Benasque, entre el cielo y la tierra

Benàs, Benasque. La vía que te acerca a este rincón privilegiado del Pirineo está en obras; la increíble carretera arrancada al monte es alucinante en la zona conocida como Congosto de Ventanillo, donde apenas hay hueco para la carretera y el río, que abrió este paso que nos lleva al valle más oriental de Aragón. Las paredes caen verticales sobre el asfalto y cuesta imaginar qué fue de este camino en los tiempos de los coches tirados a caballo y en pleno invierno.

25.11.2021 | 08:15
Impresionante vista de un monte no menos impresionante: el Aneto.

El Valle Escondido, el Vall de Benàs o Valle de Benasque se va abriendo ante nuestros ojos, y pasamos como escapando por la entradas a los pueblos, mientras nos llama la atención la ermita de Guayente, construida en un escarpado de la montaña. Volveremos para visitarla. A la derecha hay un pequeño lago, ¿será un ibón? No, no, es agua embalsada por la pequeña presa que surte de agua a la zona.

Llegamos al pueblo de Benasque y una curiosa rotonda con sarrio incluido nos da la bienvenida. El Ésera queda a un lado, y el pueblo, como guardián impaciente, está levantado siguiendo su curso, con los grandes hoteles de montaña a un lado. Y nos llama la atención la intervención artística que Vicente García Plana ha realizado a la entrada del Hotel Aneto. Vicente nos comenta con mucha pasión el sentido de su obra en espacios como hoteles. Es una manera de dar personalidad propia a estos lugares por los que anda tanta gente, siempre de paso. En el interior del establecimiento hay más trabajos del artista. Una pena que el hotel no cuente con una guía explicativa de las diferentes obras que Vicente ha instalado, pero bueno, se puede dejar uno llevar por la curiosidad y vagar buscando y disfrutando de ellas.

Lo que impone es el paisaje, y la mirada te lleva al cresterío, que a primeras horas de la mañana luce con un color rojizo hipnótico, espectacular. El Parque Natural Posets Madaleta se contempla en toda su fuerza, y da la sensación que los picachos están gritando para que sus cimas sean holladas. A la derecha quedan las montañas de la cercana y lejana a la vez Cerler, Sarllé en patués.
Y nuestro cicerone cien por cien benasqués, Javier Mora, nos va contando la historia del pueblo, lugar de paso hacia el norte, calles y puertos de montaña ya transitados en la época romana. Nombres como Puerto de la Glera, Portillón o Puerto de la Picada, resuenan en estas tierras que se lo deben todo a sus montañas.
Hoy, el casco de la villa reluce con el palacio de los condes de la Ribagorza, la torre que fue prisión, con su discreta iglesia y las casas infanzonas de recia piedra y madera a la vista, pizarra en la cubierta y en más de una, lauburus encastrados en las puertas de entrada a las viviendas.


Caminantes en el Parque Natural Posets Madaleta.

Excursión y ciencia
Toca hacer de excursionista, porque uno no ha llegado aún a ser montañero. Contamos en esta aventura por las entrañas del Posets Maladeta con la ayuda de Eric Sánchez, un entusiasta trabajador forestal que vive en primera persona todo lo que concierne al Parque Natural.

Sus explicaciones y vivencias hacen del viaje hacia Gorgas de Alba una experiencia irrepetible; bosques, cascadas y corrientes de agua son el complemento perfecto a sus historias y descripciones de la flora y fauna del lugar. Y como no teníamos suficiente y nos veía físicamente bien, nos llevó atravesando prados de ensueño hacia Aigualluts.

La visión de ensueño del pico nevado del Aneto y de la Maladeta fue casi el colofón, pero aún faltaba llegar hasta la sima del Forau Aigualluts, por donde desaparecen las aguas del glaciar del Aneto, aguas que vuelven a surgir de las entrañas de la tierra en el vecino valle de Arán, aguas que son el origen del Garona, uno de los grandes ríos de la Europa occidental y que atraviesa media Francia para acabar su viaje en el Atlántico.

Un largo viaje del agua que recuerda al que realizan los científicos y físicos que recalan en Benasque, en su Centro de Ciencias Pedro Pascual, un lugar pensado para intercambiar ideas, fórmulas y experiencias en un entorno increíble. Quizás salga de aquí alguna iniciativa que revolucione nuestra vida y pensamiento, y se lo tendremos que agradecer entre otras personas a Tracey Paterson, escocesa de origen, que recaló en este valle y hoy es una de las más entusiastas personas que se desviven para que los científicos que llegan al citado Centro puedan aportar lo mejor de sí mismos.

Tradiciones
Llegamos a Saúnc/Sahún por un camino lleno de magia que a primeras horas del día apenas tiene gente y te lleva por las entrañas de sus montes. Este montañero de ciudad se perdió por el camino y acabó ascendiendo por el barranco de Surri, así como quien no quiere la cosa.

Un precioso puente de madera atravesaba la correntía, el ruido, la temperatura y el color ya rojizo hacían del lugar un paisaje lleno de magia y claro, en tal éxtasis natural, nos equivocamos de senda y acabamos encontrándonos con bordas de alta montaña y vacas, muchas vacas.

De regreso al pueblo nos acompañó Ramón Coviras, otro entusiasta del acervo cultural del valle. Y Sahún es un referente en cuanto a Les Falles, una tradición ancestral de la Alta Ribagorza con la que se celebra el solsticio de verano en la noche de San Juan.

La tradición de la ceremonia de Les Falles consiste en un acto de purificación a través del fuego, y arranca cuando los lugareños descienden de la montaña con sus varas de abedul encendidas. Ya en la plaza del pueblo se reúnen alrededor del fuego y al son de la música bailan para ahuyentar a los malos espíritus. Les Falles son Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, y lograron este reconocimiento antes que las fallas valencianas. Ramón nos cuenta que es impresionante ver grandes bolas de fuego en la noche volteando sobre las cabezas de los y las danzantes.


Bonito lauburu en la entrada a una vivienda de la zona.

Chía, y más
Y al lado de Sahún se encuentra casa Chongastán, en Chía, una casa de comidas única, irrepetible. Junto a la entrada se encuentra la carnicería regentada por la misma familia. Lo que se ofrece es todo de la propia cabaña familiar. Ternera criada en sus pastos, por ejemplo. La calidad y la cercanía lo son todo en el Chongastán. Y son los platos de siempre servidos con mucho arte lo que hacen del lugar una referencia indiscutible en todo el valle de Benasque, gracias al empuje de las hermanas Martín, que guían la cocina, y del hermano, responsable de la ganadería familiar.

En definitiva, una maravilla de lugar para disfrutar de la gastronomía más recia de la tierra, regada además con vinos escogidos con delicadeza. Así se da el maridaje perfecto entre un guiso casero y un vino del desierto de los Monegros como es el Sed.

La verdad es que después de cenar junto a la familia del Chongastán uno ya se queda extasiado con el entorno, y sobre todo con la gente de Benasque. Amables es poco para describirlos. Hay que ir y experimentarlo en carne propia.

Chía se quedó allí arriba y la cocina de Begoña Martín aún más arriba. Nosotros descendemos al valle, hasta el lugar donde se forma a los futuros maestros y maestras de los fogones, y no solo de Benasque, sino también del resto del mundo. José Miguel García-Escudero Ulibarri, bilbaíno formado en la mítica escuela de cocina de Leioa, es el profesor en la escuela de hostelería de Guayente. Otra persona que recaló y se quedó. ¿Que magia tendrá Benasque?

Una de la estrellas emergentes que brillan con luz propia formada en la escuela de Guayente es Iris Jordán, cuya familia ha regentado desde 1984 el restaurante Ansils, en Anciles/Ansils. Ahora es el turno de los dos hermanos Jordán. Iris es pura energía llevada a la cocina. Su abuela es su referente y su cocina llena de vanguardia explosiona en un entorno como el de Anciles.

La verdad es que se puede ir al valle de Benasque para hacer un tour exploratorio sin subir a sus montañas. Las cumbres serían sus mejores restaurantes, y esto tiene una ventaja, llueva, haga frío, nieve o sol: no habrá problema en acercarse a tantos templos gastronómicos. En vez de polainas, crampones y forros polares, podremos acercarnos vestidos casual, más ligeritos de ropa, y disfrutaremos de otro horizonte, el del paisaje de la gastronomía benasquesa.

Y como no todo va ser comer y beber, hay que mover el esqueleto. Tenemos suerte de que la montaña atraiga con un magnetismo muy especial. Nos quedan pocas horas y contamos con una suerte: nos va a acompañar en nuestro último reto montañero una alavesa y vitoriana de pro, Argiñe Martínez de Albéniz.

También ella sucumbió a la magia de Benasque. Y razón no le falta. Junto a esta mujer descubrimos la zona de Eristre-Grist, cruzamos el puente de Tramarius, y llegamos hasta la cascada de Espigantosa, un icono del Parque Natural. Uno se imagina aquel anuncio de jabones Fa, hoy imposible de rodarse.

Increíble la coincidencia: hoy es el día de la tría, el momento en el que los ganaderos del valle suben a la zona de los montes de Estós a triar (es decir, a separar sus vacas de las de los otros propietarios) y bajarlas al valle, a una zona mas benigna donde pasar el invierno.

Durante todo el verano y parte de la primavera la cabaña de los ganaderos de la mancomunidad del valle de Estós ha estado pastando en las alturas del valle, al cuidado de un pastor que reside en la famosa borda inmortalizada en un videoclip de Celtas Cortos: la cabaña del Tormo.

Estas montañas son propiedad privada desde la época de la desamortización de Madoz, cuando los benasqueses compraron a razón de una acción por familia la propiedad de las montañas de Estós. Hoy las mantienen con orgullo, como igualmente mantienen una actividad ganadera que es tradición y sustento.

Algunos jóvenes están apostando por la continuidad de esta actividad económica, pero hay más nubarrones que claros. Manuel Lamora, Manolet, ganadero y benasqués ilustrado, comenta que la cosa pinta imposible. Dice que ellos serán los últimos en el oficio y que la montaña quedará huérfana. Esperemos que se equivoque y que el valle de Benasque sea sobre todo un lugar donde la entente entre la montaña y la actividad ancestral ganadera pueda mantener un buen equilibrio.

Y sorpresa: antes de marcharnos visitamos en Cerler/Sarllé la casita del ratoncito Pérez. Sí, está allá, y no es que nosotros estemos sin dientes, pera quizás sea esta la razón de su magia y de que tanta gente vaya allí y se quede. 


Bisaurri, con su iglesia destacando en el centro.
+ Info
www. benasque.com
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