La pobreza viaja en autobús
Iñaki y Ramón vivieron de la construcción y hoy duermen en un bus a causa del paro y otros conflictos personales
Las noches de primavera al raso a la luz de las estrellas y su temblor plateado le permiten soñar con otra realidad diferente, un lugar donde trabaja, come caliente y lleva una vida normal, la misma que tenía antes de que se truncara como consecuencia de la crisis, la económica y la personal. De día, a la sombra, y desde esa misma silla -su pequeño trono de homeless- le entran ganas de montarse en uno de sus aviones a los que puede seguir con la mirada su trazo en el firmamento, y viajaría a cualquier lugar del mundo... En su nueva casa hay decenas de asientos pero sólo dos ocupantes, ningún conductor y un destino incierto. Iñaki y Ramón duermen en los asientos traseros de un bus con los cristales rotos, lleno de colillas, latas y cajas de cartón.
Ramón, de 42 años, es alcohólico y está a punto de iniciar un proyecto de rehabilitación en el centro de tratamiento para drogodependencias de Erro, donde ha depositado todas sus esperanzas de curarse. Iñaki, de 45 años, separado de su mujer y después de tocar fondo, se está planteando volver a casa con sus hijos. Los dos se llevan bien, "somos como hermanos". Ramón estuvo esta semana ingresado en urgencias del Hospital de Navarra por un problema estomacal y vómitos constantes, y hoy Iñaki procura cuidarle. "Tengo continuamente ganas de devolver, sé que no estoy bien. Me duelo el pulmón, el hígado, el estómago... Cuando empiezas a beber es porque tienes problemas y no tienes a nadie que te apoye, parece que te alivia pero te vas enganchando... Es una enfermedad", admite Ramón. Ahora ya no son borracheras, es una auténtica "necesidad". "Si no bebes estás triste, no tienes ganas de nada, te empiezan a temblar las manos...", afirma quien admite tomar cuatro cajas de litro al día "cuando me lío". Cuatro cajas de "vino malo, del que vale 50 céntimos el litro y que jode del todo porque está medio picado. Es una droga barata mientras te vas abandonando...". Empezó con whisky y siguió con vino y cerveza.
La salud de Ramón es muy precaria porque todo lo que malcome (latas, embutidos...) lo devuelve su organismo. Tiene varios órganos tocados por el alcohol y le tienen que hacer varias pruebas complementarias antes de desintoxicarse, e ingresar en el centro de rehabilitación de Larraingoa (Valle de Erro), donde espera permanecer entre seis meses y un año. Reconoce que tanto Cáritas como los profesionales del servicio de Salud Mental de Burlada le han ayudado mucho, y "me quiero poner bien porque ésto no es vida".
Trabajó durante diez años como encofrador, con sueldos de 2.000 euros al mes. Luego empezaron los problemas con la empresa, que dejó de pagarles, hasta que en 2007 se vio sin trabajo "y me vine abajo". Tuvo una depresión, arrastró 18 meses de baja y finalmente recibió una pensión de incapacidad, 477 euros al mes que no le dan para comer, beber y pagar una habitación. Durante cinco años vivió con su pareja en Burlada, luego llegaron "los problemas" y tuvo que buscarse habitaciones por las que pagaba 200-250 euros. Vagó durante tres años y hace dos años se dio cuenta de que el dinero "no me llegaba para pagar el alquiler".
Acabó durmiendo en una furgoneta hasta que un día de mucho frío se encontró este autobús con la puerta abierta; "hablé con el dueño y me dijo que podía quedarme". Sus enseres son una manta y una mochila con ropa. Más las bolsas del súper.
Iñaki vino después, hace un año. Estuvo antes durmiendo en el esqueleto de un edificio en obras que quedó paralizado -ironías del destino- por la misma crisis que a él le llevó por delante. Empezó a trabajar con ocho años en su pueblo natal, ayudando a su padre a sacar adelante a una familia con once hermanos. Se casó joven, tuvo dos hijos y no le faltó dinero.
caída de un andamio Hace diez años se cayó mientras trabaja de un edificio en obras -a una altura de ocho metros y medio- después de que se moviese el puntal que sujetaba un andamio que se abrió al "abismo". "Yo quise agarrarme como los gatos a la vivienda, de ahí que me destrozara la nariz, y tuve la suerte de caer en tierra movida por la máquina porque si llega a ser cemento no lo cuento", relata. La pierna derecha quedó enterrada hasta la rodilla mientras que la izquierda se quebró y fue reconstruida a base de "tornillos". Asegura que la empresa se portó bien, pero a partir del accidente tuvo problemas de salud que le impidieron volver a trabajar. Se quedó en el paro y desde hace dos años cobra la renta básica. Estaría dispuesto a trabajar, "pero no en altura, prefiero poner cerámicas... me siento fuerte, quiero salir adelante". "Mis hijos saben donde estoy y quieren que vuelva a casa", relata. Ayer echó la primitiva, "a ver si hay suerte". Alquilar una habitación son 250 euros, mucho dinero para quien ha dormido entre cartones en invierno y bajo un árbol en diferentes parques los meses de verano. Iñaki es de los que piensan que los gobiernos no está actuando correctamente en su carrera de recortes. "No se puede estar subiendo impuestos, la gasolina... dejando cerrar las pequeñas empresas y echando de sus casas a quienes no pueden pagarlas", asegura. Ha trabajado como "un animal" cuando había tajo para elegir, se levantaba hasta 3.000 euros al mes como destajista de ladrillo caravista, "y ahora los chavales no quieren trabajar porque no pagan nada". Antes trabajaba más de diez horas al día, ahora pasea por la ribera del Ulzama en el cercano Huarte, a la sombra, e, ironiza, "recogiendo margaritas"...
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