego, cada Unidad de Atención Primaria tuvo su circuito de coronavirus. Y en mayo se creó la red de rastreo.

Rastreo de casos

"En Navidad, un horror"

Paralelamente, una sala se destinaba a hacer el rastreo de contactos en esta zona, vinculadas a las gestoras del hospital de Galdakao. En ese puesto de mando ha habido personal vigilando en todas las olas epidemiológicas. "El seguimiento de los casos positivos, vía domiciliaria y telefónica, también lo hace la Atención Primaria. Cuando salta una PCR positiva, le llama un profesional de rastreo. Nunca se ha dejado de controlar a los casos positivos", explican.

En los últimos tiempos han vivido un aumento exponencial de PCR que se hacen en módulos exteriores. "En navidades ha sido tremendo, un horror. Con las restricciones se nota la mejoría y la actividad covid disminuye. Ahora, por ejemplo, estamos muy bien y ha aumentado la actividad no covid para analíticas o preoperatorios", destaca la enfermera que siente que ha cerrado el círculo. "Yo salí de mi consulta en marzo con la pandemia, luego seguí con el rastreo y vuelvo otra vez a la asistencia y metida a tope con la vacunación", señala.
 

El agradecimiento de los pacientes

"¡Qué valientes sois!"

Sin embargo, a pesar de haber estado en todos los frentes y ser el auténtico muro de contención de la pandemia, estas profesionales sienten que la Atención Primaria está poco valorada. "Cuando llega la presión hospitalaria, la Atención Primaria está hipersaturada", sentencia Ana Rosa. "Solo se habla de Urgencias y UCI, pero cuando el segundo muro ya no puede más, el primer muro ya ha saltado por los aires" incide Bravo.

"Como la mayoría de contagios son leves, los asumimos nosotros. Hay un gran desconocimiento de lo que se realiza aquí, pero tiene un valor tremendo que no está visibilizado". "Vende más un trasplante doble que un trabajo comunitario de prevención, de control de los crónicos o pluripatológicos. Eso no se percibe". declaran las sanitarias, quienes expresan que "con esta crisis se ha visto que somos primordiales, la puerta de entrada a la sanidad".

Pero sus pacientes saben perfectamente la labor que ejercen y les han agradecido muchísimo el esfuerzo. "¡Qué valientes sois!, nos decían. Tenían fe ciega en nuestro trabajo y yo me di cuenta que hasta por teléfono puedes calmar, aconsejar a esa gente que estaba tan mal y angustiada", reseña Francisco.


 

Tarea no reconocida

"No hemos parado"

Aquel fue un tiempo de consultorios cerrados, pero quieren huir de la imagen instalada en el imaginario colectivo de unos edificios cerrados a cal y canto por la pandemia. "Al principio estaba claro que tenía que ser todo telefónico y ahora estamos recuperando la presencialidad todo lo posible". "Los profesionales tampoco son infinitos. Y algunos centros se cerraron porque los profesionales fueron trasladados. Esos médicos y enfermeras lo estaban dando todo en otro sitio. Nosotros no hemos parado en ningún momento, ni en la primera ola, ni en la segunda ni en la tercera", destaca la doctora Bravo. "Puede dar la sensación de que cómo ha bajado la atención presencial, estamos poco activos. Pero el hecho de que haya tres personas en la sala de espera puede significar que la lista de atención telefónica es de cuarenta". "La carga de trabajo es muy importante, antes y ahora".

En este sentido, Francisco constata que "el paciente quiere venir a retomar los controles, a que le veas ese dolor en el hombro, esa cura, el Sintrom... Por eso estamos aumentando mucho la presencial". Ambas abogan porque exista un equilibrio ya que cada modelo tiene pros y contras.

 

La complejidad del proceso

'A full' con la vacunación

Y por si no hubieran echado el resto lo suficiente, también son el pilar imprescindible para llevar a cabo la campaña de vacunación. "En estos momentos la enfermería está a full con la vacunación". "Estamos terminando con los de 90 y estamos llamando a los mayores de 80 años. Ya nos han dado los listados de cada Unidad de Atención Primaria".

Las dos sanitarias resaltan la complejidad del proceso de vacunación. "El pinchazo no tiene ninguna dificultad, el problema es la dinámica organizativa", resaltan, en una UAP con más de 6.000 mayores de 80 años. "De cada vial salen seis dosis, pero en muchos casos hay que llevarlas al domicilio, sacarlas, esperar quince minutos mínimo, y si es alérgico, una media hora a ver si le hace reacción... pero, a pesar de todo estamos felices", dice con ilusión la enfermera. "Es un trabajo que me está gustando mucho. Porque la gente intenta venir a vacunarse, los hijos cambian de turno para traer a los padres. Es maravilloso. Todos necesitamos ya un poco de esperanza".