Rincones perdidos en la memoria

Calles que tanto gusto da verlas

31.01.2021 | 00:58
El espectacular mural del muro Ekhum, bajo La Salve.

Bilbao también puede entenderse como una ciudad lienzo. En sus calles se ha posado el 'street art', espolvoreando muchos de sus rincones con trepidantes manifestaciones artísticas que surgieron en el mundo a mediados de los 90

TOMÉMONOS un café o una cerveza –cada cual lo que más guste...– con un trocito de historia para entender los porqués. El término street art surgió a mediados de los años 90, también bajo el nombre de Post-grafiti, para identificar una serie de expresiones artísticas heterogéneas y usualmente anónimas que empezaron a inundar las grandes ciudades de Occidente.

Conviene explicar que ya existían estas técnicas como formas de protesta o de denuncia popular tiempo atrás. De hecho a mediados de los años 60 ya se empleaban las plantillas en París, en ocasiones por libre y en otras ligados a los evocadores tiempos de Mayo del 68 . Pero sí es cierto que fue a partir de los años 90 cuando pasó a convertirse en la expresión de una subcultura.

La popularización del Post-grafiti en las distintas ciudades llevó al surgimiento de grupos locales y de artistas propios de cada ciudad, reconocibles por sus mensajes o sus personajes recurrentes. En la actualidad algunos artistas como el británico Banksy han alcanzado tal grado de reconocimiento que han sido abordados en libros de arte e incluso se llegó a exponer de manera clandestina algunas de sus piezas.

Bilbao, como ciudad de vanguardia, no es ajena a esas tendencias. Resulta imposible seguir el rastro de tanta huella como se espolvorea por la ciudad pero sí es posible hacer un recorrido por algunas de las piezas más notables. Entremos en ese universo tal y como dictan los mandamientos del buen bilbaino. ¿Cómo? Hablándoles de Miradas sobre Bilbao/ Bilborako begiradak, una obra mural del artista Jorge López de Gereñu acogida por el libro Guinness de los récords como el más grande del mundo obra de una sola persona. Quien tenga curiosidad puede acercaerse a las laderas de Enekuri para regodearse en la contemplación. Mide 3.595 metros cuadrados... ¡toda una barbaridad!

Sigamos la ruta. Casi al final de la avenida Kirikiño se alcanza la plaza cerrada por un anfiteatro de casas cuyas fachadas han sido pintadas con murales. El conjunto de Street Art es uno de los mayores en extensión de Bilbao, y poco a poco los vecinos se están acostumbrando a que lleguen viajeros armados de cámaras de fotos. Jorge Rubio, Fermín Moreno y José Ramón Bañales estuvieron detrás del diseño, repitiendo en la decoración del pabellón de deportes de la Casilla.

Puede continuarse la ruta en pos de arte singular que llevarse a los ojos. Deténgase el paseante en la fachada de una casa en la calle Santiago Aznar, frente al bar Carvi. La obra es de Aryz (2014), titulada El fin justificado y representa tanto la evolución de los homínidos como hileras de cuerpos enterrados siguiendo ritos funerarios. Se trata de una serie de esqueletos en rojo que levantaron una ola de polémica en el vecindario.

No hay duda de que la ribera del Muelle Urazurrutia acoge varios grafitis poco conocidos: un oso en unas escalera y luego, ya casi besando al puente de San Antón, aparece un clásico, los coloridos tonos de Erb Mon, al lado de la Casa Cuna, un edificio de la caridad obra de Ricardo Bastida en 1916, con influencias del modernismo catalán.

¿Se han fijado en los marcianitos pixelados que se espolvorean en algunas zonas de Bilbao? El Puente de El Arenal, Iturribide, la calle Ronda... Forman parte de la exposición Percepción [S]tencible (2008), en la que se colocaron unos 40 mosaicos por toda la ciudad en nombre del anónimo Space invaders. Aunque durante estos años se han perdido algunas, la mayoría siguen escondidas en los sitios más insospechados.

Retomemos la visita a algunos de los salones coloristas de la villa. El graffiti Futurismo primitivo (2012), del autor catalán Sixe Paredes en unas escaleras al comienzo de la calle Bilbao la Vieja (número 29) aparece a la vista. Un poco más arriba, algo escondidos entre el dédalo de calles cortas y cuestas largas aparecen dos fachadas pintadas: una con motivos geométricos de colores vivos que se fusionan con las ventanas donde los vecinos cuelgan la ropa (Obra de Anna Taratiel OVNI en la Plaza de los Tres Pilares); y otro gran mural de unos coches ya cerca de la Calle Olano.

¿Es usted de los paseantes en corto de una ciudad que aún sorprende....? ¡Atrévase! Siguiendo por la calle de las Cortes uno puede detenerse en la pared donde está Adolescente y Águilas vs Drones, de Andoni Euba. En dos zancadas llega uno a la esquina con la calle Laguna donde dos grafitis lucen en las esquinas opuestas. Los ojos inocentes de la obra Niño Jama Masjid de los colombianos Stinkfish y Juan Malk, miran la representación de una mujer con un corazón en la mano, de la artista Ruth Juan (creadora de Junita Makina), que reza "Al que esté triste, ilumínale".

Sigan, sigan. No se detengan. Bilbao continúa enseñándole algunos de sus secretos, esparcidos por un sinfín de latitudes. Tengan cuidado y no se despisten Miren, miren al cielo. Allí en los soportales frente al Mercado de La Ribera. A veces pasa desapercibido. Les hablo de La leyenda de Kixmi, de Roberto Zabildea, que reproduce la historia oral sobre cómo la mitología precristiana en la zona rural del País Vasco denominaba despectivamente (Kixmi equivaldría a "monito") a la figura de Jesús. Es una historia digna de conocer.

Allá en el arranque de las Calzadas de Mallona, se ubica la antigua estación de las Calzadas. Hoy es la sede del Museo de Arqueología de Bizkaia. En la trasera del mismo un visitante avispado puede darse de bruces con una de las más rutilantes joyas de este tesoro. Se titula El mural del tren que parte de Eva Mena y escenifica cómo eran los andenes que estaban situados justo en este lugar, y ese realismo, entre mágico y nostálgico, del mural es una de las expresiones de Street Art más carismáticas de Bilbao.

¿No lo conocían? Casi milagrosamente, dicho sea por sus dimensiones, también hay mucha gente que desconoce el proyecto del muro Ekhum, allá en los bajos del puente de La Salve. Representa a dos mujeres de diferente edad que charlan. Es obra de Verónica y Christina Werckmeister (pintado en 2012), y lleva por título Giltza bat. Se pintó en 2013 y está inspirado en la libertad, la tolerancia, la convivencia y los derechos humanos. Impulsada por el Ayuntamiento y por Bakeola, es toda una hermosura.

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