La última clase del profesor Rubalcaba

Fallece a los 67 años el histórico dirigente socialista, nexo entre el PSOE de Felipe González y el de Zapatero, y uno de los artífices en la desaparición de ETA

09.02.2020 | 02:50
Alfredo Pérez Rubalcaba, exdirigente socialista (1951-2019).

Fallece a los 67 años el histórico dirigente socialista, nexo entre el PSOE de Felipe González y el de Zapatero, y uno de los artífices en la desaparición de ETA

BILBAO - El pasado miércoles impartió su última clase en la Facultad de Química en lugar de acudir al médico tras sentir molestias desde hace días, y por la tarde fue ingresado de urgencias en el hospital Puerta de Hierro, de Majadahonda, víctima de un ictus que ayer acabó con la vida de Alfredo Pérez Rubalcaba (Solares, Cantabria, 21-VII-1951), uno de los dirigentes políticos de trayectoria más larga y más laureados dentro de la familia socialista. Solo hacía unos meses que Pedro Sánchez le ofreció ser alcaldable por Madrid, algo que rechazó tras abandonar la política en activo a raíz de las elecciones europeas de 2014 con Elena Valenciano de candidata en plena irrupción de Podemos y, aunque no perdió ojo de la actualidad, decidió no dedicarse a tutelar a nadie, a diferencia de otros predecesores, a no ser que le pidieran consejo.

En su último discurso como secretario general de PSOE, al que se afilió en 1974, en el Congreso que hace cinco años encumbró por primera vez al actual presidente español, citó a su particular cinco inicial: Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero -y eso que él había apostado por José Bono-, José María Maravall, Joaquín Almunia y Javier Solana. "No me negaréis que he tenido suerte en mi vida política. He tenido los mejores jefes. El dream team ¿He dicho el dream team? ¡No! Estaba pensando en la Quinta del Buitre", verbalizó con su incorregible madridismo, además de ser un apasionado del atletismo. No en vano, llegó a correr los 100 metros lisos en 10,9 segundos. Lo suyo fue una carrera constante. Entre sus cargos, secretario de Estado de Educación en 1986 cuando los estudiantes se manifestaban ya por las calles y mientras se redactaba la famosa Logse; ministro de Educación y Ciencia en 1992; ministro de la Presidencia y de Relaciones con las Cortes de 1993 a 1996, cuando los socialistas perdieron las elecciones y José María Aznar llegó a la Moncloa; nexo de unión entre la generación que llegó al poder en 1982 y la nueva hornada que en 2004 le recuperó como habilísimo negociador para ejercer de portavoz en el Congreso; ministro de Interior en 2006; y vicepresidente del Ejecutivo en 2010, antes de que le pasara por encima la crisis y la mayoría absoluta de Mariano Rajoy.

del gal al 11-M Su largo currículum le valió para ser considerado sin discusión un servidor del Estado, pero también le generó enemigos. El de los GAL fue el asunto que más le costó defender. Viernes tras viernes, Rubalcaba era la persona que desde la mesa del Consejo de Ministros se encargaba de negar o maquillar las evidencias sobre la guerra sucia contra ETA y la implicación del Ministerio del Interior en ella. Después, en el 11-M, proclamó una frase lapidaria sobre el Gabinete Aznar que impactó en la opinión pública: "Los españoles no se merecen un Gobierno que les mienta". Nunca se arrepintió de haberla pronunciado porque lo consideró probado. Jamás admitió que hubiera incitado a concentrarse en las puertas de la sede del PP de la calle Génova de Madrid. Esta acusación de los populares la comentaba con sorna: "Mal estaría el PSOE si solo fuera capaz de movilizar a 300 personas", precisó.

Y quizás por ello se le vinculó posteriormente con el episodio del presunto chivatazo surgido de las propias Fuerzas de Seguridad al propietario del bar Faisán, en Irun, sobre una operación policial contra la banda armada, contra la que el político socialista puso su granito de arena en su desaparición. "La verdad es esta: la democracia ganó y ETA fue derrotada", publicó en su Facebook en el séptimo aniversario de la declaración donde la organización anunciaba el fin de la violencia. Después de dos treguas fallidas, con conversaciones que impulsó, llegó la definitiva de 2011 con la gestación de la Vía Nanclares. No era Rubalcaba de talante angelical y cuando se distanciaba de alguien, normalmente de dentro de su partido, le hacía frente con toda intensidad. Hasta que en un momento dado el enfrentamiento se disipaba y el adversario pasaba a ser amigo, como ocurrió con todos los dirigentes del llamado sector guerrista. "Nunca sabías por dónde iba a salir", dicen de él siempre con respeto pese a su fama de frío y calculador. Muy preocupado por la crisis en Catalunya unió a los socialistas, incluido el PSC y pese al rechazo andaluz, en torno al proyecto federalista.

Hijo de Dolores Rubalcaba y Alfredo Pérez Vega, piloto de Iberia, estudió en el colegio del Pilar de Madrid, de cuyas aulas han salido tantos políticos, de la derecha y de la izquierda. Ávido lector de novela negra y al tanto de las últimas series -su favorita, Peaky Blinders-, Rubalcaba, de lágrima fácil, prefería ver el fútbol en su casa, con amigos y fumando un puro con una copa de vino. Su esposa, Pilar Goya, era su referencia, al igual que su íntimo Jaime Lissavetzky. Cuando accedió a la Secretaría General del PSOE, el 4 de febrero de 2012, lo hizo por 487 votos frente a los 465 de Carme Chacón, cuya repentina muerte hace poco más de dos años dejó desolado a Rubalcaba. Así quedó ayer el socialismo con su pérdida.