DE Durango al cielo pasando por la Azoka. Porque Durango es el centro geográfico de Euskal Herria, un punto neurálgico en el que dos durangarras, unidos por la tele y la Azoka, trazan para DEIA su cuaderno de bitácora de la feria, un esbozo de vivencias desiguales pero absolutamente imbricadas en la cultura vasca. Yolanda Alzola está implicada hasta las trancas. De hecho, hace tres años se convirtió en protagonista y publicó un cuento Zer izango naiz nagusitan (Ibaizabal) con el personaje de Maritxu en el papel de muñeca sostenible. "Se lo dediqué a mi hija Nora y ahora tengo ganas de hacer otro para mi hijo".
En este epicentro, Alzola saca la brújula y Goikoetxea el compás, aunque confiesa que ha hecho alguna pira. "Yo también empecé a ir a la Azoka en el mercado de abastos... Entonces trabajaba en Radio Popular, iba como periodista, posteriormente he acudido como ciudadano de a pie, pero a medida que he estado metido en el deporte, es un mundo que te absorbe y por unas circunstancias o por otras...". Admite que Durango se disfraza de locura y que a veces hay desertores como algunos iruindarras en Sanfermín.
Para Alzola, sin embargo, es impensable pasar un puente sin Azoka. "Es el pistoletazo de salida de la Navidad. Me encanta... Es como estar en fiestas, hay muchas actividades, gente en la calle, ambiente invernal, feria artesanal, las tiendas abren porque llegan muchos visitantes...". Alzola también ha vivido la feria entre bambalinas. "Un montón de años estuve en un stand de la plaza vendiendo los libros del museo. Me lo pasaba muy bien aunque muerta de frío y sin quitarme el plumífero. Así que primero vendía libros y luego publiqué el mío, ha sido una evolución muy bonita". Rebozada de feria por los cuatro costados, Alzola ha experimentado paralelamente los cambios con la Azoka, con un público y un auge en cuarto creciente. "Es genial, tanta gente que viene a pasar el día, tantos guipuzcoanos por Durango", se entusiasma sola. Para la conductora de Decogarden, la Azoka tiene dos clásicos "el calendario de la Pirenaica, casi todo el mundo lleva uno enrollado bajo el brazo, y ahora algún producto de Pirritx eta Porrotx, que en las casas con niños son los reyes".
De carácter nervioso, Goikoetxea admite tener poca paciencia para leer y haber buscado entre los puestos libros de consulta relacionados con el euskera como Atsoti-tzak de Gotzon Garate, que le sirven como herramienta para perfeccionar la lengua. Y después para pasar el rato, "depende del día que tenga, me gusta la poesía por el sentimiento", confiesa. Es en este punto cuando revela otro secreto: "En ocasiones también he mandado a mi mujer a comprarme algo concreto, por pereza", testifica, consciente de que ahora tendrán que recoger el guante de las compras sus hijos de 18 y 13 años.
Al unísono coinciden en que es el escaparate perfecto de la cultura vasca. "Es verdad que ahora se ha mercantilizado mucho, que la gente gasta mucho dinero pero eso no es ni bueno ni malo. Ya saben que van a contar con un público determinado, que va a comprar las novedades más sonadas. Lo malo es que sea algo folclórico, que parezca que durante el resto del año no se hace nada y que dé la impresión de que el disco y el libro vasco sólo existen cuatro días al año", apuntala Goikoetxea. Entonces Alzola se descuelga con la solución perfecta: "Debería haber dos ediciones, una en invierno y otra en primavera". A ver qué opinan de eso los de Gerediaga.