Hipertensión: por qué se produce y cómo prevenirla

La hipertensión es una enfermedad que prácticamente no se siente, que normalmente no duele, pero que es grave y puede llegar a matar

28.09.2020 | 19:19
La hipertensión es una dolencia que apenas se siente y que hay que controlar.

La hipertensión causa la muerte a siete millones y medio de personas anualmente en todo el planeta, y lo que puede ser aún más alarmante, casi la mitad de ellos no sabían que la padecían porque no suele dar síntomas, y solo se enteran cuando sufren un ataque cardíaco o un derrame cerebral. En el Estado español se estima que más de 14 millones la padecen, casi un 40% de los ciudadanos. Esta enfermedad afecta de modo especial a los mayores, y de hecho el 65% de quienes tienen más de 60 años sufren de presión alta.

La hipertensión puede ser causa de múltiples problemas, como accidentes cerebrovasculares, ataques cardíacos, enfermedades renales, y también puede contribuir a la demencia. Por lo general la hipertensión no suele notarse, aunque en algunos casos puede producir dolores de cabeza, dificultad para respirar o hemorragias nasales, pero estos signos y síntomas no son específicos y generalmente no ocurren hasta que la presión arterial alta ha alcanzado una etapa grave. Aunque es más común en adultos, los niños también pueden estar en riesgo. En algunos de ellos, la presión arterial alta está causada por problemas con los riñones o el corazón. Pero para un número creciente de pequeños, los malos hábitos en el estilo de vida (como el sedentarismo o una dieta poco saludable), la obesidad y la falta de ejercicio, contribuyen a la hipertensión arterial.

Por qué sube la tensión


Como se sabe, la tensión mide la cantidad de sangre que pasa a través de los vasos sanguíneos y la cantidad de resistencia que encuentra la sangre mientras el corazón bombea. Las arterias estrechas aumentan la resistencia. Cuanto más estrechas sean las arterias, mayor será la presión arterial. La presión arterial alta obliga al corazón a trabajar más para bombear sangre al resto de su cuerpo, y esto hace que parte del corazón, generalmente el ventrículo izquierdo, se espese, lo que aumenta el riesgo de ataque cardíaco, insuficiencia cardíaca y muerte súbita cardíaca.

La medición de la presión arterial se hace con un manguito que se va inflando hasta obstruir momentáneamente la arteria, para luego ir abriéndola poco a poco. Cuando esa arteria se abre, se mide la presión máxima, la sistólica, mientras el corazón está haciendo el máximo esfuerzo para hacer circular la sangre. Cuando el flujo vuelve a la normalidad se mide la mínima o diastólica.

La tensión arterial normal en adultos es de 120 mm de mercurio (hasta 150 para los mayores), cuando el corazón está en sus máximas pulsaciones, y de 80 mm de mercurio cuando está más relajado. Se habla de hipertensión cuando la presión arterial es igual o superior los 140 mm de tensión máxima o diastólica y los 90 de mm de tensión mínima o sistólica. Si eso ocurre hay que acudir al médico, aunque sin alarmarse excesivamente, porque hay remedios. En todo caso, si la presión arterial es muy alta o no disminuye después de hacer determinados cambios en el estilo de vida, el médico puede recomendar medicamentos que funcionan y mejorarán el resultado a largo plazo, especialmente si existen otros factores de riesgo. Sin embargo, puede llevar algún tiempo encontrar la combinación correcta de fármacos. Siempre hay que consultar al profesional de la salud, tomarse la tensión de forma regular y comprobar los resultados.

Lo primero es saber que hay varias causas que hacen que las arterias se estrechen y aumente, por tanto, la tensión. Estas son algunas de ellas, junto a algunas ideas de cómo podemos solucionarlas:

1. La edad. El riesgo de hipertensión aumenta a medida que se envejece. Hasta alrededor de los 64 años la presión arterial alta es más común en los hombres. Las mujeres tienen más probabilidades de desarrollar presión arterial alta después de los 65 años.

2. La raza. Curiosamente, a nivel mundial la presión arterial alta es particularmente común entre las personas de ascendencia africana, que a menudo se desarrolla a una edad más temprana que en los blancos. Las complicaciones graves, como accidente cerebrovascular, ataque cardíaco e insuficiencia renal, también son más comunes en personas de raza negra.

3. La herencia familiar. La presión arterial alta suele trasmitirse en los genes familiares. Si los padres o abuelos la han padecido, hay que vigilarse con mayor dedicación.

4. Los kilos de sobra. Cuanto más se pese, más sangre se necesitará para suministrar oxígeno y nutrientes a los tejidos. A medida que aumenta el volumen de sangre que circula por los vasos sanguíneos, también aumenta la presión sobre las paredes de las arterias. Con diferencia, el medio más efectivo para reducir la presión arterial elevada es perder peso. Y no se requiere una gran pérdida para marcar la diferencia. Incluso adelgazar tan poco como cuatro o cinco kilos puede resultar vital.

5. No estar activos. Las personas que están inactivas tienden a tener frecuencias cardíacas más altas. Cuanto más alta sea la frecuencia cardíaca, más pulsaciones, más duro debe trabajar el corazón con cada contracción y más fuerte será la fuerza sobre las arterias. La falta de actividad física también aumenta el riesgo de tener sobrepeso lo que igualmente ayuda a la hipertensión. No hace falta mucho ejercicio para marcar la diferencia en la salud. Basta con caminar o hacer deporte media hora, al menos cinco días a la semana. Lo ideal es practicar la especialidad que a uno le guste. Para algunos eso significa bailar, para otros, andar en bicicleta o caminar a paso ligero con un amigo. Incluso las actividades cotidianas como la jardinería pueden ayudar.

6. Fumar. Fumar tabaco no solo eleva la presión arterial de forma temporal, sino que las sustancias químicas que tiene el tabaco pueden dañar el revestimiento de las paredes de las arterias. Esto puede hacer que las arterias se estrechen y aumentar el riesgo de enfermedad cardíaca. A los fumadores pasivos, el humo también puede aumentarles el riesgo de enfermedad cardíaca. Lo mejor es no fumar, y no solo por la tensión, sino por la salud en general.

7. Demasiada sal. Demasiado sodio en la dieta diaria puede hacer que el cuerpo retenga líquidos, lo que aumenta la presión arterial. Casi todos tomamos demasiado sodio en la dieta, hasta tres veces la cantidad total recomendada, que es de 1,5 miligramos diarios para personas con presión arterial alta. No se necesita mucho sodio para alcanzar ese límite diario de 1,5 mg, solo 3 o 4 de cucharaditas de sal. Es aconsejable leer las etiquetas en los productos envasados y vigilar las cantidades si se hace la comida en casa. Hay varios alimentos especialmente ricos en sodio: panes, embutidos, pizza y pasta, sopas, sándwiches, y en general casi todos los procesados.

8. Poco potasio y no tener una dieta saludable. El potasio ayuda a equilibrar la cantidad de sodio en las células. Si no se obtiene suficiente potasio en la dieta o no se retiene suficiente potasio, se puede acumular demasiado sodio en la sangre. Comer alimentos saludables puede ayudar a mantener la presión arterial bajo control. La clave, por lo tanto, es poca sal y mucho potasio. La base puede ser muchas frutas, especialmente aquellas ricas en potasio como plátanos, albaricoques, aguacates y naranjas, y verduras como patatas, tomates, espinacas... Así como limitar el conSumo excesivo de calorías, grasas, carbohidratos y azúcar. El ajo y el extracto de ajo también ayudan a controlar la tensión. Igualmente tomar chocolate negro, así que sí, amantes del chocolate: se ha demostrado que el negro reduce la presión arterial, pero debe ser de al menos 60 o 70% de cacao.

9. Abusar del alcohol. Con el tiempo, beber en exceso puede dañar el corazón. Tomar más de una copa de alcohol al día para las mujeres y más de dos copas diarias para los hombres puede afectar la presión arterial. La solución es limitar el alcohol a una bebida al día.

10. El estrés. Los altos niveles de estrés pueden conducir a un aumento temporal de la presión arterial. Se puede aliviar el estrés con un rato de meditación diaria o con sesiones caseras de respiración profunda. Las hormonas del estrés contraen los vasos sanguíneos y pueden provocar picos temporales en la presión arterial. Además, con el tiempo el estrés puede desencadenar hábitos poco saludables que ponen en riesgo la salud cardiovascular. Estos pueden incluir comer en exceso, dormir mal y abusar de las drogas y el alcohol. Por todas estas razones, reducir el estrés debería ser una prioridad si se está buscando reducir su presión arterial.

11. Mucha cafeína. La cafeína eleva la presión arterial, pero el efecto es temporal. Dura de 45 a 60 minutos, y la reacción varía de un individuo a otro. Reducir el consumo de cafeína hará que se duerma mucho mejor, lo que es también muy importante para mantener la tensión arterial controlada.

12. Ciertas condiciones crónicas. Ciertas afecciones crónicas también pueden aumentar el riesgo de hipertensión arterial, como una enfermedad renal, diabetes y apnea del sueño. A veces el embarazo contribuye igualmente a tener la presión arterial alta, aunque en este caso se trata de una causa pasajera.