El arranque de la vuelta a las aulas se salda entre la nota alta y el miedo

04.10.2020 | 01:16
Julissa Ríos, que posa con su familia en Ametzola, valora positivamente el retorno a las aulas de sus hijas Uxue y Untzizu.

Las familias aplauden el arranque del curso, el profesorado lamenta la falta de ayuda institucional y el alumnado teme contagiarse y volver a las clases 'on line'

Los  despiden, sin beso por culpa de las mascarillas, a la puerta del colegio, pero ya no como si fueran a la guerra. Podados los matojos de nervios de los primeros días, consultada una pequeña muestra de los implicados, se podría decir que el retorno a las aulas es ya una prueba superada. Con buena nota, según las familias. Con un esfuerzo titánico y escaso apoyo institucional, según el profesorado. Con cierta preocupación por parte del alumnado, que teme contagiarse y volver a la "costosa" enseñanza on line.


JULEN ALONSO, ALUMNO

"Estamos con mascarilla todos, pero muy juntos"

Estrenó primero de Bachillerato "un poco nervioso" porque su aula iba a estar más concurrida y no sabía si iban a poder respetar las distancias de seguridad. Tachado el mes de septiembre en la agenda escolar, el gusanillo sigue en la mochila. "Lo peor es el miedo de contagiarme o contagiar a mis seres queridos. La seguridad siempre se puede mejorar porque el hecho de estar treinta personas en la misma clase añade un miedo más a la lista", confiesa Julen Alonso, alumno del instituto Unamuno de Bilbao. Aunque les adjudicaron un aula "más grande", no lo suficiente, dice, como para cumplir el metro y medio de separación. "Seguimos bastante cerca unos de otros. Estamos todos con las mascarillas, pero muy juntos".

A no ser que sea "para comer o beber algo", sus compañeros y compañeras no suelen retirarse las protecciones faciales y Julen siempre ha visto "a todo el mundo echarse gel". El pero, insiste, está en la proximidad. "Se supone que nadie debería levantarse, pero la gente se acerca a la mesa de los demás. Eso sí que me parece mal", señala. Eso y que en el recreo "se acercan bastante más solo por el hecho de no estar controlados". "Debería de haber más ganas de sobrellevar esto bien", reivindica.

Por lo demás, la mascarilla le incordia lo justo y necesario. "Es muy incómodo hablar con ella y a veces dificulta la comunicación, pero se repiten las cosas y ya está", asume. Lo mismo que ha estado repitiendo el profesorado materia del curso pasado porque "con el confinamiento todos aprendimos bastante menos".

Julen Alonso cursa primero de Bachillerato en el instituto Miguel de Unamuno de Bilbao. Foto: Oskar M. Bernal


UNTZIZU PEREDA, ALUMNA

"En los pasillos sí que se ve un poco más de caos"

Adentrarse en segundo de Bachillerato sobre las arenas movedizas de una pandemia no es nada tranquilizador. Más que nada porque este curso desemboca en la temida Selectividad. "Me preocupaba y más por la situación que estábamos viviendo", reconoce Untzizu Pereda, que comparte instituto con Julen en Bilbao. A día de hoy, se sincera, aún no se ha relajado, sobre todo por el trasiego de estudiantes. "Se supone que no podíamos salir del aula, pero la gente no lo ha respetado. Cuando cambiamos de clase para ir a las optativas nos cruzamos no solo con gente de Bachiller, sino también de la ESO. En los pasillos sí que se ve un poco más de caos", lamenta. La vigilancia que "se supone" que iba a haber en los espacios comunes, dice, suele brillar por su ausencia. Aun así, el orden se ha mantenido "bastante bien" en los baños y se "ha respetado" el uso de las mascarillas.

Entrada en materia, le inquieta la posibilidad de volver a las clases on line porque "cuesta más entender e interiorizar" el contenido. "Me preocupa que nos confinen y no tener clases presenciales porque es más difícil atender y preguntar. También a los profesores les cuesta más y, a la hora de hacer los exámenes, es un poco más lioso", explica.

Cuando llega el recreo, en el patio, la pandemia también acapara protagonismo. "Lo comentamos porque afecta a nuestra vida normal. Cuando confinaron a una clase de la ESO estuvimos hablando de cómo nos preocupa, sobre todo, que les pueda afectar a nuestros familiares porque nuestros padres tienen que trabajar. Y si tienes aitites o amamas, eso sí que nos preocupa mucho más".

JULISSA RÍOS, MADRE

"Las escuelas han hecho lo que han podido y más"

Su hija pequeña tenía tantas ganas de volver al colegio que los ha vigilado para que cumplieran las medidas de seguridad casi como una policía. "Fuimos de viaje fuera y en la calle, en esos sitios, se podía estar sin mascarilla, pero la pequeña no nos dejó. No quería que tuviéramos contagios y eso limitara su vuelta a la escuela. Ansiaba hacer una vida normal, ver a sus compañeros", cuenta Julissa Ríos, que tiene dos hijas matriculadas en Primaria en Indautxuko Eskola y en Bachillerato en el instituto Unamuno.

De nuevo en las aulas, Julissa valora como "positivo" el arranque del curso. "El equipo docente ha puesto bastante de su parte para tratar de que los niños se sientan a gusto. Les prestan más atención, conversan más con ellos...", comenta, convencida de que "las escuelas han hecho todo lo que han podido y más" para recuperar esta preciada parcela de normalidad. "Cada día, sobre la marcha, hacían prueba y error, porque una cosa es sobre teoría lo que puedes hacer con los críos, pero luego unos son más movidos, otros menos, y tienes que seguir dando una vuelta más para conseguir lo que quieres", explica Julissa, que ha visto cómo "si algún niño se baja la mascarilla en el patio, sus propios compañeros le dicen que se la suba".

El único contratiempo que han tenido en la familia fue un catarro que cogió la pequeña y que, en tiempos de coronavirus, enciende todas las alarmas. "La mayor, como ya había habido un caso en el instituto, se agobió mucho. Tenía miedo de perder clases. A la pequeña le preocupaba tener que estar en cuarentena y no ver a sus compañeros. Ya tienen miedo hasta de toser", asegura Julissa. Y no es para menos cuando uno carraspea y se le clavan todas las miradas. "Mogollón de niños sufren alergias y a la mínima estornudan. La misma pelusilla de la mascarilla te hace estornudar o toser porque te seca la garganta y ya los comentarios son: Este tiene coronavirus. La pequeña, al ver eso, tenía miedo de que se lo dijeran a ella".

NOELIA APARICIO, MADRE

"El arranque ha sido bastante bueno"

"El arranque ha sido bastante bueno. Hemos estado informados, nos han convocado a reuniones, mandado los protocolos...". Noelia Aparicio habla con más que conocimiento de causa. No en vano tiene cuatro hijos en Primaria, ESO y Bachillerato repartidos entre Jesuitas y el instituto Unamuno. "Hoy por hoy no tengo objeción", dice. Y no porque no tenga espíritu crítico, porque al final del curso pasado si le encuentra deficiencias. "Doy por hecho que todo el mundo trabajó un montón, pero el tema de las clases on line en el caso del colegio fue bastante escaso y mejorable. En el instituto, en cambio, dieron clase desde el minuto cero", recuerda Noelia, quien reconoce que esa era su mayor preocupación. "Nos han dicho que, en caso de que confinen a todo el aula, va a haber clases on line. Si el confinamiento es parcial, a los que estén en casa les enviarán trabajos porque no disponen de tantas cámaras como en el instituto, donde, por lo visto, todos recibirán clase estén donde estén, lo que me parece la bomba", reconoce Noelia, cuyos hijos llevan este atípico curso "fenomenal, aunque se quejan de tener que hacer gimnasia con la mascarilla".

PROFESORA DE ESO

"Ha sido un mes muy duro para los profesores"

Se pasa "medio día" diciendo: "Las distancias, no os toquéis, no compartáis el hamaiketako, no os dejéis el bolígrafo...", pero todo sea por salvaguardar la salud de su alumnado y, con ella, su educación. "Ha sido un mes muy duro para los profesores. Se están cumpliendo las medidas gracias a nosotros porque a nuestro centro no ha llegado nada de ayuda", lamenta una docente de ESO, que ha tenido que adelantar la alarma del despertador 25 minutos y sale del trabajo más tarde para que la entrada sea escalonada y poder "garantizar las distancias, tomarles la temperatura, echarles gel€ Nos supone un sobresfuerzo porque hay que estar muy encima de ellos", señala. Ni siquiera en los recreos tienen un respiro. "Para poder mantener las burbujas cada tutor tiene que ir con su clase. El descanso es mínimo", dice. Y si tienen a algún alumno confinado, toca conectarse al Meet para que siga la clase on line. Un no parar.

Académicamente, explica, el alumnado "ha llegado con un nivel un poco más flojo y, sobre todo, se nota la falta de rutina, constancia de trabajo y concentración. Es demasiado tiempo fuera de las aulas y les cuesta", constata esta docente, que imparte clase en un centro de Enkarterri.

PROFESOR DE ESO

"Si todo sale adelante es con el voluntarismo"

"Ya lo tuvimos que hacer durante el confinamiento trabajando desde casa y ahora, en el centro, exactamente igual. Si todo sale adelante es siempre con el voluntarismo de los profesores porque desde las instituciones, ni refuerzos ni recursos", denuncia un profesor de una ikastola de Uribe-Kosta, que, pese a que no queda otra, lamenta tener que "dedicar más tiempo a reuniones y protocolos que a preparar la clase en sí, que debiera ser lo más importante".

Limpiar mesas y sillas cuando "los chavales van de una clase a otra en las optativas", conectarse a una plataforma digital para mantener al día con deberes o videoconferencias al alumnado confinado... Todo lleva "un montón de tiempo" que, minuto a minuto, se resta del curso. "Nos están haciendo desdoblarnos entre la clase normal y telemática con ciertos alumnos e incluso ha habido algún profesor confinado que ha dado clases desde casa a los alumnos que están en el centro. Por todo eso se necesitan tantos profesores", reivindica, consciente de que este curso va a ser una carrera de fondo.

A los estudiantes, además de "perder nivel de euskera", fundamentalmente en los entornos castellanoparlantes, "se les nota más la falta de hábito", lo que obliga a trabajar al personal docente con "más intensidad". Y eso por no hablar de lo complicado que es enseñar un idioma, como hace este profesor en una ikastola de Uribe-Kosta, con la mascarilla, que "enturbia la pronunciación y limita la comunicación no verbal".

PROFESORA DE PRIMARIA

"Nos dieron quirúrgicas, que no te protegen"

Profesora de primero de Primaria en un colegio público de Barakaldo, tiene claro que este año "no se va a poder dar toda la materia porque se va a perder mucho más tiempo" con las medidas de seguridad. "Vamos a ir a por los mínimos del curso. Si aprenden a leer y escribir, con un canto en los dientes", se conforma esta docente, que ha disuelto en su aula los txokos y separado las mesas para evitar, en la medida de lo posible, el contacto. "Es imposible cumplir la distancia de seguridad. Los tengo a un metro. No tenemos espacio, los grupos siguen siendo igual, no hay más profesores...", denuncia.

A la sobrecarga de trabajo que suponen los protocolos y no desatender al alumnado confinado se une la dificultad de enseñar con mascarilla. "Cuando estoy lejos de los niños a veces me la bajo para beber agua o pronunciar porque en primero es muy importante que te vean la boca", justifica. Las que llevan ella y el resto del equipo docente son FFP2 y las ha sufragado el centro. "Los del Gobierno vasco nos dieron quirúrgicas, que no te protegen". Tras dar un alumno positivo en coronavirus, el "desbarajuste", señala, ha sido considerable. "Como no les hicieron las PCR a la vez, tres días tuve dos niños, un día tuve ocho, otro trece... Un desmadre".

PEDAGOGA TERAPÉUTICA

"Pedimos un refuerzo y nos lo denegaron"

La escuela de Bilbao donde trabaja es "pequeña" y eso, dice, "favorece a nivel organizativo". "El mayor problema que tenemos es la falta de ayuda y recursos por parte de las instituciones", rubrica y lo ilustra con un ejemplo. "En una de las aulas hay 25 alumnos, incluido alguno de educación especial, lo que quiere decir que conmigo y con la tutora somos 27. La distancia entre crío y crío no supera los 50 centímetros. Pedimos un refuerzo para esa clase y nos lo denegaron. Esos profesores de los que se habla a los centros no han llegado", censura esta pedagoga terapéutica. En cuanto al material, añade, "es muy escaso". "Solo han mandado un termómetro para toda la escuela y mascarillas para la gela de 2 años. Todo lo demás se ha pagado con el dinero del propio centro", dice.

Aunque todo es "más restrictivo" y no se puede jugar al fútbol ni cambiar cromos, "los niños son unos supervivientes y se adaptan", asegura, mientras cruza los dedos para que no los confinen porque "el alumnado con necesidades especiales necesita nuestra presencia". "Toda la comunidad educativa está de acuerdo en que hay que volver a las aulas, pero de manera segura".