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No hubo niños en el fusilamiento que milicianos practicaron contra 22 presuntos derechistas de Durango el viernes 25 de septiembre de 1936. El testimonio de un durangarra -heredado por su hijo- arroja luz a la enigmática foto que DEIA publicó el pasado 9 de enero.

A las explicaciones del hijo -que prefiere permanecer en el anonimato-, este diario agrega nuevos datos recibidos en forma de carta por un galdakoztarra. Este, Juan Carlos Fernández de Mendiola, se puso en contacto con la asociación Gerediaga elkartea. Los dos vizcaínos coinciden, además, en que la posición del fusilamiento no fue la que se ve en la fotografía, sino de forma perpendicular a ella, unos metros hacia la derecha de la foto, y con unos panteones como paredón. "Mi padre presenció por casualidad, por un encargo que le hicieron, el fusilamiento y me dijo que no hubo nadie más que él y el enterrador", comienza a matizar el durangarra. "A poco más y les matan a ellos dos también", deja en el aire la incertidumbre.

Pero antes, los hechos históricos. Aquel 25 de septiembre, hacia las 11.00 horas, Durango, como Bilbao, fue bombardeado. Aviones afines a los sublevados arrojaron cuatro bombas. Una de ellas cayó en el frontón de Ezkurdi. En este lugar descansaban y jugaban a pelota un grupo de milicianos y refugiados huidos del frente de Gipuzkoa. Un artefacto alcanzó la pared lateral del frontón, atravesó el muro y estalló entre los presentes. Causó doce muertos y un gran número de heridos. Otro impactó en la huerta del médico Marcos Unamunzaga, y dos más en la estación del ferrocarril. Los fallecidos fueron varones con edades comprendidas entre los 18 y los 32 años y mayoritariamente guipuzcoanos. "Ningún durangués figuró entre las víctimas", según confirma el historiador iurretarra, Jon Irazabal Agirre.

Irazabal relata que "tras el bombardeo, un grupo de milicianos, posiblemente del Batallón Rusia de las Juventudes Socialistas Unificadas (PSOE), enardecidos por las escenas de muerte y dolor que produjo el bombardeo, se dirigieron a la cárcel", ubicada en el actual edificio de Telefónica de la calle Ermodo. Allí, redujeron a los guardias que la custodiaban y sacaron de la misma a los 22 presos que se hallaban detenidos por presunta afinidad con los sublevados. Trasladados al cementerio, "los fusilaron junto a la capilla, sin juicio previo que denotara alguna culpabilidad y que la misma fuera merecedora de la pena de muerte". No conformes con estos fusilamientos, trataron de detener y fusilar a otros derechistas de Durango. Alertados de las intenciones, miembros del PNV y de STV advirtieron y ocultaron a diversos tradicionalistas hasta la liberación.

La foto que publicó DEIA, obra del fotógrafo afecto al régimen de sublevados, Germán Zorraquín, muestra milicianos fusilando a uno de los grupos. Lo intrigante de la imagen es que en su parte izquierda aparecen niños y hombres presenciando la ejecución. A día de hoy, tras diversos testimonios, ya todo hace presagiar que fue una escenificación realizada en un día diferente al de autos. Además, es una foto poco fiel a los hechos porque todo lleva a concluir que no se realizó en ese lugar, ni hubo presencia de menores en el cementerio aquel mediodía.

En este camposanto, DEIA se entrevistó ayer con un durangarra que prefiere permanecer anónimo. Él relata el testimonio de su padre, que presenció la ejecución real, aquel 25 de septiembre. "Sólo mi padre y el enterrador estuvieron presentes. Algunos amigos de los que iban a fusilar intentaban subirse a las tapias del cementerio, pero estuvo acordonada la entrada", agrega.

Su padre accedió al interior porque el enterrador, Nicolás Basaguren, le encargó que subiera con su burro y un carro 22 cajas para los que iban a fusilar. Lo hizo en dos viajes, desde el casco viejo. Tras la segunda entrega, vio con el enterrador todo desde la huesera, que estaba junto a la casa de éste. "Mi padre siempre contaba que uno de los milicianos estaba enfurecido -quizás el bombardeo le había matado a un amigo o un familiar- y que les vio y les dijo: ¡Estos también! Entonces el mando dijo que no, que eran el enterrador y el transportista de las cajas", transmite su hijo. "¡Vaya escapada tuvimos!, me repetía cada vez que contaba lo ocurrido", apostilla.

Este vecino de Durango descarta también la posición de la fotografía. A su juicio, el fusilamiento se ejecutó con los panteones ubicados a la izquierda de la entrada de la capilla actual del cementerio, como paredón. "Ahí fue donde dijeron que uno que no murió, Mario Zavala, cayó hacia Elorrio", agrega.

El galdakoztarra natural de Durango, Juan Carlos Fernández de Mendiola, coincide con esta ubicación. "En mi opinión es un montaje. Tanto mis padres, como mi tío, nacionalista, y su hermana también tía, carlista, me indicaron que el fusilamiento se realizó frente a nuestro panteón familiar -Garitaonandia-Ilardia- situado a la izquierda de la capilla. Todavía hoy se puede ver en ella algún impacto de bala", esclarece.

Otro tío de Juan Carlos fue Ángel Garitaonandia, teniente de alcalde del PNV entonces. "Mi tío fue a impedir que se los llevaran a fusilar y le dijeron que se callara o que le llevaban al cementerio a él también". Fernández de Mendiola cree, además, que es una escenificación porque "además de que los niños van muy bien vestidos para un día normal, se les ve a ellos y los mayores con mucha naturalidad viendo una ejecución".

El vecino de Durango anónimo también apunta en la misma dirección. "En aquellos tiempos, sólo vestíamos de blanco el día del Corpus, con la procesión por Barrenkalea y, luego, esa ropa a guardar...", resume quien asegura que su padre le dijo que los milicianos eran "asturianos" y que les fusilaron "de siete en siete". También les llama la atención que un fotógrafo estuviera presente. "Mi padre no habló de fotógrafo", apunta el durangarra. El galdakoztarra también lo cree así: "En esos casos no se quieren testigos, ni fotos tampoco, porque son testimonios incómodos". Ambos coinciden en que la foto, con los niños, es "una barbaridad aterradora".